La inflación que consume a México

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DE TIEMPO Y CIRCUNSTANCIAS

La nota de primera plana es que la inflación se disparó en México un 7.37 por ciento en noviembre. Ahí uno puede pensar: 7 por ciento son 7 centavos en cada peso. Al fin y al cabo, ni es tanto.

No obstante, de acuerdo con el Inegi, la inflación de la canasta de consumo mínimo de 2018 a la fecha fue de 115 por ciento. Esto significa que una despensa elemental para sobrevivir ahora cuesta más del doble de lo que costaba en 2018; y si el salario mínimo ha subido de 88 a 141 pesos, quien compraba una canasta básica en 2018 ya no puede comprarla, pues su sueldo ha aumentado un poco arriba de la mitad y la canasta, más del doble.

Si observamos con cuidado notaremos que la realidad no es que las cosas suban de precio, sino que el valor de nuestra moneda disminuye.

Pero la inflación reportada en este periodo es de un 13 por ciento que resulta mucho menor del 115 por ciento. Esto se debe a que estos reportes se basan en promedios de precios en diferentes sectores de la economía.

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La canasta básica es solo un aspecto de la inflación, pues en las tablas económicas tenemos la inflación de los precios al consumidor, la inflación subyacente, la inflación galopante, y la estanflación como algunos de los principales aspectos de la inflación. Todo esto complica la comprensión de un fenómeno que nos perjudica directamente. Así las cosas, ¿qué demonios es la inflación?

Una conversación con el Dr. en economía Víctor Godínez me ayudó a ubicar este asunto. En primer lugar, todos los nombres anteriores son solo eso, nombres diferentes para promediar los cambios de precio en diversos sectores de la economía. La inflación es el aumento de precios de los artículos y servicios con los que resolvemos la vida diaria.

Este cambio se da por desequilibrios en el mercado. El desequilibrio puede suceder por dos razones fundamentales: la pérdida de valor adquisitivo de la moneda y la escases o exceso en la oferta y la demanda de las mercancías.

Comencemos por explicar la pérdida de valor de la moneda. La mercancía que todos usamos para comprar y vender es el dinero, que está compuesto por billetes y monedas. La casa de moneda imprime billetes y acuña monedas cuando se lo ordena el Banco de México.

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El Banco de México es el encargado de vigilar el equilibrio entre las fuerzas que intervienen en el movimiento del dinero, y en este banco nuestro país tiene su cuenta de cheques. El saldo que México tiene en esta cuenta está representado por dos cosas: un ahorro estable llamado reserva monetaria y su movimiento de depósitos y retiros, que se conforman por el dinero generado con lo que se produce en el país.

Si la economía crece, la cantidad de dinero en circulación crece. En esta analogía, México es un simple cuentahabiente con un saldo en su cuenta, y emite cheques o billetes de acuerdo con su saldo.

Si en una emergencia México decide emitir en secreto el doble de billetes, sin hacer ningún deposito en su saldo, mientras nadie se percate la gente usará esos billetes con el valor al que están acostumbrados. Pero en cuanto alguien se dé cuenta se correrá la noticia, el valor del dinero se ajustará, y perderá la mitad de su valor.

Así, los autos que costaban 100,000 pesos costarán 200,000 a partir de ese momento.

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Este es un ejemplo simple de la pérdida de valor de la moneda por imprudencia en el manejo de la economía. Es importante acotar que hay imprudencias económicas de todos colores.

Antes la reserva monetaria se conservaba en metales preciosos, que por lo regular eran oro o plata. Pero ahora las reservas nacionales están respaldadas por depósitos en otras monedas. Nuestro peso está respaldado principalmente por una reserva en dólares.

De manera que, si el dólar pierde valor con respecto a otras monedas, nuestra moneda también pierde valor, y lo que compremos en euros nos saldrá más caro, pues se pagarán más dólares por la mercancía, y en consecuencia pagaremos más pesos.

DESEQUILIBRIO ENTRE OFERTA Y DEMANDA

Esto que hemos visto es una analogía simplona, pero ayuda a entender el fenómeno. Las cosas son más complicadas en la realidad.

