Un infierno naranja llamado Donald Trump

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DE TIEMPO Y CIRCUNSTANCIAS

Una tormenta se anuncia en el vecino Estados Unidos. El establishment ha identificado al déspota anaranjado como una amenaza, y una comisión del Congreso está a punto de rendir su informe para que, si el Departamento de Justicia considera que hay un caso, se proceda a enjuiciar a Donald Trump por implementar un intento de golpe de Estado.

El asunto no es cosa menor, pues implica una sacudida a la tendencia mundial populista que, como mazorca madura, se desgrana en el mundo.

Vale la pena repasar la secuencia de acontecimientos y anticipar las dos posibles consecuencias que trastocarían el orden mundial y que de pasada nos afectarían a nosotros.

El 6 de enero de 2021 una turba azotó los alrededores del Capitolio e hizo algo inconcebible en Estados Unidos: violentó las puertas del recinto legislativo y lo invadió. Legisladores y personal fueron llevados a los búnkeres de seguridad y no fue sino hasta que los balazos hirieron tanto a invasores como a defensores que la turba comenzó a replegarse.

El promotor del evento fue Donald Trump, quien se negaba a aceptar su derrota en la elección presidencial. En el recuento de acontecimientos de este asunto se hizo evidente que Donald Trump puso en jaque la democracia estadounidense y, con ello, el Estado de derecho y el funcionamiento de la maquinaria gubernamental.

Si hacemos a un lado los juicios, negativos o positivos, que tenemos del país del norte, y vemos fríamente su desempeño, llegaremos a la conclusión de que están hasta hoy en la punta de la pirámide del control mundial gracias a su pragmatismo y a un sistema de gobierno que integra contrapesos y controles, los cuales permiten encontrar errores y de manera ordenada corregirlos en la medida de las posibilidades.

QUÉ SE VIOLENTÓ EL 6 DE ENERO

El reparto de funciones y poderes en el sistema de gobierno permite un desarrollo relativamente terso de la marcha del país. Y eso precisamente fue lo que se violentó en el intento de golpe de Estado promovido por Donald Trump el 6 de enero.

La gran diferencia entre el sistema de gobierno estadounidense y el nuestro es que, en el país vecino, cuando se violan las reglas hay consecuencias. Y estas no son despachadas al arbitrio, sino con un proceso ponderado que permite ver una razón para las medidas aplicadas.

Así las cosas, una vez aplacado el intento de golpe de Estado, las instancias del Congreso nombraron un comité para definir qué sucedió y quiénes fueron los culpables del quiebre en el orden constitucional del Coloso del Norte.

El comité fue integrado por el líder del Congreso, con el acuerdo del líder de la minoría, para investigar y reportar sus conclusiones sobre los hechos. Es indispensable definir causas, efectos y responsables de los eventos del 6 de enero que violaron la sagrada institución del Capitolio.

El atentado se ha clasificado como un crimen de terrorismo doméstico, lo cual es un delito grave. El congreso ha identificado dos delitos: conspiración para defraudar a Estados Unidos y obstrucción a un proceso oficial del Congreso.

Los hallazgos del comité llevarán a conclusiones que pueden establecer un juicio contra el entonces presidente. Hasta ahora hay una evidencia muy importante de que Donald Trump como presidente en funciones convocó e incentivó a sus seguidores para que, mediante un golpe de Estado, lo mantuvieran en la presidencia de Estados Unidos.

Hay testimonios de sus colaboradores, de su fiscal general y hasta de su hija que inculpan al magnate de orquestar una conspiración perversa para mantenerse en el poder.

LA CULPABILIDAD DEBE DEMOSTRARSE

Pero el sistema de justicia estadounidense presume a un individuo inocente hasta en tanto no se demuestre lo contrario. La culpabilidad debe demostrarse más allá de una duda razonable, y corresponde ahora al comité entregar la información al Departamento de Justicia.

El reporte del comité podría mover al fiscal general de Estados Unidos, Merrick B. Garland, a iniciar un juicio en el que se defina la culpabilidad o inocencia del expresidente. Y Donald Trump cuenta con abogados muy hábiles en las mañas legales estadounidenses que lo han sacado indemne de multitud de juicios.

El asunto aquí es que, si resulta culpable, no tendrá derecho a aspiran nunca más a la presidencia de Estados Unidos. Pero si resulta inocente lo más probable es que vuelva a sentarse en la silla presidencial, y esto traería una serie de consecuencias.

En primer lugar, el apoyo de Estados Unidos a la Unión Europea en contra de Putin se revertiría. Luego, el orden democrático en Estados Unidos comenzaría a crujir, y China junto con Rusia se beneficiarían de ello. AMLO, en tanto, contaría con un apoyo que lo mismo lo entronaría que lo empinaría según el humor del tirano anaranjado. En general, se vendría un grado de incertidumbre aumentado parar el desarrollo mundial en los siguientes años.

El miércoles 15, en el programa de radio de Jorge Arias, en Radio Anáhuac, Mauro Lazcano, el propio Jorge Arias y un servidor repasamos la posibilidad. Llegamos a la conclusión de que el peor de los escenarios en este caso es que Donald Trump se entronice en el poder estadounidense.

Sería un capítulo dantesco en donde los castigos de los nueve círculos del infierno palidecerían ante el poder destructivo del infierno naranja.

VAGÓN DE CABÚS

John Kerry vino por cuarta vez a México como embajador para asuntos energéticos del gobierno de Estados Unidos. Esta vez surgieron acuerdos que se anunciarán en los próximos días. Al parecer, los tiempos políticos han hecho que el sentido común comience a permear en la 4T. N

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Salvador Casanova es historiador y físico. Su vida profesional abarca la docencia, los medios de comunicación y la televisión cultural. Es autor del libro La maravillosa historia del tiempo y sus circunstancias. Los puntos de vista expresados en este artículo son responsabilidad del autor.

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