La increíble historia del cadáver de Evita

Hace más de una década, asistió a la proyección de Evita, una tumba sin paz, el documental de Tristán Bauer sobre el insólito periplo del cadáver de la Jefa Espiritual de la Nación ordenado por los militares que derrocaron a Perón, y sintió que debía llegar hasta el fondo de la fascinante historia.

Fruto de esa investigación, que aparecería primero en una versión reducida en el diario Clarín, donde edita el suplemento Valores Religiosos, Sergio Rubín escribió Secreto de Confesión: Cómo y por qué la Iglesia ocultó el cuerpo de Eva Perón durante 14 años (Editorial Vergara), una obra imprescindible para conocer en detalle uno de los capítulos más tenebrosos de la historia nacional reciente, y un invalorable aporte que echa luz sobre un episodio poco conocido de nuestro pasado.

“Durante 14 años, el tiempo que el cadáver de Eva Perón estuvo oculto, nadie supo dónde estaba el cuerpo. Siempre se dijo que alguna intervención había tenido la Iglesia y como una persona que se dedica a estos temas, quise investigar qué participación tuvo, y que la verdad se conociera".

[EN FOTOS: Recordando a Evita a 60 años de su muerte]

- Tras su muerte, en 1952, el cuerpo de Eva reposaba en la sede de la CGT, de donde es sustraído. ¿Cómo se lleva a cabo ese operativo?

Recordemos que el golpe contra Perón se produjo el 16 de septiembre de 1955, y el secuestro del cadáver ocurrió en noviembre de ese año. El teniente coronel Moori Koenig estaba a cargo del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE) y saca el cuerpo de la CGT, donde el féretro se encontraba desde su funeral a la espera de un mausoleo que nunca se contruyó. Por una razón de seguridad, y para quitarle una bandera al peronismo, lo sacan de ahí, pero no sabían qué hacer con el cuerpo. Entonces comenzó un derrotero muy extraño. Estuvo en las oficinas del SIE, en Viamonte y Callao, detrás de la pantalla de un cine, en la casa de uno de los oficiales del Ejército. Y pasan cosas insólitas, como el episodio en la casa del mayor Arandía, en la que una noche sintió ruido, pensó que venían a robarse el cadáver, empezó a los tiros, y mató a su mujer embarazada.

- ¿Quiénes son los ideólogos del plan de ocultamiento del cadáver en Italia? ¿Funcionarios del gobierno militar o la jerarquía eclesiástica?

En primer lugar, hay que aclarar que la que interviene es la Compañía de San Pablo, una orden religiosa fundada por el Cardenal Ferrari a comienzos de siglo en Milán. Y uno de sus miembros, el padre Francisco “Paco” Rotger era capellán del Regimiento de Granaderos a Caballo, cuya jefatura estaba a cargo de unos de sus más íntimos amigos, el teniente coronel Lanusse, luego presidente de la Nación. Entre ellos pensaron ese plan, al ver que el gobierno no sabía qué hacer con el cuerpo, y que por ejemplo la Marina quería quemarlo.

El presidente de facto Pedro Aramburu, muy venerado por Lanusse, estaba preocupado, no quería que el cuerpo fuese destruido, pero tampoco tenía un plan, entonces ahí surgió esta idea de llevarlo a un cementerio de Milán y enterrarlo bajo un nombre falso (María Maggi de Magistris) al cuidado de una congregación religiosa que era ésta, la del padre Rotger.

- Una de las mayores interrogantes siempre fue si el Vaticano estuvo o no al tanto de estas maniobras

Evidentemente para hacer esto se necesitó de un guiño de una autoridad eclesiástica importante. En aquel momento, la idea de que interviniese la Iglesia no tuvo ninguna cabida. El nuncio, el embajador del Papa aquí, tampoco quiso saber absolutamente nada, por lo tanto todo se manejó vía Milán, la sede de la Compañía de San Pablo, y a través de su superior general, quien fue el que aceptó el desafío. Una actitud muy osada, muy riesgosa, y políticamente muy difícil de explicar. Él es quien le pide a Pío XII. Hay una sutileza aquí, no es que el Papa le autorice a hacerlo, sino que asiente, que deja hacer. Es una sutileza, pero en el mundo eclesiástico cuenta. Estaba informado, dejó hacer.  Formalmente no autorizó, aunque politicamante estaba claro que dio luz verde para que ese ocultamiento se pudiera realizar.

- ¿Qué teorías sobre el paradero del cadáver circulaban en el país durante todos esos años en los que estuvo en el exterior?

Durante esos 14 años en el que estuvo en el cementerio de Milán fue uno de los grandes comentarios y enigmas de la Argentina. Todos se preguntaban dónde estaba el cuerpo. El ocultamiento fue entre 1957 y 1971, que fue cuando se produjo la devolución a Perón en su residencia de Puerta de Hierro. Había determinadas hipótesis, se escribieron muchos artículos. Pero inicialmente estaban todos muy lejos de la verdad. Sólo hacia el final había ya alguna idea aproximada de algunos grupos, por ejemplo de la CGT. Rucci llegó a hacer un viaje para buscar el cuerpo. También Montoneros, que se cree que estaban muy cerca de dar con el cuerpo. De hecho, meses antes, un grupo se metió adentro de la sede de la Compañía de San Pablo en Milán para ver si había alguna documentación que los llevara a dar con el cuerpo. Pero realmente fue un secreto muy bien preservado.

- ¿Cómo se explica la actitud tan poco activa en la búsqueda del cadáver por parte de Juan Domingo Perón?

No es fácil interpretar a Perón, no sólo en este tema sino en muchos. En una ocasión, cuando a él le dicen que es necesaria una acción muy enérgica para recuperar el cuerpo, él responde “Yo no voy a hacer nada. Si el pueblo no salió en su momento para pelear por el cuerpo de Evita, yo no voy a hacer nada”. Yo creo que Perón tampoco quería profundizar su enfrentamiento con la Iglesia, él sabia bien que estaban metidos en el ocultamiento, lo supo con el paso del tiempo. Pero Perón quería restablecer su relación con la Iglesia. Él terminó muy mal con ellos, se decía que hasta podía haber llegado a ser excomulgado. Y Perón quería volver a ser presidente, y para ser presidente en aquel momento, había que ser católico, entonces él quería tener una buena relación. También había revisado lo que pasó y había cierto arrepentimiento de su parte. De hecho, él pide perdón formalmente a la Iglesia en un momento en España, frente a un cardenal, por si ofendió a alguien. Y cuando finalmente se le es devuelto el cuerpo, él ya no quería tener un frente de conflicto con la Iglesia católica.

- Siendo un experto en cuestiones religiosas y habiendo investigado tan exhaustivamente sobre el tema, ¿cómo juzga la participación de la Iglesia en este episodio?

Hay dos cosas que quiero dejar en claro sobre el asunto. Sin duda la Iglesia se prestó al juego de la dictadura de aquel momento para ocultar el principal emblema peronista, que era el cuerpo de Eva Perón, que se temía fuese robado y con eso los peronistas iniciaran una revolución. Logró birlar la principal bandera peronista por 14 años. Pero objetivamente, también sucedió que el cuerpo fue preservado, porque realmente estuvo muy cerca de ser destruido. Y creo que la Iglesia y particularmente el padre Francisco Rotger contribuyó decisivamente a que el cuerpo no fuese destruido, evitando quizás mayores enfrentamientos en una Argentina que estaba muy dividida. Así que el episodio permite una doble lectura, de dos datos objetivos que ocurrieron, para aproximarnos a una explicación de por qué la Iglesia participó del ocultamiento del cadáver de Eva Perón.

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