Por qué los animales no sufren infartos

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Hombre sufriendo un ataque de corazón. (Imagen creative commons vista en Wikimedia).
Hombre sufriendo un ataque de corazón. (Imagen creative commons vista en Wikimedia).

Según datos de la Sociedad Española de Cardiología, cada año mueren en España unas 50.000 personas por infarto, lo que convierte a las enfermedades del sistema circulatorio en la primera causa de muerte en nuestro país (Covid-19 aparte). Pero qué hay del resto de especies del reino animal. ¿Padecen otras criaturas esta desgracia, o los únicos seres racionales del planeta son también los únicos en sufrir infartos?

Bien la respuesta es que en general los animales no sufren ataques al corazón. Y si digo “en general” es porque los veterinarios han visto casos – si bien muy rara vez – en nuestros amigos los perros. Para el resto de criaturas, incluyendo a nuestro pariente más cercano, el chimpancé, los problemas de corazón existen si bien son de otra naturaleza distinta al fatídico paro cardíaco. Así pues, podríamos decir que en general los animales no mueren de forma natural fulminados por un evento similar al que vemos en humanos con obstrucciones coronarias severas.

¿La razón? Bueno, teniendo en cuenta que los infartos consisten en la muerte de una porción del músculo debido a la obstrucción de una arteria coronaria (y por tanto al cese de suministro de oxígeno), y teniendo en cuenta además que la mayoría de los mamíferos tienen un corazón muy similar al nuestro, lo normal sería que – en principio – los animales evolutivamente cercanos también los padecieran. Y sin embargo las evidencias parecen indicar que esto no es así. Ni siquiera los chimpancés criados en cautividad que se ven aquejados por los mismos factores de riesgo que nosotros (por ejemplo la inactividad o los altos niveles de colesterol) sufren infartos.

Existen algunas especies de mamífero, como los conejos y los ratones, que si son propensos a la arteriosclerosis (la acumulación de grasas en las paredes arteriales que está detrás de muchos infartos). Pese a ello en condiciones normales no parecen experimentar infartos. De hecho, según un trabajo publicado en 2009 en la revista Evolutionary Applications, incluso aunque se les modificó genéticamente para elevar sus niveles de lípidos y colesterol en sangre, los infartos se daban muy rara vez.

En vista te todo esto, tal vez la pregunta que debemos hacernos es ¿por qué los sufrimos nosotros? Podríamos pensar que algunos de los factores de riesgo antes citado, como la vida sedentaria y una dieta deficiente explican por completo el problema. Pese a que ciertamente tienen mucho que ver en la mayoría de las ocasiones, lo cierto es que siguen dándose casos inexplicados que afectan a personas que no muestran ningún factor de riesgo y que no han tenido antes ningún episodio similar. Seguramente a todos se nos vengan a la cabeza los nombres de jóvenes deportistas que fallecieron súbitamente pese a estar en inmejorables condiciones físicas.

Los científicos saben de hecho que el 15% de los casos de primer infarto se dan en personas que aparentemente carecen de factores de riesgo. Esto podría deberse a la existencia de cierta mutación genética que hace que quien la padece sea especialmente propenso al ataque al corazón. Esta mutación desactiva el gen CMAH, lo que impide que se genere una molécula de azúcar en particular llamada Neu5Gc (según se publicó en 2019 en la revista en PNAS).

Te resultará más fácil encontrar a un político honrado que a un caimán que muera por infarto. (Imagen creative commons vista en Wikimedia).
Te resultará más fácil encontrar a un político honrado que a un caimán que muera por infarto. (Imagen creative commons vista en Wikimedia).

Cuando en ese mismo estudio, los investigadores desactivaron el citado gen en ratones modificados genéticamente para que tuvieran altos niveles de colesterol y desarrollaran arteriosclerosis, la gravedad de esta enfermedad se multiplicó por dos en comparación al grupo de control. Sin embargo, ni siquiera así los ratones morían de infarto, de modo que lo que el estudio probó más bien fue que los humanos que muestran esta mutación si son propensos al paro cardíaco mientras que otros mamíferos no.

Resumiendo, aún no tenemos ni idea de por qué el resto de animales parece librarse de esta maldición, aunque en honor a la verdad hay que decir que tampoco nos preocupamos en exceso por ahondar en las causas de muerte de los animales. Cuando de la noche a la mañana un ganadero pierde una vaca, por ejemplo, no suele encargar una autopsia para averiguar la causa de la muerte. Simplemente asume la pérdida, se deshace del cadáver y sigue con su vida.

Lo que si saben los científicos es que los vertebrados que no son aves o mamíferos, cuentan con una fisiología diferente que parece protegerles del infarto incluso aunque se tapone voluntariamente la vía de acceso de la sangre oxigenada al corazón. Según experimentos llevados a cabo con caimanes, estas criaturas cuentan con un tejido cardíaco más esponjoso en los ventrículos, lo cual ayuda a que la sangre penetre más profundamente hacia las paredes del corazón. Esto permite que el oxígeno sea absorbido por las células cardíacas con mayor facilidad, al contrario que lo observado en aves y mamíferos, cuyas paredes cardíacas son más compactas. 

En fin, mientras nos enteramos de la causa de este misterio y no, ya sabes, cuida tus arterias.

Me enteré leyendo Live Science.

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