Indignación por vacunación secreta del nuncio en Perú

FRANKLIN BRICEÑO
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LIMA (AP) — Un alto jerarca de la iglesia católica de Perú manifestó el miércoles su “indignación” tras enterarse de que el embajador local de la Santa Sede, Nicola Girasoli, formó parte de los casi 500 privilegiados que recibieron en secreto una vacuna china para el COVID-19 antes de miles de médicos que luchan contra el virus en un país devastado por la pandemia.

El arzobispo de Lima, Carlos Castillo, comentó a la televisora estatal que se comunicó con Girasoli y le dijo que forma parte de una “lista de privilegiados que han actuado a espaldas de la vida del pueblo, del sufrimiento de la gente. Es una lista de insolidarios”.

Al momento Castillo es el único miembro de alto rango de la Iglesia católica de Perú que ha levantado su voz de indignación. The Associated Press escribió un correo en busca de comentarios a la Conferencia Episcopal Peruana, que agrupa a los obispos del país, pero no obtuvo respuesta.

El papa Francisco ha dicho muchas veces que no se puede privilegiar a los ricos con la vacuna y que se necesita dar prioridad a los pobres y marginados. Francisco, de 84 años, se vacunó porque el Vaticano compró vacunas para todas las personas que viven y trabajan en su territorio.

El 19 de agosto Francisco dijo en un discurso que sería triste que “para la vacuna del COVID-19 se diera prioridad a los más ricos”.

“La pandemia ha puesto al descubierto la difícil situación de los pobres y la gran desigualdad que reina en el mundo″ comentó y añadió que el virus “ha encontrado a su paso devastador grandes desigualdades y discriminaciones”, las cuales las “ha aumentado”.

Girasoli, un italiano de 63 años, confirmó la víspera en un comunicado que fue vacunado por ser consultor en “temas éticos” de la fase tres que la farmacéutica estatal china Sinopharm realizó en Perú desde septiembre a 12.000 voluntarios -y de los que este grupo de casi 500 no formaba parte-.

El diplomático recibió su segunda dosis el 11 de febrero, un día después de que explotara el escándalo cuando la prensa informó que el expresidente Martín Vizcarra se había vacunado en octubre junto a su esposa y su hermano mientras Perú negociaba la compra de vacunas chinas. Vizcarra fue destituido en noviembre por presunta corrupción.

Girasoli es nuncio apostólico en Perú desde 2017 y trabaja en el servicio diplomático de la Santa Sede desde hace 36 años sirviendo en diversas delegaciones en cinco continentes.

Otro de los 487 vacunados fue Alejandro Aguinaga, médico del encarcelado expresidente Alberto Fujimori. Aguinaga, quien fue ministro de Salud durante el gobierno de Fujimori (1990-2000) y busca ser legislador en los comicios de abril, confirmó que junto a él se vacunó su esposa.

Entre los privilegiados también hay gerentes de laboratorios privados locales, lobistas e hijos de médicos ligados a la fase tres de la vacuna china.

El escándalo mostró una vez más la desigualdad en Perú, donde los nexos familiares, de amistad o de poder dan ventaja a un puñado frente a miles de trabajadores de la salud que trabajan con equipos de protección de mala calidad y en hospitales abarrotados.

El gobierno del presidente interino Francisco Sagasti anunció a inicios de semana que envió a la fiscalía la lista de los 487 vacunados, entre los que además figuran diplomáticos de alto rango de la cancillería peruana y funcionarios poderosos del Ministerio de Salud.

El escándalo ha provocado la renuncia de la canciller Elizabeth Astete y de la ministra de Salud, Pilar Mazzetti, que era admirada por los peruanos por su entrega en la lucha contra la pandemia. Ambas también ocultaron que se habían vacunado en secreto.

Astete confesó en una carta de renuncia que “no podía darse el lujo de caer enferma”, mientras Mazzetti mintió con frecuencia ante las cámaras de la televisión y dijo en el palacio presidencial, días después de recibir miles de vacunas compradas a Sinopharm, que iba a ser la última en vacunarse porque “el capitán es el último en abandonar el barco”.

Incluso las dos funcionarias participaron de la ceremonia de recepción de las dosis chinas. El presidente las felicitó por su esfuerzo sin saber que ya estaban vacunadas.

Perú ha comprado un millón de vacunas a Sinopharm pero no son suficientes para el personal prioritario conformado por 1,1 millones de funcionarios entre médicos, enfermeras, policías, bomberos y barrenderos, según datos oficiales.

El miércoles, en una zona pobre del sur de Lima, médicos y enfermeras que atienden a infectados en el hospital Guillermo Kaelin protestaron junto a otros que colocaron letreros con la frase “Vacunarnos es nuestro derecho” desde las ventanas exteriores de la unidad de cuidados intensivos.

Perú, un país con histórico déficit de médicos, ha visto morir en menos de un año a 310 galenos y 125 enfermeras que atendían a pacientes con coronavirus. Más de 500 policías y 48 bomberos también han fallecido luego de contagiarse, de acuerdo con datos oficiales.

El país sudamericano ha registrado hasta ahora más de 1,2 millones de casos de coronavirus y 44.056 fallecidos, según el Centro de Ciencia e Ingeniería en Sistemas de la Universidad Johns Hopkins.

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La periodista de AP Nicole Winfield colaboró con este despacho desde el Vaticano.