Impulsadas por el brote de 2017, las mujeres buscan ganar más espacios de poder

LA NACION

WASHINGTON.- Para las mujeres, 2017 fue un año de revolución en Estados Unidos. Luego de ese brote, 2018 se perfila como un año de crecimiento en el poder.

Las mujeres se posicionaron como una de las principales fuerzas opositoras en el país a Donald Trump, una revuelta que empezó apenas un día después de su investidura, con la histórica Marcha de las Mujeres, que convocó a medio millón de personas en Washington, y a cientos de miles más en todo el mundo. Ayer, un año después, la movilización regresó con un llamado explícito a trasladar la fuerza opositora del movimiento a las urnas en las próximas elecciones legislativas, cuando podría haber un récord de mujeres candidatas.

Ese mensaje quedó plasmado en carteles, botones, remeras y discursos. Cuatro amigas cruzaban con paso ágil, bajo un tibio sol invernal, el Mall hacia el monumento a Abraham Lincoln, donde se hizo el acto en Washington. Una de ellas vestía una remera negra con un mensaje inspirado en uno de la serie Game of Thrones: "Llegan las elecciones". Hoy, en el acto central, en Las Vegas, se repetirá la misma consigna.

"Es genial. Es hora de que las mujeres se metan en política y expresen su voz", dijo Kris Mancuso (53 años) en la marcha de ayer en Washington.

Las mujeres fueron determinantes en elecciones que sacudieron el tablero político, como Virginia y Alabama, y le dieron vuelo al movimiento #MeToo, que aspira a construir un cambio cultural que destierre el acoso y el abuso sexual. Varias mujeres, incluida Oprah Winfrey, ya deslizan sus aspiraciones presidenciales, y "feminismo" fue la palabra de 2017, según el diccionario Merriam-Webster.

La ceremonia de entrega de los premios Globo de Oro fue, este año, la primera señal visible del poder femenino. El color negro, un símbolo de protesta, se impuso, y la noche, de innegable tinte político, ofreció un nuevo mantra en un claro desafío al poder en manos de los hombres: "Se acabó".

"Estamos viendo que después de las elecciones de 2016 hay una ola de mujeres que están diciendo que quieren tomar un lugar en la mesa de decisiones", dijo Vanessa Cardenas, de la organización Emily's List, que respalda a mujeres que quieren postularse a cargos políticos. "Más de 23.000 mujeres se pusieron en contacto con nosotros porque quieren postularse para un cargo político. En 2016, tuvimos contacto con 926 mujeres, y eso ya era más de lo que normalmente vemos, porque Hillary Clinton era candidata", agregó.

El triunfo de Trump y la derrota de la demócrata -que a pesar de ser una figura controvertida es aún la mujer más respetada del país, según Gallup- impulsó a muchas mujeres a buscar el poder. Este año tendrán su oportunidad en las legislativas.

"Para nosotras, es un momento histórico. Nunca vimos este nivel de energía", afirma Cardenas.

El avance de las mujeres se ha reflejado en otro dato: la lista de precandidatos "presidenciables" para enfrentar -eventualmente- a Trump en 2020 cuenta con un número inédito de mujeres. Hay tres senadoras demócratas que aparecen en franca carrera por la Casa Blanca: Elizabeth Warren, de Massachusetts (que llegó a la lista corta de candidatos a vicepresidente de Hillary); Kamala Harris, de California, y Kirsten Gillibrand, de Nueva York. A ellas se sumó Oprah, que no negó de manera tajante la posibilidad de buscar la Casa Blanca.

El Senado vio otro avance: con la jura de Tina Smith (Minnesota), nunca antes las mujeres habían ocupado tantas bancas en la historia de la Cámara alta. Con todo, aún solo hay 22 mujeres entre los 100 senadores. La llegada de Smith tuvo un valor simbólico: reemplazó a Al Franken, que se vio forzado a renunciar cuando despuntaron denuncias de mal comportamiento en su contra. Gillibrand fue la primera que pidió que diera un paso al costado.

Temores

La escritora Susan Brownmiller, un ícono del movimiento feminista de Estados Unidos, dijo que la repercusión que vio el año anterior, sobre todo a partir del movimiento #MeToo, no tiene precedente. Ya hubo, antes, otros brotes de activismo, pero Brownmiller señaló que nunca había visto algo así. Su temor es que la llama se apague.

"Lo que temo es que, eventualmente, lo que sucederá es que la mayoría de la gente se levantará y dirá: ?Oh, la mayoría de las mujeres mienten', o ?están exagerando' o ?guau, fue una caza de brujas'. Que cuanto antes nos olvidemos, mejor. Eso es lo que temo", indicó en una entrevista telefónica.

Brownmiller dijo además que hay muchas mujeres que no se sienten iguales a los hombres y por eso "la misoginia interna de las mujeres es un gran problema".

Poco menos de la mitad de las mujeres del país, recordó, votó por Trump, que además consiguió un mayor respaldo que Hillary entre las mujeres blancas. Ese respaldo, con todo, empezó a flaquear: un 67% de las mujeres republicanas respaldaba a fines del año anterior al presidente, nueve puntos menos que unos meses atrás, según una encuesta de la Universidad de Monmouth.

"No soy pesimista -dijo Brownmiller sobre el futuro del movimiento-. Pero no voy a hacer predicciones".