Nueva interrogante respecto a las vacunas: ¿Quién debe recibir qué vacuna?

Benjamin Mueller and Rebecca Robbins
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Trabajadoras sanitarias reciben la vacuna de Pfizer contra el COVID-19 en el Hospital Clínico de Barcelona, España, el 3 de febrero de 2021. (Samuel Aranda/The New York Times)
Trabajadoras sanitarias reciben la vacuna de Pfizer contra el COVID-19 en el Hospital Clínico de Barcelona, España, el 3 de febrero de 2021. (Samuel Aranda/The New York Times)
Preparación de una dosis de vacuna en un hospital de Piacenza, Italia, el 27 de diciembre de 2020. (Alessandro Grassani/The New York Times)
Preparación de una dosis de vacuna en un hospital de Piacenza, Italia, el 27 de diciembre de 2020. (Alessandro Grassani/The New York Times)

LONDRES — Primero llegaron las buenas noticias. La Unión Europea autorizó una tercera vacuna.

Después, las malas noticias. Los reguladores de un país tras otro sugirieron restringirla a los más jóvenes hasta que se realizaran más pruebas.

Las decisiones marcaron el inicio de una fase nueva y delicada de las campañas de vacunación, en la que un menú creciente de vacunas contra el coronavirus estuvo acompañado de polémicos debates sobre quién debe recibir qué vacunas.

Esos debates son un testimonio de la buena suerte que tiene el mundo al disponer de varias vacunas potentes cuando solo ha transcurrido un año de la pandemia, pero cada vacuna tiene su propia idiosincrasia, incluidas las lagunas en la información de los ensayos clínicos. Eso ha provocado que los países que ya tienen dificultades para aplicar las vacunas tengan que tomar decisiones tormentosas, obligando a los funcionarios de salud a sopesar su recelo respecto a ciertas vacunas con la necesidad de inocular a la gente antes de que las variantes peligrosas prosperen.

Después de que la Unión Europea autorizó la semana pasada la vacuna de AstraZeneca-Oxford, lo que sumó una tercera opción al arsenal del bloque, Alemania, Italia, Francia, Bélgica, Lituania, Polonia, Austria y Suecia señalaron que, con base en la escasez de datos sobre la eficacia de la vacuna en las personas mayores, restringirían su uso a la población más joven o estaban considerando hacerlo.

De acuerdo con estos planes, se programaría que las personas mayores recibieran las vacunas de Pfizer-BioNTech o Moderna, lo que podría provocar que se quedaran sin vacunar durante un tiempo, incluso mientras los jóvenes son inoculados con la vacuna de AstraZeneca.

No obstante, los investigadores aseguraron que estas estrategias, por muy intrincadas que sean, al menos pondrán una nueva vacuna a disposición de los más jóvenes, un escenario mucho más preferible a que nadie reciba la inyección de AstraZeneca.

Ahora, algunos científicos instan a Estados Unidos a adoptar el mismo rumbo, ya que el país sigue sin tener una alternativa a las vacunas de Pfizer y Moderna, que son difíciles de almacenar. Sus reguladores se niegan a autorizar la vacuna de AstraZeneca hasta que otro ensayo clínico proporcione más datos, por ejemplo, cómo funciona en personas mayores.

Los investigadores comentaron que, a falta de esos datos, era urgente destinar la vacuna a aquellos en los que se sabe que es eficaz, sobre todo ahora que el virus está transformándose rápidamente en mutaciones nuevas y peligrosas.

“Se trata de una solución pragmática para una situación desesperada”, afirmó Peter Hotez, científico especializado en vacunas de la Escuela Nacional de Medicina Tropical de la Facultad de Medicina Baylor de Texas. “Todo ha cambiado. Todo el plan de Biden era bastante lógico hasta hace unas tres o cuatro semanas, cuando nos dimos cuenta del ritmo de aparición de las variantes y, por tanto, tenemos que ajustarnos”.

Hubo confusión en Italia después de que los organismos reguladores de ese país aseguraron que la vacuna de AstraZeneca debería utilizarse, con algunas excepciones, “de preferencia” en adultos menores de 55 años. Señalaron que las inyecciones de Pfizer y Moderna, ambas vacunas de ARNm que han demostrado una eficacia de aproximadamente el 95 por ciento en la prevención del COVID-19, deben aplicarse a la población más vulnerable.

