India, un titán de los lácteos, estudia cómo lograr que la leche siga fluyendo en un mundo más caliente

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Ashutosh, un doctor que tiene un solo nombre, en el Instituto Nacional de Investigación Lechera en Karnal, India, el 30 de mayo de 2022. (Atul Loke/The New York Times)
Ashutosh, un doctor que tiene un solo nombre, en el Instituto Nacional de Investigación Lechera en Karnal, India, el 30 de mayo de 2022. (Atul Loke/The New York Times)

KARNAL, India — Adentro de un cobertizo en Haryana, un estado en el norte de India, el sonido de flautas emanaba suavemente de los altavoces. El público, que pastaba en silencio, estaba formado por decenas de vacas, los sujetos involuntarios de un experimento de terapia musical.

Los orquestadores de esta escena eran un grupo de científicos que investigaban una sencilla interrogante: ¿qué tanto afecta el calor abrasador a la producción de leche? Para la población india que ama los lácteos, otra estación de temperaturas altas le ha dado respuesta a esa interrogante, ya que los precios de los productos derivados de la leche han aumentado una vez más.

Los científicos del Instituto Nacional de Investigación Lechera están trabajando discretamente para conservar el estatus de India como bastión de los lácteos ante la grave amenaza a la que se enfrenta el país por el cambio climático, y están realizando estudios de todo tipo, desde desarrollar nuevas razas cruzadas de búfalos de agua a probar cultivos nuevos de arbustos debido a su contenido proteico.

Como parte de este trabajo, un equipo estudió los datos diarios de los rendimientos de cientos de animales después de que las temperaturas de finales de la primavera subieran hasta 5 grados Celsius (9 Fahrenheit) por encima de la media de los años anteriores. No es inusual que en los meses más cálidos se produzca un descenso del rendimiento, pero los investigadores descubrieron que el estrés térmico de abril había provocado directamente un descenso adicional de casi el 11 por ciento en la producción de leche entre el ganado cruzado sano.

“El animal está luchando en términos psicológicos para acoplarse, y también para dar 2 o 3 litros de leche”, afirmó Ashutosh, líder del equipo que solo tiene un nombre de pila.

India, el mayor productor de leche del mundo, genera más de 200 millones de toneladas cada año. La industria láctea, que depende de 80 millones de agricultores en todo el país, la mayoría con rebaños pequeños, ha crecido de forma constante y ahora representa casi el 5 por ciento de la economía india. Como muestra del gusto que tiene el país por los productos lácteos —desde el chai cocinado a fuego lento hasta la cuajada y el queso, además de la mantequilla y la nata que se usan en casi todos los platillos— solo una pequeña parte de la enorme producción se destina a la exportación.

El estrés en los animales es solo una de las muchas maneras en que el clima extremo está llevando al límite a esta industria importante. Al anunciar un aumento del 4 por ciento en los precios de la leche la semana pasada —el segundo aumento en lo que va del año— los productores lácteos aludieron a un incremento de casi el 20 por ciento en el costo de los alimentos para el ganado.

Vacas en el Instituto Nacional de Investigación Lechera en Karnal, India, el 30 de mayo de 2022. (Atul Loke/The New York Times)
Vacas en el Instituto Nacional de Investigación Lechera en Karnal, India, el 30 de mayo de 2022. (Atul Loke/The New York Times)

Si bien el alza de precios del combustible y otras necesidades tampoco ha ayudado, los científicos y agricultores hacen hincapié en cómo el clima extremo está exacerbando un déficit ya problemático del forraje, lo que impide un mayor crecimiento de la industria láctea.

Este año, el calor abrasador llegó antes de lo habitual, con temperaturas que alcanzaron con frecuencia los 45 grados Celsius (113 Fahrenheit) en abril y se dispararon hasta los 49 grados Celsius (120 Fahrenheit) en mayo. Además, este calor se mantuvo durante mucho tiempo.

