Amazonas: no se está quemando el "pulmón del planeta"... es aún peor

Los incendios en la selva amazónica vistos desde el espacio | imagen NOAA

A todos nos alegra acertar en nuestras conclusiones, pero existen ciertas ocasiones en las que nos gustaría habernos equivocado. Hace tan solo unos meses publiqué un artículo que finalizaba con esta frase: “Las industrias beneficiadas por esta deforestación están encantadas, sobre todo con la drástica caída en la vigilancia de sus actividades. El gobierno de Bolsonaro ha emitido menos multas que en cualquier momento en los últimos 11 años y el número de operaciones de inspección ha bajado un 70% respecto al año pasado… en definitiva, hemos puesto al zorro a vigilar a las gallinas, y ya sabemos cómo termina esa fábula”.

Los datos en estos momentos son apabullantes, solo durante este año 2019 se han declarado unos 73.000 incendios en el Amazonas, lo que significa un alarmante aumento del 83% en comparación con los incendios registrados en 2018, y se alza como la cifra más elevada desde que comenzaron los registros por parte del Instituto Nacional de Investigación Espacial del Brasil (INPE) en 2013.

Los titulares de muchos medios anuncian, con buena intención, que se está quemando “el pulmón del planeta” y aunque la idea está muy extendida no es cierta, de hecho es mucho peor...

La deforestación del Amazonas se ha acelerado en los últimos meses | imagen Gran Alianza contra la deforestación

El concepto de la selva amazónica como el pulmón del planeta es erróneo, el verdadero productor de oxígeno en la Tierra son los océanos y los microorganismos, algas, bacterias y fitoplancton que lo habitan. Para explicarlo de manera sencilla: si entendiéramos nuestro planeta como una fábrica y tuviéramos que poner números a esa producción, el resultado sería que los océanos producen el 70% del oxígeno que usted y yo respiramos. El empleado del año en esta imaginaria fábrica de oxígeno sería un género de diminutas cianobacterias (con la denominación científica de Prochlorococcus) a las que deberíamos agradecer una de cada cinco respiraciones que realizamos.

Por supuesto, los bosques también ayudan en esa tarea, pero este proceso ocurre en plantas en crecimiento, o dicho de otra manera, en bosques y selvas jóvenes puesto que necesitan más CO2 para desarrollarse. En bosques tan consagrados como la selva amazónica, con millones de años de antigüedad, el balance entre CO2/Oxígeno se inclina hacia un mayor consumo de O2, por lo que resulta paradójico que los bosques más antiguos sean en realidad de poca ayuda para oxigenar la atmósfera.

Otro incendio aún activo: Gran Canaria vista desde el espacio | imagen NOAA

¿Significa esto que la selva amazónica no es tan importante y estos incendios no son tan graves? Al contrario, cuando un bosque milenario se quema se producen incontables efectos perjudiciales que despliegan sus consecuencias a nivel global.

Ahora que hemos desterrado la idea del Amazonas como “pulmón del planeta” deberíamos pensar en otro concepto: la selva amazónica como un gigantesco contenedor de dióxido de carbono. No debemos pensar que los grandes bosques de nuestro planeta son “fabricantes de oxígeno”, en realidad, son “esponjas que absorben CO2”. Un estudio reciente publicado en Science explicaba que los bosques juegan un papel crucial en el mantenimiento del presupuesto global de carbono. En todo el mundo, absorben 2.400 millones de toneladas métricas de carbono cada año, y el enorme Amazonas absorbe una cuarta parte de ese total.

El Amazonas es nuestro mejor aliado contra el cambio climático, absorbe y sobre todo “guarda y contiene” millones de toneladas de dióxido de carbono al año… que ahora mismo, durante los incendios desatados, se están liberando a la atmósfera.

Durante estos días estamos asistiendo a una masiva oleada de incendios por todo el planeta. Grandes incendios como los de Siberia o la selva tropical del Amazonas, y otros pequeños pero cercanos como el de Gran Canaria que puedo ver desde mi ventana. Millones de toneladas de CO2, un gas con un potente efecto invernadero, que se están liberando a la atmósfera mientras escribo estas líneas.

Si a esto sumamos la acelerada deforestación que se está produciendo en el Amazonas, que por supuesto conlleva otros muchos efectos negativos, como la desertificación o el riesgo de escorrentías cuando llegue la época de lluvias, podremos entender mejor el significado del título de este artículo.

Referencias científicas y más información:

Kintisch, Eli, et al. «Amazon Rainforest Ability to Soak up Carbon Dioxide Is Falling». Science | AAAS, 18 de marzo de 2015.

Columbia Edu “Et tu, O2?

El Tamiz “Falacias - La selva amazónica es el pulmón del planeta

Gustavo Faleiros/Infoamazonia “Satélites de la NASA muestran cómo arde la Amazonia de Brasil” El Espectador