Intentemos comprender las noticias climáticas de la semana

Un grupo de mujeres recogen lo que queda de su campo de algodón en un terreno pantanoso que les llega hasta la cintura en la provincia de Sind, la región que sufrió la mayor cantidad de daños por las inundaciones en Pakistán, el 15 de septiembre de 2022. (Kiana Hayeri/The New York Times).
Un grupo de mujeres recogen lo que queda de su campo de algodón en un terreno pantanoso que les llega hasta la cintura en la provincia de Sind, la región que sufrió la mayor cantidad de daños por las inundaciones en Pakistán, el 15 de septiembre de 2022. (Kiana Hayeri/The New York Times).

No se te criticaría si quedaras en un absoluto grado de confusión tras leer los titulares sobre el cambio climático de esta semana. Algunos informes aseguran que los países se están quedando muy cortos en sus promesas, lo que traerá consecuencias graves casi con toda certeza, pero también pareciera haber algunas señales de optimismo. A continuación, un vistazo rápido a la situación.

¿Están tan mal las cosas realmente?

Comencemos con la palabra “optimista”, una palabra que no suele verse muy a menudo en un artículo sobre el cambio climático. Un boletín de The New York Times exploró el significado de “optimismo” en el contexto de las tendencias climáticas, y en qué parte del mundo se han logrado avances.

El boletín citó el trabajo del columnista David Wallace-Wells, quien hace cinco años exploró una hipótesis poco favorable del cambio climático, en la que el planeta se calentaría hasta 5 grados Celsius para el año 2100. Eso sería catastrófico, pues provocaría un clima extremo, daños ambientales, colapso económico, hambruna y guerra, y golpearía con especial dureza a los países en desarrollo.

Sin embargo, Wallace-Wells considera mucho menos probable ese nivel de calamidad en la actualidad, y sugiere que los seres humanos han realizado avances en uno de los desafíos más serios que jamás hayan enfrentado. “Me he vuelto más optimista de lo que solía ser”, afirmó Wallace-Wells. “El desenlace luce más tranquilo y estable que hace unos cuantos años”.

Una cuestión de pocos grados

Wallace-Wells escribió un ensayo publicado en línea el miércoles en la edición sobre el clima de The New York Times Magazine. Su ensayo es un tratamiento general sobre una nueva realidad climática que está tomando forma: una que no llega a ser una ruina absoluta.

Cadáveres de ganado cerca de Parelhas, en la árida región de Seridó, en el noreste de Brasil, el 31 de octubre de 2021. (Victor Moriyama/The New York Times).
Cadáveres de ganado cerca de Parelhas, en la árida región de Seridó, en el noreste de Brasil, el 31 de octubre de 2021. (Victor Moriyama/The New York Times).

Wallace-Wells comienza utilizando la palabra “apocalíptico” para describir las proyecciones del futuro de hace años en las que “seguir como si nada” generaría 4 o incluso 5 grados Celsius de calentamiento, lo que implicaría crisis alimentarias, estrés por el calor, conflictos y penurias económicas. Sin embargo, el autor señala que los científicos creen que el calentamiento de este siglo muy probablemente estará entre 2 o 3 grados Celsius.

“Esos números podrían sonar abstractos, pero lo que sugieren es lo siguiente: gracias a las sorprendentes caídas en los precios de las energías renovables, una movilización política verdaderamente global, una imagen más clara del futuro energético y un enfoque legislativo serio por parte de los líderes mundiales, hemos reducido el calentamiento previsto a casi la mitad en solo cinco años”, escribió Wallace-Wells.

Sin embargo, también advirtió sobre recurrir a lo que llamó las narrativas prácticas del apocalipsis y la normalidad.

Los países no están cumpliendo sus compromisos

El rango de 2 a 3 grados de calentamiento fue confirmado esta semana por las Naciones Unidas, en un informe cubierto por el Times. Aunque ese escenario es una mejora con respecto a las proyecciones anteriores, todavía significa una grave disrupción. Con cada fracción de un grado de calentamiento, decenas de millones de personas más en todo el mundo estarían expuestas a olas de calor potencialmente mortales, escasez de alimentos y agua, e inundaciones.

El informe afirma que los países no están cumpliendo los compromisos asumidos para combatir el cambio climático: solo 26 de los 193 países que acordaron el año pasado intensificar sus acciones lo han cumplido. Uno de los problemas parece ser la acción unificada. El lunes, la Unión Europea declaró que solo podría aumentar sus promesas de reducción de emisiones cuando sus miembros acordaran las próximas leyes climáticas.

Pero una crisis energética, la inflación global y la agitación política en países como el Reino Unido y Brasil han distraído a los líderes y complicado los esfuerzos cooperativos para combatir el cambio climático. La guerra en Europa también ha sido un factor.

La guerra y la crisis energética

Mientras tanto, esta semana la Agencia Internacional de la Energía (AIE) analizó la invasión rusa a Ucrania y su impacto en el calentamiento global y propuso un posible avance positivo: es probable que la crisis energética provocada por la guerra acelere la transición de los combustibles fósiles hacia tecnologías más limpias.

Ese cambio, sin embargo, no está ocurriendo con la suficiente rapidez como para evitar niveles peligrosos de calentamiento global, declaró la agencia.

Algunos países han estado quemando más combustibles fósiles, como el carbón, en respuesta a la escasez de gas natural provocada por la guerra en Ucrania. El carbón es el combustible fósil más contaminante, y eso significa que se espera que las emisiones globales de dióxido de carbono se incrementen aproximadamente un uno por ciento y se acerquen a máximos récord.

Pero según la AIE, el costo cada vez mayor de los combustibles fósiles ha impulsado a muchos países a invertir fuertemente en alternativas limpias y renovables.

El aumento en las emisiones habría sido tres veces mayor de no haber sido por el rápido despliegue de turbinas eólicas, paneles solares y vehículos eléctricos en todo el mundo, afirmó la agencia en su informe World Energy Outlook, el cual pronostica las tendencias energéticas mundiales.

“Es notable que muchos de estos nuevos objetivos de energía limpia no estén siendo implementados únicamente por razones relacionadas con el cambio climático”, afirmó Fatih Birol, director ejecutivo de la agencia, en una entrevista. “Cada vez más, los grandes impulsores son la seguridad energética y las políticas industriales: muchos países quieren estar a la vanguardia de las industrias energéticas del futuro”.

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