Por otra parte, las precipitaciones fueron erráticas. Los campos se inundaron en los primeros meses, cuando los agricultores esperaban menos lluvia, mientras que durante el periodo en que las precipitaciones hubieran podido ayudar a mitigar el calor, las lluvias estuvieron por debajo de lo normal. En el estado del Punjab, los agricultores informaron de un descenso de hasta el 15 por ciento en la cosecha de trigo, lo que afectó la disponibilidad y calidad del forraje para el ganado.

India tiene aproximadamente 300 millones de bovinos. Casi la mitad de la producción láctea proviene de búfalas y poco más de una cuarta parte del ganado cruzado, que combina la resistencia del ganado autóctono con el mayor rendimiento de las razas europeas. En las últimas décadas, conforme el país ha aumentado la proporción de razas cruzadas debido a sus mejores rendimientos, los científicos han estudiado detenidamente su adaptabilidad al aumento de las temperaturas.

Las razas cruzadas no se han adaptado tan rápido como los búfalos y el ganado autóctono. Los efectos del calor de abril fueron menores en los búfalos, contrastando de manera notable con la disminución de aproximadamente el 11 por ciento en la producción que se vio en las razas cruzadas, según encontraron los científicos del Instituto Nacional de Investigación Lechera.

En una reciente visita al instituto de Karnal, que abarca 560 héctareas y cuenta con más de 2000 animales, un gran número de búfalos pastaban con pienso fresco.

“Cuando les das suficiente alimento, no pelean”, afirmó A.K. Dang, un científico del instituto. “Si no, como los humanos, se ponen de mal humor, y van a pelear por la comida”.

En un pequeño rincón dedicado al impacto del cambio climático, hay cámaras especiales para estudiar el comportamiento animal en temperaturas altas. Se están ensayando nuevos arbustos del estado nororiental de Assam, los cuales son presuntamente más ricos en proteínas, más duraderos y con ciclos de cosecha más cortos. Además, los investigadores están realizando pruebas de campo sobre la ingesta de minerales en el ganado. Han desarrollado un prototipo de herramienta que mide la temperatura y la humedad y produce lecturas codificadas por colores que ayudan a los ganaderos a conocer los niveles de estrés de los animales.

También hay decenas de vacas que mordisquean despreocupadas mientras suena una música suave de flautas, una imagen que resonará para muchos hindúes ya que Krishna, una de las encarnaciones del dios Visnú, suele ser retratado con una flauta y con vacas al derredor.

El experimento musical forma parte de un esfuerzo por probar todas las maneras en que se podría reducir el estrés en los animales. Hace aproximadamente un año y medio, cuando Ashutosh apenas comenzaba el estudio —“de 40 a 60 decimales de sonido es lo mejor”, afirmó— el ganado de los cobertizos más alejados comenzó a congregarse cerca del cobertizo con el altavoz.

“Añadimos otro altavoz ahí”, dijo Ashutosh, quien adaptó el estudio de otros científicos. “Tenemos que encontrar las maneras de que no sientan estrés. Solo así podremos hacer que sean resilientes”.

Ashutosh dijo que estaba claro que los embates de los climas extremos contribuían a un descenso significativo en la producción de leche en “condiciones científicas normales”. Pero la repercusión de esto en la producción de leche para el mundo real depende del tipo de cuidados que se apliquen para reducir el estrés.

Mientras que las grandes explotaciones lecheras son capaces de mitigar el calor con herramientas como ventiladores y aspersores de agua, la mayor parte del suministro de leche de la India procede de pequeños agricultores que engloban a decenas de miles de sociedades cooperativas de pueblos. Este esfuerzo escalonado ha revolucionado la industria láctea de la India en los últimos 50 años, pero también hace que la difusión de nuevas tecnologías y mejores prácticas para la eficacia sea un proceso más lento.

Ashutosh dijo que, aunque muchos ganaderos llegan a extremos para proteger a su ganado, que a menudo es su única fuente de ingresos, la escasez de agua ha hecho que eso sea cada vez más difícil. Lamentó el declive de los antiguos mecanismos de mitigación del calor, como los estanques que compartían las aldeas y que ayudaban a los búfalos y al ganado a refrescarse.

“Estos viejos sistemas tenían una utilidad en caso de emergencia”, indicó. “Pero ahora esas estructuras ya no están”.

© 2022 The New York Times Company