El Inter Miami morirá si no le dotamos de sentimiento | Opinión

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Escribo esta columna con los audífonos puestos, intentando aislarme de los gritos del equipo de redacción del diario digital republica.gt en Guatemala.

Las salas de redacción son lugares vibrantes y ruidosos que alcanzan sus momentos más gloriosos cuando se produce una noticia de alcance que provoca un cambio en los planes del día.

Pero en este caso, no se trata de ninguna Breaking news, la excitación es causada por 11 deportistas vestidos de blanco que en otro país, otro continente, a más de 5.000 millas de distancia está realizando una gesta futbolística.

Aunque me duela -soy fanático del Barcelona-, el Real Madrid acaba de conseguir una histórica victoria en su estadio ante el Manchester City que le conduce a la gloria de jugar su enésima final de la Champions League ante el Liverpool. Y a pesar de la distancia y la diferencia de nacionalidad, este centenario club español ha conseguido contagiar el sentimiento a un grupo de jóvenes guatemaltecos que en muchos casos ni siquiera han pisado Madrid o el Santiago Bernabéu.

Me parece acertado sacar a relucir esta experiencia de contaminación acústica pocos días después de que el Inter Miami CF recibiera la aprobación de la Comisión de la Ciudad de Miami para la construcción de un complejo deportivo. Se llamará Miami Freedom Park, incluirá un nuevo estadio y estará ubicado en la zona donde actualmente se encuentra el campo de golf Melreese Country Club.

Llevamos años escuchando sobre este ambicioso proyecto del equipo de la MLS, del que David Beckham es la cara más visible. Nada más conocerse la noticia, el Inter Miami celebraba en sus redes sociales: “Hoy es un día histórico para Inter Miami CF, la Comisión de la Ciudad de Miami aprobó una votación para hacer realidad Miami Freedom Park.

¡Es oficial! Miami Freedom Park llega a la ciudad de Miami”.

La pregunta para los que venimos de países con tradición futbolística es cómo se puede crear un proyecto de equipo para enamorar a una comunidad basado solamente en el negocio, el desarrollo inmobiliario, los centros comerciales, restaurantes, tiendas… Y lo digo porque finalmente el club de Beckham -como todos a nivel mundial- busca finalmente la rentabilidad, pero para llegar a vender millones de camisetas o llenar un restaurante porque hay fotografías de jugadores, antes el equipo debe lograr el éxito y transmitir un fuerte sentimiento a la afición.

Ganarse a los niños

Nadie parece acordarse de esto. Ni en el Inter Miami ni entre los políticos que le dieron su apoyo al faraónico proyecto. Esta noche ningún aficionado miamense se acostará soñando ser el delantero centro del Inter, el equipo de su ciudad, pero viendo el paisaje de camisetas en los parques seguros que muchos sí lo harán evocando al Real Madrid, Boca Juniors o Manchester United por citar tres ejemplos. Enamorar a esos niños es una parte fundamental del éxito de la inversión.

Si hay una ciudad en EEUU en la que un equipo de fútbol puede tener éxito, esa sin duda es Miami. Su variada composición social de tantos países latinoamericanos es un buen caldo de cultivo para empezar a soñar. El objetivo debería ser porque un niño del Miami de hoy pueda ser un Messi, un Maradona o un Pelé dentro de unos años.

Por otro lado, el Inter no podrá hacerlo solo. Necesita el apoyo y estar en la misma página que los otros equipos de la MLS. Hoy por hoy, la MLS no es un campeonato que se pueda comparar con las grandes ligas europeas y sudamericanas. Es más un cementerio de elefantes donde se barajan nombres de estrellas de más de 33 años ya amortizadas por clubes de otros países.

Gloria deportiva

¿Qué pasará con el megacomplejo que se va a construir si el Inter de Miami no alcanza la gloria deportiva? ¿Qué pasará si no consigue penetrar el corazón de la comunidad? El fútbol no es una ciencia exacta y nadie tiene una bola de cristal para ver el futuro, pero cuando se trata de dar dinero, terrenos o facilitar la construcción de un estadio deportivo, nadie parece acordarse del complejo proceso de crear un sentimiento, forjar un equipo comprometido y competitivo y por último conseguir muchas victorias.

Decía Pelé, posiblemente el mejor jugador de la historia, cuando se estrenó en 2016 un documental sobre su vida que “la gente no sabe que yo limpiaba zapatos de niño para ayudar a mi papá, que él tuvo una fractura que le obligó a dejar de jugar al fútbol, que se quedó sin trabajo y que él fue mi maestro”. El brasileño lamentaba que otros documentales sobre su vida solo se centraban en sus éxitos y victorias, que no se fijaban en el “Pelé, ser humano”.

Cuando era niño, mi padre me llevaba al estadio del Atlético de Madrid a ver a su equipo. Allí pude contemplar estrellas de la época como el argentino Ratón Ayala o los brasileños Pereira y Leivinha.

Hoy el Vicente Calderón ya no existe y aquellas estrellas de los setenta son venerables ancianos, pero la magia de la historia mantiene la leyenda de ese equipo. Dotemos de corazón y sentimiento al Inter Miami entre todos en el sur de la Florida: club, instituciones políticas y medios de comunicación. Tenemos mucho que ganar si lo logramos y mucho que perder si fracasamos.

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