¿Las impresiones 3D cambiarán la cultura de los zapatos deportivos?

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Heron Preston con zapatos impresos con tecnología 3D de Heron Preston para Zellerfeld. (Zellerfeld vía The New York Times)
Heron Preston con zapatos impresos con tecnología 3D de Heron Preston para Zellerfeld. (Zellerfeld vía The New York Times)

Heron Preston ha quedado sorprendido unas cuantas veces en los últimos dos años mientras diseñaba un solo zapato. Una de ellas fue cuando un joven ingeniero llamado Cornelius Schmitt le envió un mensaje de WhatsApp en el que le decía que acababa de descubrir cómo imprimir en 3D material similar a un calcetín para un zapato.

“Voy a recordar eso para siempre”, dijo Preston, un diseñador que llevó la moda urbana a la alta costura en la década de 2010 con su colectivo Been Trill.

Esta semana, el zapato de Preston y Schmitt salió finalmente a la venta. Más o menos.

Impresos en Alemania por la empresa de Schmitt, Zellerfeld, los zapatos son acolchados y algo reptilianos, aunque en realidad son aviares, como Preston señala a continuación. Se pusieron a la venta el martes, a través de una rifa benéfica en StockX para ayudar a Global March, una organización sin fines de lucro enfocada en acabar con el trabajo infantil. Un boleto para la rifa cuesta 10 dólares, y solo habrá tres ganadores, que recibirán sus zapatos en color negro, naranja o blanco, de manera gratuita.

Después, el lunes, habrá un lanzamiento más amplio de 200 pares en la página web de Zellerfeld.

Los compradores formarán parte de un programa de pruebas beta que permite canjear los zapatos deportivos, reciclables del todo, y reimprimirlos en un nuevo par cuando haya una actualización disponible. (Todos los compradores recibirán una actualización gratuita. La empresa aún no ha revelado el precio de los zapatos). Pueden pedir su talla de calzado estándar o escanear sus pies mediante una aplicación para obtener un ajuste personalizado.

Es un modelo vanguardista en el terreno de los zapatos deportivos, y Preston, de 38 años, ha comparado la experiencia, que comenzó antes de la pandemia, con ponerse una linterna en la cabeza y sumergirse en una cueva, “sin saber de verdad lo que íbamos a descubrir”.

Heron Preston para Zellerfeld con zapatos impresos con tecnología 3D. (Zellerfeld vía The New York Times)
Heron Preston para Zellerfeld con zapatos impresos con tecnología 3D. (Zellerfeld vía The New York Times)

En esta entrevista editada, profundiza en su deseo de tender un puente entre el mundo de la “superalta tecnología y las calles”.

P: Háblanos de hace dos años. ¿Cómo comenzaste en la impresión 3D?

R: No se trataba de la impresión 3D en sí misma. En realidad estaba explorando soluciones y proveedores sustentables dentro del espacio. Mi amigo tiene una tienda en Bowery llamada Canvas que se dedica a vender solo marcas que cumplen al menos con uno de los ODS, los Objetivos de Desarrollo Sostenible establecidos por la ONU.

Fui a ver el proceso, solo de visita, y me llevó a la parte trasera de su almacén, que parecía más bien una cochera desordenada. Y, mientras observaba todas las cosas con las que había estado experimentando, me mostró esta zapatilla, algo polvorienta y en dos piezas, como un prototipo.

Y luego señala en la esquina, y me muestra una caja realmente enorme, algo polvorienta y cubierta por un montón de libros y cosas. Y él me dijo: “Esa es la impresora que imprimió estos zapatos”.

De inmediato le dije: “Caray, ¿Ahora están imprimiendo zapatos deportivos? ¿Aquí es donde estamos ahora en el mundo?”.

Así que empezó a hablarme de los chicos que construyeron a mano esa impresora y descubrieron cómo imprimir material flexible: unos jóvenes universitarios en Alemania.

En una semana estaba hablando por teléfono con esos chicos para ver cómo podíamos trabajar juntos. Me pareció muy nuevo e innovador, y como alguien que creció coleccionando zapatos y al estar tan cerca de la cultura, me sentí otra vez como aquel Heron de 18 años.

P: ¿Cómo abordaste el diseño de los zapatos?

R: El principio de las colecciones Heron Preston fueron las garzas. Así que pensé: “Vamos a ver si incorporamos algo de inspiración de las patas del pájaro”.

De ahí vienen las escamas. Y es curioso, cuando la gente comenta en Internet, piensan que es un caimán o algo así porque hasta ahí llega nuestro cerebro. Pero de verdad quería hacer esto lo más fiel a Heron Preston como fuese posible.

Así que nuestro chat empezó a llenarse de imágenes de patas de pájaro. Ahí es donde empezamos. En realidad quería impulsar el potencial de lo que podríamos no ser capaces de lograr en el diseño convencional de zapatos deportivos.

P: ¿Qué sentiste cuando te probaste el zapato por primera vez?

R: En cierto modo, eran algo blandas. Eran flexibles, muy flexibles —me sorprendió mucho su flexibilidad— y algo elásticas, pero un poco pesadas.

Así que ponérmelas por primera vez fue muy emocionante, y más emocionante de lo que había sentido al ponerme cualquier cosa en los últimos años.

P: ¿Hay limitaciones en el número de zapatos que puedes fabricar? ¿Puede Zellerfeld vender todo el inventario?

R: De momento vamos a limitarlo, para asegurarnos de que esto no se vuelva una locura y ellos puedan manejarlo, porque es la primera vez que lo hacen.

P: La cultura de los zapatos se ha vuelto un poco loca, con las rebajas y los precios de reventa por las nubes. ¿Cómo crees que la impresión 3D pueda adecuarse o resolver algunos de los problemas que ha presentado la cultura de la publicidad excesiva?

R: La impresión 3D añade un nuevo e interesante componente a esa cultura, ahora que se está trasladando a un espacio “figital” —una combinación de lo físico y lo digital— y sabiendo que es, de manera literal, un diseño digital que ahora puedes comprar, sabiendo que ese diseño siempre estará ahí. El suministro en esencia no se agotará mientras la impresora esté ahí. Tan solo desbloquea el acceso, y eso es de verdad emocionante para los niños de todo el mundo que quieren formar parte de algo.

Imagínate usar tu celular, desplazarte por un diseño y luego pulsar “imprimir” en tu habitación.

Parece algo disruptivo para toda esa cultura de la publicidad exagerada.

© 2021 The New York Times Company

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