Otro aspecto del desequilibrio entre la oferta y la demanda es la escases o sobreoferta de un artículo. Quizás el ejemplo más claro de esto es el aguacate en la época del Super Bowl. En este evento los estadounidenses se reúnen a ver el juego en el estadio, los hogares o en restaurantes. Como los yanquis se han aficionado al guacamole, se importan de México enormes cantidades, y esto hace que el fruto escasee y suba al doble su precio durante los días previos al juego.

Cuando deja de escasear el aguacate, su valor regresa a los precios anteriores al evento.

Actualmente el aguacate vale 40 pesos por kilo. En enero ese mismo kilo de aguacate valía 27 pesos. El precio de la fruta se incrementó en 70 por ciento. En cuanto al jitomate, en el mismo periodo, ha subido un 55 por ciento. Esto confirma la cifra del Inegi del 115 por ciento de inflación de la canasta básica de 2018 a la fecha.

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El trabajo humano interviene en todas las cadenas productivas y es determinante en la inflación, pues en una economía de pleno empleo, es decir, en la que todo el mundo tiene trabajo, si usted requiere contratar personal debe contratar a alguien que este trabajando, y el principal incentivo para captar empleados es aumentar su sueldo.

Esto se vuelve una cadena perversa, pues el que perdió al empleado requerirá contratar otro y, en consecuencia, ofrecer mejor sueldo. Así, el precio del trabajo se incrementa y, con este, sube de precio la mercancía producida.

Esto desata una espiral inflacionaria que solo se resuelve cuando disminuye la demanda y hay despidos. Los individuos sin trabajo estarán dispuestos a trabajar por menos dinero y la inflación se ajustará.

Actualmente el equilibrio económico se ha roto por muchos lados y nuestra economía está presionada por factores externos e internos.

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Entre los externos está la pandemia del covid-19, que obligó a cerrar las actividades no esenciales. Esto generó escases de mercancías y, con ello, una escalada de precios. Al mismo tiempo, los estadounidenses inyectaron cantidades enormes de dinero en su economía, y la escases de mercancía, sumada a la abundancia de dinero, generó inflación en Estados Unidos.

Como nuestra economía está atada a la estadounidense, la inflación en el país vecino se refleja automáticamente en el nuestro y afecta a toda la actividad económica.

Por el lado de los desequilibrios internos vemos que nuestra economía se ha contraído a partir de 2018. Actualmente está a niveles de 2016 y la población ha crecido en unos cinco millones de habitantes. Al contraerse la economía hay menos dinero y ahora tenemos que repartirlo entre más gente. El resultado de esto es pobreza y desempleo.

Hay una baja del poder adquisitivo de la población que, aderezada con la inflación que se ha creado, establece un desequilibrio económico interno. Por todo esto no es de extrañar que la inflación se le esté saliendo de control al Banco de México.

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El gobernador del Banco de México acaba de cambiar y esto ha generado un nivel de incertidumbre que en verdad no necesitábamos.

Podemos decir en suma que la inflación es resultado de una economía con desequilibrios, ya sea internos o externos. Así, la cantidad de desequilibrios que padece nuestra economía actualmente se ha traducido en una inflación alarmante, y esta, de no controlarse, puede llevarnos a una crisis parecida a las que se vivieron en los sexenios de Echeverría y del otro presidente López: José López Portillo.

Ojalá que haya prudencia en los funcionarios responsables y logremos capotear la situación.

VAGÓN DE CABÚS

Independientemente de que usted sea aficionado al espectáculo taurino, la prohibición de las corridas de toros en la Ciudad de México debe preocuparle. El que un espectáculo se suspenda porque la gente deje de ir y no sea rentable es una cosa, pero la prohibición de un espectáculo del que gusta un sector de la población porque a otro sector no le parece adecuado atenta contra las libertades.

Si usted no puede ir a los toros porque está prohibido por el Estado, su libertad se ha coartado. Esta prohibición se suma a la de que los industriales no puedan generar su propia energía eléctrica a través de plantas solares. Así, poco a poco, el régimen impondrá su visión del mundo a los mexicanos. Prohibir es un sesgo dictatorial y se debe evitar a toda costa. N

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Salvador Casanova es historiador y físico. Su vida profesional abarca la docencia, los medios de comunicación y la televisión cultural. Es autor del libro La maravillosa historia del tiempo y sus circunstancias. Los puntos de vista expresados en este artículo son responsabilidad del autor.

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