En los ensayos clínicos, la vacuna de AstraZeneca tuvo una eficacia del 62 por ciento con dos dosis completas, pero protegió a todos los participantes contra una enfermedad grave o la muerte.

En Italia, rápidamente empezaron a correr rumores sobre quién recibiría qué vacuna. Los informes de noticias sugerían que la vacuna de AstraZeneca se reservaría para los trabajadores esenciales más jóvenes, como soldados, profesores y conserjes.

No obstante, los italianos notaron una laguna en el plan: algunos cientos de miles de trabajadores públicos son demasiado mayores para recibir la vacuna de AstraZeneca, pero demasiado jóvenes para recibir la vacuna de ARNm.

Salvatrice Alario , de 65 años, profesora de historia italiana e historia del arte en Catania (Sicilia), es una de las personas que teme estar atrapada en el medio, con pocas probabilidades de ser vacunada pronto.

“Si pudiera elegir, me gustaría vacunarme con la más segura, pero sobre todo me gustaría vacunarme lo antes posible”, comentó Alario. “Tengo miedo, como todo el mundo”.

Los límites de edad también han modificado los planes de vacunación en Alemania, donde un comité de inmunización autorizó la vacuna de AstraZeneca solo para los adultos menores de 65 años. Dada la escasez de suministros en Alemania, es probable que esas vacunas se reserven para los trabajadores sanitarios más jóvenes y los auxiliares de los asilos de ancianos.

Aun así, algunas personas se resistieron a recibir la vacuna de AstraZeneca, en lugar de la de Pfizer, una señal de que la gente quizá sea más selectiva a medida que se autorizan más vacunas.

Scientists have largely advised people to accept the first vaccine they are offered, given the widespread protections against severe disease and the societal need to tamp down the emergence of new variants.

But for governments, questions of how to target vaccines to different groups “are never easy decisions,” said Dr. William Los investigadores han aconsejado en gran medida que la gente acepte la primera vacuna que se les ofrezca, dado que todas protegen contra una enfermedad grave y la necesidad social de frenar la aparición de nuevas variantes.

No obstante, para los gobiernos, las dudas acerca de cómo destinar las vacunas a los diferentes grupos “nunca son decisiones sencillas”, afirmó William Schaffner, experto en enfermedades infecciosas de la Universidad de Vanderbilt en Tennessee. Las autoridades estadounidenses no han dado ninguna indicación de que estén considerando un plan de este tipo.

Hasta ahora, los países han adaptado en gran medida la oferta de vacunas en función del lugar en el que pueden almacenarse y transportarse. Las vacunas de ARNm deben conservarse a temperaturas muy bajas, lo que dificulta que lleguen a las personas mayores de las zonas rurales.

La vacuna de AstraZeneca, que puede almacenarse en refrigeradores normales, sería un gran beneficio para los residentes de mayor edad y aquellos ubicados en localidades de difícil acceso, pero limitar su uso a los más jóvenes anularía esas ventajas.

A pesar de la vergonzosa escasez de la vacuna de AstraZeneca en Europa, lo cual creó un distanciamiento con la empresa, los países siguen contando con ella, sobre todo porque los envíos de Pfizer también han sido menores de lo esperado.

“¿Qué pasaría si uno de estos países se encuentra en una situación en la que se están agotando las vacunas de ARNm; no les van a dar a las personas de edad avanzada ninguna vacuna?”, preguntó Ofer Levy , director del Programa de Vacunas de Precisión del Hospital Infantil de Boston, un proyecto para adaptar las vacunas a la población vulnerable.

Los investigadores de AstraZeneca y Oxford han dicho que su información apunta a niveles similares de protección en personas mayores y jóvenes. Esta duda podría disiparse de manera definitiva dentro de unas semanas, cuando AstraZeneca comunique los resultados de un ensayo clínico en fase avanzada en Estados Unidos en el que participaron muchos adultos mayores. Esos hallazgos podrían abrir la puerta a la autorización en Estados Unidos y a cambios en la aplicación de la vacuna en Europa.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company