Análisis: el misterio que encierra el trágico recital del "Indio" Solari
Daniela M. – Buenos Aires, Argentina
Lo que sucedió en Olavarría, provincia de Buenos Aires, el sábado pasado, fue mucho más que dos muertes en un concierto. Las dos personas que perdieron la vida en el show de Carlos, “El Indio” Solari, uno de los íconos del rock argentino, son una muestra más de qué sucede cuando se prioriza la ganancia de dinero frente a todo parámetro: tocó ante unas 300.000 personas. Por más que le duela a sus fans, “El Indio” trabaja con una productora cuyo evidente objetivo principal es la productividad y no el cuidado del público.
Ninguno de los dos muertos sufrió un aplastamiento por avalancha, como se dijo en un principio. Uno murió por un coágulo, y otro por un paro cardíaco por intoxicación. Pero cientos de miles de personas reportaron situaciones de sofocamiento, debido a los malos accesos al predio conocido como “La Colmena”, en la ciudad de Olavarría. A tal punto, que El Indio se vio obligado a detener el show en una ocasión para advertir que había avalanchas y personas a las que les costaba respirar:
Así las cosas, la danza de señalamientos a posibles responsables comenzó una vez más en la sociedad Argentina: un Estado ausente, que permite recitales de proporciones inmanejables a través de la intendencia de Olavarría, una productora irresponsable y un artista que, aunque le duela a sus fanáticos, se endulzó con los cerca de 10 millones de dólares que supuestamente ganó con el evento sin reparar en la seguridad de sus fanáticos.
No existe el ‘sold-out’: un punto de partida peligroso
El fenómeno de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota es único en la Argentina. La banda surgió de la escena “under” y fue creciendo tanto como su mito, al punto que nunca hicieron publicidades masivas para promocionar sus shows.
Esto lo explicó, el año pasado, El Indio Solari en un documental llamado Tsunami, cuyo nombre alude a la gran marea de gente que va a verlo cada vez que se presenta. “Mi público no entendió nunca. Te da miedo porque el ‘sold out’ para mi público no existe. Cortan la avenida que fuere, se arma quilombo, quieren entrar físicamente”, decía en una charla. “No es un público que le digas ‘está todo vendido’ y digan ‘bueno, no vamos’. Van igual”, agregaba.
Esto explica, en parte las impactantes imágenes sobre el show del Indio en Olavarría:
Pero, por supuesto, hacer shows tan masivos tiene consecuencias. No sólo para el ego del artista, alimentado show a show, y mitificado aún más desde que se supo que Solari sufre de Parkinson, haciendo crecer los fantasmas del “último show”.
Entre esas consecuencias está la desorganización masiva de ciudades que aceptan, como bandera, albergar shows para 250 o 300.000 personas.
Pero el concepto originario de todo esto es la idea de que no existe el agotamiento de las entradas. Se imprimen cuantas hagan falta: si van 100, 200 o 500.000 personas, todas podrán asistir.
Y más aún: en Argentina ya es costumbre que mucha gente, cuando puede, va a los shows sin pagar la entrada.
La intendencia: un Estado presente para lo bueno y ausente para lo malo
“No tenemos responsabilidad legal”, se atajó en conferencia de prensa el intendente de Olavarría, Ezequiel Galli. Bien distinta su postura, a la que tuvo antes del show, cuando se mostraba fotografiándose con los organizadores del evento.
También fue distinta su postura al firmar papeles: la Intendencia de Ezquiel Galli, de Cambiemos (PRO, el partido del Presidente Macri), se presentó ante la Justicia como “fiador” de los organizadores del recital que terminó en tragedia y puso a disposición “todos los recursos materiales y humanos” de la Intendencia para que se hiciera el evento. Es decir, sí tenía responsabilidad legal.
Por supuesto, su estrategia fue despegarse de esto. Horas antes de presentarse a declarar en calidad de testigo ante la fiscal Susana Alonso, Galli explicó que “siempre se estuvo organizando un recital y un operativo máximo para 200.000 personas, pero la productora había dicho que había vendido entradas para 80.000 personas a una semana del show”. Es decir, culpó a la productora.
“Yo no asumo la responsabilidad, la responsabilidad es de la productora que nos mintió considerablemente durante los días previos al show”, aseguró.
En el documento que se filtró sobre el contrato firmado entre la productora y la intendencia, el Municipio acepta la obligación de “llevar a cabo las tareas de acondicionamiento del predio, aportando materiales y humanos para la realización del show, en virtud de esto, la Municipalidad de Olavarría se constituye en FIADOR de las obligaciones que la PRODUCTORA asume frente al CEDENTE (el dueño del terreno)”.
En el contrato la productora se hace cargo del pago por la cesión de ese predio: 300.000 pesos, que se abonaron en dos pagos. 150.000 el 6 de febrero pasado y el resto el 6 de marzo.
La información extraoficial confirmó, sin embargo, que se vendieron más de 300.000 entradas. Pero el intendente, por supuesto, salió a deslindarse.
Daniel Grinbank es uno de los empresarios musicales más importantes del país. Organizó, hace 11 años, un histórico recital de los Rolling Stones en Copacabana, el barrio más emblemático de Río de Janeiro, en Brasil, ante dos millones de personas. Gratis.
Consultado por los principales errores que se cometieron en el show de Olavarría, Grinbank fue claro y echó algo de luz en medio del confuso panorama.
“Tendría que haber habido un vallado perimetral que inclusive impidiera el acceso a la ciudad de la gente sin ticket. Obviamente que si no se frenaba a la gente sin entrada iba a colapsar el metro cuadrado de ese espacio”.
“Desde el punto de vista de la producción, las torres demoradas carecían de buenas pantallas. Entonces la presión se vuelve hacia el centro del escenario”.
“Cuando tenés una concentración de gente tan grande, tenés que hacer un vallado en el medio que vaya hasta la consola para eliminar la presión de gente sobre el escenario”.
“Si la gente está a 250 metros y tiene buen audio, pero no tiene buena imagen y la imágenes las das con pantalla de determinada dimensión y las pantallas que tenés son un poco más grandes que un monitor de televisión, es lógico que haya presión de la gente para adelante. Y sobre todo si estas pantallas no las tenés lateralizadas”.
“Se sabe que en este país, culturalmente, la gente ingresa sin tickets. Pero en este caso, al ser un predio cerrado con vallado ciego sobre los laterales, las estampidas generaban mucho margen de riesgo”.
“La salida de esas seis puertas que uno vio en el mapa que desembocaban en una calle que no tenían más de siete metros, la verdad que fue una fortuna que no haya habido más desgracias”.
“Si yo pongo buena seguridad en cada torre demorada, pongo un espacio grande, le doy a la gente agua y pongo una pantalla elevada, es obvio que voy a tener menos presión adelante”.
“El público ‘ricotero’ tiene una fiesta, tiene determinados valores y son absolutamente respetables. Hasta se pueden coordinar. Pero a veces tenés que tomar medidas antipáticas. Preventivamente, no represivamente, hay que cuidar a tu propio público”.
“Creo que hay una cofradía de comportamiento de la gente que se cuida. Si no, con tanta desorganización se hubiera derivado en más desgracias”.
Bajo la mirada experta de un productor de shows desde hace décadas en Argentina, Latinoamérica y el mundo, queda claro que la productora y la intendencia tienen una cuota de responsabilidad altísima.
Claro está que el ego, el mito y la figura del Indio se infla show a show ante esos tsunamis que, con algo de suerte, sólo registraron dos bajas en esta última presentación.