En la India, el avance de la "revolución azafrán" acorrala a los musulmanes

María Antonia Sánchez-Vallejo

NUEVA DELHI.- A Mohammad Alauf, de 21 años, sus padres lo sacaron de su aldea, en el estado de Bihar -parte del cinturón hindú de la India-, para evitar que, como les sucedió a dos parientes lejanos, una turba de radicales vestidos con túnicas de color azafrán lo linchase por sospechar que tenía vacas, un animal sagrado para los hindúes.

Sus familiares pudieron contarlo, pero no las 44 víctimas mortales -36 de ellas, musulmanes- contabilizadas por la ONG Human Rights Watch entre 2015 y 2018, durante el gobierno de Narendra Modi, primer ministro en funciones.

Alauf, estudiante de árabe en la Universidad de Delhi, cree que la violencia de grupos de la mayoría hindú (80% de los 1300 millones de indios) contra la minoría musulmana (14%) es "impredecible, algo que puede explotar en cualquier momento".

"Los hindúes no son peligrosos en general, pero los pocos que sí son una amenaza están en el poder", explica el joven en el patio de una atiborrada mezquita del Viejo Delhi.

En una India cada vez más fracturada -el sur, resistente ante Modi, frente al devoto norte hindú, y viceversa, sumadas las tradicionales divisiones regionales, de clase y de casta-, solo hacía falta tiempo para que los cantos de sirena populistas que explotan la identidad como un arma arrojadiza acabaran cobrándose un peaje. Esa amenaza se llama hindutva, trasunto hindú del islamismo político que puede consagrarse definitivamente si el BJP de Modi, un partido de base hinduista además de conservador y nacionalista, revalida su poder. Los denominados "grupos de vigilantes de las vacas" son su vanguardia.

Los cientistas sociales indios incluso han puesto nombre al fenómeno, saffronisation (de saffron, azafrán en inglés), porque este tsunami naranja, sostienen sus detractores, amenaza no solo a minorías como la musulmana, sino también los cimientos mismos de un Estado que nació inclusivo, laico y plural, así como ámbitos como la educación y la cultura, por no hablar del relato, o los relatos, de la historia.

"La hindutva amenaza a la nación entera. El espíritu de la Constitución se vulnera deliberadamente cuando se enfatizan las diferencias entre comunidades, como hace el gobierno. Se hace un mal uso de las instituciones para servir a los intereses del BJP. Las minorías son solo una parte del problema; la autonomía de las instituciones y, sobre todo, el pluralismo como pilar de la democracia están seriamente amenazados", sostiene Zoya Hasan, catedrática emérita de la Universidad Jawaharlal Nehru (JNU, por sus siglas inglesas) y exmiembro de la Comisión Nacional de Minorías.

Acoso político

"Hasta ahora había normas que creaban espacios para todos. Todos éramos indios, independientemente de la fe que profesaras. Pero ahora esta es una nación con ciudadanos de segunda clase que no solo sufren acoso político, sino también económico: la desmonetización de 2016 afectó especialmente a los musulmanes, sobrerrepresentados en el sector informal", subraya Surinder S. Jodhka, profesor del Centro para el Estudio de los Sistemas Sociales de la JNU.

Los musulmanes -y los cristianos, blanco también de la hindutva, pero "más protegidos porque son una elite económica y educativa", explica Jodhka- son indios desde hace muchas generaciones.

En un país en continua transformación y crecimiento desde 1947, fecha de la independencia, "hay mucha ansiedad, política y emocional, lo que se plasma en asuntos como el repliegue identitario frente a un enemigo, en este caso los musulmanes. Como no se trata de competir por una parcela de la economía, porque no hay competencia posible, la hindutva ha elegido como rival a la comunidad que profesa la religión del enemigo número uno, Paquistán", añade Jodhka. © El País, SL