Una influencia creciente que se extiende por toda América Latina

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Convertidas en muchos casos en la segunda religión más importante, las iglesias evangélicas extienden su influencia en América Latina, con un creciente número de fieles que se incorporan a sus filas y una fuerza económica y política desconocida hasta hace solo unos años en la región.

Concesionarios de medios, impulsores de candidaturas legislativas y presidenciales, integrantes de Congresos, con partidos políticos propios y cercanos a los gobiernos de turno, los grupos evangélicos afianzan sus redes y su agenda, según revela una investigación del Grupo de Diarios América.

Se trata de una labor de décadas. En Brasil, uno de los ejemplos más notorios, los evangélicos se consolidaron en la década de 1970 y hoy en día su influencia se disparó en el gobierno del presidente Jair Bolsonaro, cuya candidatura impulsaron.

La Iglesia Universal del Reino de Dios es considerada una pionera en la expansión nacional e internacional de la iglesia neopentecostal. Es propietaria de Radio Aleluia, con más de 90 emisoras y su fundador, el obispo Edir Macedo, es dueño del Grupo Record de televisión. Otro obispo, Marcelo Crivella, fue senador durante el gobierno de Dilma Rousseff y en la actualidad es alcalde de Río de Janeiro.

De las filas de una de las iglesias evangélicas más antiguas de Brasil, la Asamblea de Dios, salieron también pastores devenidos líderes políticos. Todo sobre la base de una enorme feligresía de 12,3 millones de personas, según el censo de 2010, y a esta altura probablemente superior.

Los evangélicos brasileños se anotaron un gran triunfo en mayo pasado, cuando a pedido del propio Bolsonaro el Banco Central acordó flexibilizar a las iglesias sus declaraciones diarias y mensuales de movimientos financieros. El presidente de ultraderecha causó polémica, además, al advertir que tendrá la oportunidad de nominar a dos ministros para la Corte Suprema y que uno de ellos será "terriblemente evangélico".

En México existe la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas (Confraternice), que agrupa a 7000 iglesias. Su presidente, Arturo Farela, se declara viejo amigo del presidente de izquierda Andrés Manuel López Obrador. La presencia de los grupos evangélicos se incrementó bajo su administración, en consonancia con la alianza que el entonces candidato estableció durante la campaña electoral con el Partido Encuentro Social, de filiación cristiano-evangélica.

Un caso particular en México es el de la Luz del Mundo, que afirma contar con más de 600.000 fieles. Tiene negocios vinculados a los sectores inmobiliario, cultural, editorial e informativo. A nivel político, cuenta con tres legisladores y se lo vincula con diferentes partidos políticos, entre ellos el Partido Revolucionario Institucional (PRI), el Partido Acción Nacional (PAN) y el de López Obrador, Morena.

Fenómenos

Si de influencia política se trata, Venezuela vivió en 2018 el llamado fenómeno Bertucci, cuando el pastor evangélico Javier Bertucci se lanzó como candidato presidencial y su partido, Esperanza por el Cambio, alcanzó más de un millón de votos, una cifra histórica para una organización de esa tendencia religiosa.

En Colombia, estos movimientos mostraron su poder al impulsar el voto por el no a los acuerdos de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en el plebiscito de 2016, una postura que finalmente se impuso. Tras el fracaso del sí, el presidente Juan Manuel Santos se reunió con una decena de pastores para escuchar sus planteamientos.

Colombia tiene dos partidos evangélicos con personería jurídica y cada uno cuenta con tres senadores. Ambas agrupaciones son cercanas al llamado uribismo, el movimiento de apoyo al expresidente de derecha Álvaro Uribe. Uno de ellos es el partido Mira, derivado de la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional y con presencia en el Congreso.

En Chile, los últimos 20 años han visto la caída en el número de fieles católicos y el ascenso de los evangélicos. Los primeros pasaron de representar 73% de la población en 1998 a 55% en 2018. Los segundos pasaron de 14% a 16%, es decir más de tres millones de fieles. Parece un número discreto, pero no refleja el poder económico: más de 40 iglesias y corporaciones del mundo evangélico tienen acciones en empresas que cotizan en la Bolsa. También incursionan en la educación. El Santiago College y el Instituto Inglés son muestras de ello.

Los evangélicos pentecostales chilenos se enfocaron además en los medios: tienen dos canales de televisión y un centenar de estaciones de radio. A nivel político, en el Congreso hay siete diputados evangélicos de un total de 155, y la apuesta es conformar partidos propios para competir en futuras elecciones.

Si bien solo el 7% de la población uruguaya define como evangélica, los expertos coinciden en que esa cifra subestima la realidad. Lo prueba el hecho de que en 2004 se fundó en Montevideo el Consejo de Representatividad Evangélica, que representa a más de 700 congregaciones. Y en las primarias de este año al menos 16 listas fueron encabezadas por pastores evangélicos. Tres legisladores son evangélicos, todos del Partido Nacional.

Fue también en Uruguay donde el 15 de junio de 2017 los evangélicos latinoamericanos hicieron causa común para marcar la agenda regional. En esa fecha clave, 670 parlamentarios suscribieron la Declaración de México, contraria a que las resoluciones de organismos como la OEA obliguen a los miembros a cambiar sus leyes "en asuntos relacionados a la vida, la familia y la libertad religiosa".

En este contexto en la Argentina aún no es tan notoria como en otros casos la influencia de los evangélicos, que sin embargo configuran el segundo grupo religioso más importante del país, con una cifra estimada de 3.600.000 fieles. A diferencia de otros países, una de las razones por las que no serían tan influyentes es que no han logrado constituir una organización política que los estructure.