Inmigrantes sufren la prohibición de viajar en Australia

RON MCGUIRK
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Astrid Magenau fotografiada en su casa de Sydney el 19 de octubre del 2020. Magenau no pudo cumplir la promesa de sostener la mano de su padre cuando agonizaba en Alemania porque Australia, su país adoptivo, tiene severas restricciones a los viajes con motivo del coronavirus. (AP Photo/Rick Rycroft)

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Astrid Magenau fotografiada en su casa de Sydney el 19 de octubre del 2020. Magenau no pudo cumplir la promesa de sostener la mano de su padre cuando agonizaba en Alemania porque Australia, su país adoptivo, tiene severas restricciones a los viajes con motivo del coronavirus. (AP Photo/Rick Rycroft)

CANBERRA, Australia (AP) — Astrid Magenau no pudo cumplir la promesa de sostener la mano de su padre en su lecho de muerte en Alemania por las estrictas restricciones a los viajes vigentes en Australia por la pandemia del coronavirus, que hacen que se sienta prisionera en su país adoptivo.

Australia trató de impedir la llegada del COVID-19 a sus costas prohibiendo la salida de sus residentes del país. Esa prohibición representa una desgarradora carga en una nación multicultural como Australia, donde aproximadamente la mitad de la población nació en el exterior o es hija de inmigrantes.

“Siempre quise venir a Australia porque parecía un país libre”, dijo Magenau, una alemana que se nacionalizó australiana este año. “Esto lo cambia todo. Me siento atrapada. No puedo viajar adonde quiero”.

El primer ministro Scott Morrison dice que la prohibición de viajar es un ejemplo al mundo de cómo evitar brotes severos del coronavirus causados por personas que se contagiaron al irse de vacaciones al exterior.

Australia, no obstante, es el único de los 37 miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico que prohibió a sus ciudadanos salir del país durante la pandemia.

Si bien Australia es hoy uno de los países que mejores resultados han conseguido en la lucha contra el virus, hay quienes se preguntan hasta cuándo se puede mantener la prohibición de viajar.

Un país de 26 millones de habitantes tenía hasta el miércoles solo 27.541 contagios y 907 muertes. El 74% de los contagios y el 90% de los decesos se produjeron en el estado de Victoria, sobre todo en la ciudad de Melbourne. La municipalidad de Melbourne dejó sin efecto la orden de confinamiento el miércoles, confiada en que tiene el virus bajo control.

El legislador oficialista Dave Sharma sostiene que la prohibición de viajar “es una restricción bastante extraordinaria a la liberad de la gente” que no puede prolongarse “mucho tiempo”.

Por más de que se admitan ciertas excepciones, los detractores de la medida dicen que el proceso no es transparente ni consistente, y que es demasiado lento.

Magenau, una científica que investiga el cáncer, de 42 años, que vive en Sydney, fue autorizada a viajar con su hijo de cinco años Hendrix a Stuttgart con motivo de una emergencia médica de su padre. Pero el trámite se demoró una semana y la aprobación final llegó demasiado tarde. Viajó a Alemania después de que su padre, Horst Magenau, de 76 años, ya había sido cremado, tras fallecer por un cáncer de piel.

“Había empeorado, pero pensamos que estaba estable”, comentó la mujer. “Sobrevivió cinco o seis días y pensé que llegaría a tiempo, pero no pudo ser”.

Tampoco se pudo aplazar el funeral hasta su llegada.

“No pude despedirme de su cuerpo”, dijo Magenau. “Tal vez suene estúpido, pero es lo que yo quería”.

Agregó que la experiencia había sido “traumática e innecesaria”.

La gente tiene derecho a pedir exenciones “por razones humanitarias... convincentes”.

“Hemos tenido clientes que querían despedirse de su padre, que tiene una enfermedad terminal y al que le dan poco tiempo de vida, pero les rechazaron el permiso para viajar de inmediato”, expresó el abogado de Sydney Adam Brynes. Para el servicio de inmigración, “eso no es una razón convincente”, agregó.

Donna Burton ya estaba en el aeropuerto de Sydney cuando el servicio de inmigración le informó que no se la había autorizado a viajar a Londres para la boda de su única hija en julio. Había hecho una segunda solicitud después de que la primera fuese rechazada por falta de pruebas y pensó que todo estaba resuelto.

Burton dice que comprende lo que hacen las autoridades australianas, pero que sería más fácil de aceptar si comunicasen sus decisiones más rápidamente.

“Sí, sería mucho más fácil si te informasen antes de ir al aeropuerto con un montón de regalos”, expresó.

No está claro cuántas personas pidieron permisos para viajar y cuántos fueron concedidos.

El servicio de inmigración dijo que más de 55.200 ciudadanos y residentes permanentes habían sido autorizados a salir del país desde que entró en vigor la prohibición de viajar, del 25 de marzo hasta fines de septiembre. Más de 20.000 solicitudes fueron rechazadas.

Esta estadística no incluye los pedidos que fueron desestimados por falta de información o fueron retirados porque había demasiados requisitos.

Australia tiene algunos de los controles fronterizos más rígidos del mundo, medidas que en muchos otros países tal vez serían inaceptables.

“Tenemos controles más fuertes que en ninguna otra parte”, dijo la profesora de derecho de la Universidad Griffith Susan Harris Rimmer. “Pensamos que es algo normal, pero no lo es”.

Magenau se mostró sorprendida de que los australianos acepten restricciones a los viajes tan estrictas.

“En Alemania la gente tiene derecho a tomar sus propias decisiones, usando el sentido común. Son tratados como adultos”, manifestó. “En Australia es como si te privasen del derecho a tomar decisiones”.