Se resuelve un misterio de la biología: un insecto palo y 'una' insecto hoja; juntos hacen historia

Sabrina Imbler
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Un macho Phyllium asekiense. (Mario Bonneau vía The New York Times)
Un macho Phyllium asekiense. (Mario Bonneau vía The New York Times)

En la primavera de 2018, en el insectario de Montreal, Stéphane Le Tirant recibió una tanda de trece huevecillos que esperaba que, al eclosionar, dieran vida a insectos hoja. Los huevecillos no eran óvalos sino prismas, como farolillos de papel marrón un poco más grandes que las semillas de chía.

Fueron puestos por una hembra Phyllium asekiense capturada en la naturaleza, un insecto hoja de Papúa Nueva Guinea que pertenece a un grupo llamado frondosum, que solo se conocía a partir de ejemplares hembra. El Phyllium asekiense es un asombroso insecto hoja que existe en colores verdes de verano y castaños de otoño. Como dice Royce Cumming, un estudiante de posgrado de la Universidad de la Ciudad de Nueva York: “Es como una hoja muerta, una hoja viva, una hoja semiseca”.

Le Tirant, director de las colecciones del insectario desde 1989, se especializa en escarabajos; él calcula que en su casa tiene 25.000 escarabajos en una colección privada. Pero siempre ha sentido una pasión por los insectos hoja y ha criado dos especies con éxito, una pequeña de Filipinas y una más grande de Malasia. Un Phyllium asekiense —raro, hermoso y, lo más importante, vivo— sería un tesoro para cualquier insectario.

En el laboratorio de cría de insectos, Mario Bonneau y otros técnicos anidaron los trece huevecillos en una malla sobre una cama de fibras de coco y con frecuencia les rociaban agua. Durante el otoño y en el transcurso de varios meses, eclosionaron cinco huevos, de los que salieron ninfas negras, largas y delgadas. Los técnicos trataron a las ninfas bebés con extremo cuidado, y las pasaban de un árbol a otro sin tocarlas, solo tocaban las hojas a las que se afianzaban.

Stephane Le Tirant, del insectario de Montreal. (Jean-Francois Hamelin vía The New York Times)
Stephane Le Tirant, del insectario de Montreal. (Jean-Francois Hamelin vía The New York Times)

“A los demás insectos sí los tomamos”, señaló Le Tirant. “Pero estos pequeños insectos hoja eran muy preciados, como las joyas de nuestro laboratorio”.

Los técnicos les ofrecían a las ninfas un bufé de fragantes guayabas, moras y hojas de salal. Dos ninfas no quisieron comer y pronto murieron. Las otras tres mascaron las moras, mudaron de piel, mascaron, mudaron y mudaron todavía más. Una ninfa se volvió verde y ancha, justo como su madre.

Pero para el desconcierto de Le Tirant, las otras dos se volvieron delgadas y en forma de palo, e incluso les salieron un par de alas. Tenían un curioso parecido a los insectos hoja Nanophyllium, un género totalmente distinto cuyas seis especies habían sido descritas solo a partir de ejemplares macho.

Le Tirant mandó por correo electrónico una fotografía a Cumming, quien confirmó lo que ahora se había vuelto evidente: las dos especies en realidad eran una sola. Las crías habían resuelto un misterio de un siglo de antigüedad con respecto a la hembra Nanophyllium perdida.

“Desde 1906, solo hemos encontrado ejemplares machos”, señaló Cumming. “Y ahora tenemos nuestra prueba fehaciente final”.

En fechas recientes, Cumming y Le Tirant fusionaron a las parejas perdidas desde hace mucho tiempo —hembras latifoliadas y machos más delgados— en una sola especie, el Nanophyllium asekiense, en un artículo de la revista ZooKeys.

En realidad, es muy común que los insectos hoja —que son una familia que pertenece al orden más amplio de los insectos palo— se conozcan a partir de un solo sexo. Muchos insectos palo presentan un dimorfismo sexual extremo, donde las hembras no se distinguen de sus compañeros machos.

