Infraestructura tecnológica: cómo conectar a un país extenso y desigual

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Eventos LA NACION; Revolución digital
Fabián Malavolta

La Argentina es el octavo país más extenso del mundo. Y aunque destaca con sus paisajes variados de selva, estepa y montaña, también eso lo hace más difícil de conectarlo digitalmente. Con desigualdad económica y usuarios repartidos por todo el territorio, la colaboración entre las compañías se vuelve la clave para que la industria de las telecomunicaciones siga creciendo y llegue hasta los pueblos más remotos.

Durante la tercera edición del evento La Revolución de la Economía Digital, organizado por LA NACION y transmitido a través de LN+ y las redes sociales del diario, el analista de la industria de telecomunicaciones Enrique Carrier analizó cuáles son los desafíos que le quedan a la Argentina en términos de conexiones y cuál es el futuro que se viene.

“Cuando ves indicadores como la velocidad promedio de las conexiones -más de 40 megas- o la penetración de los celulares -llega al 100% de la población- son datos buenos. Pero, cuando se analiza el detalle, te das cuenta de que la infraestructura es dispar. Esto tiene que ver tanto por temas geográficos como socioeconómicos”, señaló.

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En términos geográficos, el país tiene una característica que no sucede en todos lados. Al tener una vasta extensión, conectar Ushuaia con La Quiaca se vuelve una tarea costosa. Sobre todo si se tiene en cuenta que el país está arriba del puesto 200 en cuanto a densidad poblacional, es decir, que los usuarios se encuentran dispersos en el territorio. Esto se combina con desafíos socioeconómicos. “Tenemos 40% de pobreza y un 20% de la población está desocupada o subocupada. Esto dificulta poder mejorar esta conectividad”, agregó.

“Son las asimetrías que tiene el país. En Capital Federal tienes acceso a 100, 200, 300 megas. En el interior, te encontrás con una conexión de un mega o dos. Este es el marco que tenemos que tener presente cuando uno piensa en términos de política”, remarcó.

Para Carrier, la industria enfrenta desafíos tanto locales como generales. A nivel global, la industria de las telecomunicaciones alcanzó una penetración del mercado “bastante alta” o, incluso, llegó al máximo que podía alcanzar, como sucede con los celulares. Antes la ecuación era invertir y crecer a la par del mercado. “Ahora el ritmo de inversión se tiene que mantener. Pero, ¿cómo se hace si nuestro mercado no crece como antes y el precio tiende a la baja?”, se preguntó.

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“En este caso, empezamos a ver la colaboración entre empresas. Había competencia en términos de infraestructura, pero hoy es antieconómico. La tendencia es la llamada ‘Compartición de infraestructura’, es decir, dos o más operadores se ponen de acuerdo para tender fibra y poner postes. Esta inversión se divide entre todos los que la usan, cuesta menos y compartís directamente en servicios”, completó.

Puntualmente en la Argentina, para las empresas es más caro llegar a los lugares que todavía restan por conectar. Esto sucede ya sea por tratarse de áreas alejadas o porque la población tiene “un nivel socioeconómico más bajo y no pueden pagar los precios que se pagan normalmente”. En este punto, el interrogante que se abre es cómo se termina de desarrollar la infraestructura para que llegue a toda la población, tanto a nivel geográfico como socioeconómico.

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Fabián Malavolta


María Julieta Rumi, periodista de LA NACION, en diálogo con Enrique Carrier, analista de la industria de telecomunicaciones (Fabián Malavolta/)

¿La respuesta? Vuelve a ser la compartición de infraestructura. “Es fundamental llevarlo a las localidades más chicas, porque ahí es donde se hace más difícil que vaya un único operador y haga la inversión necesaria. Esto es algo que se da en la industria en general, tenés una mayor cooperación en toda la inversión más fuerte, que es el despliegue, dejando la competencia por los servicios”, añadió el analista.

Sobre el rol del Estado, el experto consideró que el Ejecutivo tiene que entender qué cosas puede hacer y cuáles no. En el país hay un Fondo de Servicio Universal, que se nutre del 1% de la facturación de todas las compañías. “Pero también es ilógico pensar que con ese 1% podés suplir lo que el 99% no hizo. Hay que tener un baño de realidad y decir ‘Esto sirve, es un paliativo, pero no es una política’”, subrayó, en diálogo con la periodista de LA NACION María Julieta Rumi.

“El Estado tiene que quitar trabas, de distinto tipo. Saben las dificultades que implica tirar un cable de fibra óptica, poner una antena, cuando te encontrás con regulaciones municipales que, no solo demoran el proceso, sino que esa espera genera costos adicionales. Obviamente también hay un tema impositivo importante. Cualquier producto de telecomunicaciones tiene entre un 27% y 35% de impuestos directos, que son parte del costo. Estamos hablando de un tercio del costo del servicio, que es un servicio esencial y considerado un derecho humano. A medido que eliminen trabas y se fomente el despliegue, la competencia, eso va ser positivo”, sostuvo Carrier.

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Con una mirada hacía el futuro, el 5G va a generar una nueva revolución digital. No se trata de una generación más, como se la ha conocido hasta ahora, en donde el individuo con un dispositivo móvil estaba en el centro. En cambio, el fin de esta tecnología es conectar objetos masivamente.

“No lo vamos a ver en el público, sino a nivel ciudad, la inteligencia de la infraestructura. Un ejemplo es la recolección de basura: se podría identificar el nivel de carga que tiene el tacho y diseñar rutas en base a eso, para economizar el tiempo. Todavía hay mucho por desarrollar, por imaginar, pero el cambio que va a generar es muy importante. No es un cambio que vamos a ver de un día para el otro, pero cuando lo veamos con retrospectiva, vamos a entender cómo cambiamos de mundo”, cerró.

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