En Indonesia, los mineros ilegales de oro se envenenan para sobrevivir

Richard C. Paddock
Mineros ilegales buscan oro cerca de Taliwang, Indonesia, el 3 de marzo de 2019. (Adam Dean/The New York Times)

TALIWANG, Indonesia — El temerario minero quería demostrar que procesar el mineral de oro con mercurio líquido era perfectamente seguro. Así que bebió un poco del químico tóxico, eligiendo las promesas de la fiebre del oro en lugar del dolor del envenenamiento por mercurio.

“No me preocupa el mercurio”, alardeó el veloz hablador Syarafuddin Iskandar, de 58 años. “Me lo bebí. Se lo dimos a las vacas y los búfalos. Se lo bebieron. No pasó nada. No hay problema”.

Su treta lo ha hecho famoso en los yacimientos de oro de Sumbawa, la isla indonesia ubicada 160 kilómetros al este de Bali, donde los improvisados campamentos mineros proliferan en las colinas de la selva. Sin embargo, la treta también evidencia la dura decisión que los mineros ilegales enfrentan aquí. Para ganarse la vida, están envenenando a sus comunidades, al medioambiente y a ellos mismos con el uso del mercurio, una manera ilegal pero popular de extraer oro del mineral.

Durante décadas, Syarafuddin y miles de mineros artesanales como él han trabajado de manera ilegal en Sumbawa occidental, en terrenos que el gobierno arrienda a grandes compañías mineras. Los mineros ilegales no pagan nada por tener acceso a los terrenos, pero obtienen hasta 6 millones de dólares al mes en oro.

Alrededor de un millón de mineros de oro de pequeña escala operan por toda Indonesia, la nación insular más grande del mundo, y la industria ilegal representa una paradoja desconcertante para el país.

El uso de mercurio en los campos clandestinos tiene efectos devastadores en la salud y el medioambiente. El metal pesado es bien conocido por ser un veneno de acción lenta que se filtra en la cadena alimentaria, causando defectos congénitos, trastornos neurológicos y hasta la muerte. Pero debido a que las minas son una ayuda a corto plazo para la economía —les da empleo a personas que de otro modo vivirían en pobreza extrema— el gobierno es reacio a clausurarlas.

Los intereses competitivos de los lugareños, el gobierno, los ambientalistas y las grandes compañías mineras que controlan las tierras donde operan los mineros forajidos, están alcanzando un punto crítico en Sumbawa occidental. En esta oportunidad, una gran compañía minera está tomando medidas, supuestamente para proteger el medioambiente.

Este año, oficiales del temido Cuerpo de la Brigada Móvil, armados con rifles de asalto, atravesaron la densa selva para clausurar los campamentos montañeros de docenas de mineros ilegales.

Los mineros han habitado ilegalmente en el lugar durante años, y su uso del mercurio ha envenenado el suelo y un arroyo cercano. Ese sitio antes era controlado por Newmont Goldcorp, una compañía estadounidense y una de las empresas mineras más grandes del mundo.

La policía ordenó a los mineros desmantelar sus campamentos, cortar sus equipos con una motosierra y bloquear las entradas de las minas con escombros. Los mineros ilegales, llenos de ira, fueron obligados a destruir su operación.

“Estamos devastados por el cierre de esta mina porque no tenemos otra manera de ganarnos la vida”, dijo uno de los operadores ilegales de la mina, Zaenal Abidin, quien había empleado a dos docenas de trabajadores.

El grupo ambiental Nexus3 Foundation estima que 850 yacimientos mineros de oro se han convertido en focos de contaminación de mercurio y que medio millón de personas a nivel nacional sufren de intoxicación por mercurio.

La inusual represión por parte de la policía fue impulsada por la compañía minera PT Amman Mineral Nusa Tenggara.

Amman Mineral le compró la concesión de este vasto terreno y de la inmensa mina de cobre a cielo abierto Batu Hijau a Newmont en 2016, durante un esfuerzo del gobierno por recuperar el control nacional de los recursos minerales.

Gracias al uso de un canal que arrojaba enormes cantidades de desechos minerales al mar, Newmont se ganó la reputación de ser nociva para el medioambiente.

La clausura de las minas no autorizadas es parte de una campaña de Amman Mineral para detener la minería ilegal y el uso descontrolado de mercurio en la antigua concesión de Newmont y en otra que supervisa 32 kilómetros al norte, conocida como Indotan.

“Inicialmente lo veíamos como un simple saqueo ilegal de recursos”, afirmó el director de Amman Mineral, Alexander Ramlie. “Pero cuando observamos el asunto con más detenimiento, nos dimos cuenta de que era un problema social más grave. Están generando un desastre ambiental”.

La amplia mayoría de los 7000 mineros ilegales de Sumbawa occidental están en la locación de Indotan, la cual fue adquirida recientemente por los socios de Amman Mineral en un acuerdo aparte.

Gran parte de la minería se realiza en las colinas sobre el lago Taliwang, un lago de poca profundidad ubicado al noreste de la ciudad de Taliwang.

Un estudio de 2016 reveló que el mercurio que usan los mineros había contaminado el lago de tal manera que consumir un pescado de allí podría exceder la tolerancia de mercurio semanal de una persona. Un segundo estudio enfocado en los mineros descubrió que muchos de ellos tenían altos niveles de mercurio y algunos ya estaban experimentando los primeros síntomas de envenenamiento por mercurio, como temblores en los dedos y alteración del sueño.

Pero sin un gobierno que advierta sobre sus daños o que haga valer la prohibición de su uso, es fácil para los mineros desestimar la idea de que el mercurio es peligroso.

Los mineros ilegales han estado operando durante décadas en la concesión de Indotan, donde han establecido comunidades permanentes y un pueblo de escala industrial para el procesamiento del mineral. Los mineros operan abiertamente sin temor a la intervención de la policía. En una carretera, incluso han creado un puesto de control para el acceso a sus excavaciones.

Al parecer, algunos funcionarios gubernamentales, policiales y militares también se benefician del comercio ilegal de oro, que está estimado en 5000 millones de dólares al año.

Los mineros combatirán cualquier intento de expulsarlos de esas tierras que no les ofrezca otra clase de empleo, dijo Anton, un nativo de Sumbawa, dueño de minas y molinos. Como muchos otros indonesios, solo usa un nombre.

Los jefes de las minas y sus empleados tienen una buena razón para no ceder. Los mineros en la región de Taliwang obtienen en promedio 15 veces más de la minería de oro que de otras ocupaciones, según una encuesta realizada a 55 mineros.

Los funcionarios afirmaron que las operaciones ilegales constituyen la segunda mayor contribución a la economía de la regencia de Sumbawa occidental, luego de las operaciones legales de Amman Mineral.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2019 The New York Times Company