En 2018, Paul Brock, colaborador científico del Museo de Historia Natural de Londres que editó un borrador del nuevo artículo, resolvió un misterio similar en los insectos palo. A partir de un ejemplar hallado en un auto en Cornualles, Inglaterra, Brock y sus colegas describieron el primer Acanthoxyla macho, un género de insectos palo de Nueva Zelanda que se pensaba que estaba conformado exclusivamente por hembras.

“Los insectos hoja son un desafío especial debido a que no suelen encontrarse en la naturaleza”, afirmó Brock.

Casi es imposible ver insectos hoja en su hábitat, y los científicos no pueden estudiar lo que no pueden ver. Cumming, uno de los pocos expertos en insectos hoja del mundo, nunca ha visto un insecto hoja en la naturaleza, solo ejemplares en cautiverio o en museos. Brock ha visto insectos palo en la naturaleza, pero nunca insectos hoja.

Entonces, ¿cómo reunir a los insectos hoja con sus parejas? Con la imposibilidad de hacer observaciones de campo, los entomólogos recurrieron al planteamiento de hipótesis. Hace dos décadas, Brock fue el primero en sugerir que la pareja hembra Nanophyllium podría encontrarse en el grupo frondosum. Estaba estudiando a un par de insectos hoja, macho y hembra, de Papúa Nueva Guinea cuyas patas irregulares parecían curiosamente similares.

“Ahora, esta sería una tarea sencilla con el desarrollo de códigos de barras de ADN”, señaló Brock. Pero no tenía suficiente evidencia: a la hembra le faltaban las patas delanteras y solo se había descrito de manera formal una especie de Nanophyllium.

En 2017, Cumming decidió ver si podía probar la hipótesis de Brock. Él y Le Tirant pasaron varios años estudiando a fondo ejemplares de museos, lo cual ha dado como resultado 21 especies recién descritas de insectos hoja. Cumming, Le Tirant y sus colegas dedicaron dos años a escribir un artículo que describe la morfología compartida de las hembras frondosum y los machos Nanophyllium. Las similitudes eran pequeñas, pero indiscutibles: dos nódulos en la parte trasera de la cabeza y patas lobuladas en forma de hoja.

El artículo ya había pasado por la revisión de expertos cuando las ninfas de Le Tirant crecieron y sin querer proporcionaron pruebas irrefutables. “Tuvimos que volver a escribir todo”, comentó Cumming. Brock está feliz de que por fin el misterio se haya resuelto.

En el insectario de Montreal, los dos machos Nanophyllium volaron noche y día durante cuatro meses y murieron antes de que su hermana hembra madurara. Ella vivió nueve meses y puso 245 huevecillos en los colores pastel de los huevos de Pascua: azules, amarillos y beiges. “¿Huevecillos de una sola hembra de tantos colores?”, comentó Le Tirant. “Es algo muy especial, algo que nunca antes había visto en un insecto hoja”.

Muy pocos de sus huevecillos han eclosionado y ninguna ninfa ha sobrevivido. Pero Le Tirant ha guardado todos sus huevecillos, eclosionados y no eclosionados, en alfileres y frascos.

Pese a que la pandemia ha impedido que Cumming y Le Tirant se reúnan en persona, se han convertido en verdaderos amigos y pronto terminarán un proyecto más ambicioso que analiza la historia evolutiva de los insectos hoja.

Le Tirant sigue maravillándose con su suerte: por los huevecillos que eclosionaron y por haber conocido a Cumming unos cuantos años antes de que se hubiera retirado, lo cual le dio la oportunidad de estudiar a esos cautivadores insectos casi al final de una larga trayectoria dedicada a los escarabajos. “Podrías estudiar rocas toda tu vida, o podrías estudiar diamantes”, mencionó. “Este es un insecto fabuloso”.

This article originally appeared in The New York Times.

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