La importancia de llamarse Paul

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Iban a acabar con el apagado silencio que dejó en Europa la Segunda Guerra Mundial, pero todavía no lo sabían. Iban a ser ricos, adorados y famosos, pero ni les pasaba por la mente. Iban a provocar un frenesí nunca antes visto y a transformar el mundo tras una década puritana y mojigata, para bien y para siempre, pero aún no tenían ni idea.

Los cuatro nacieron en Liverpool, una ciudad portuaria al noroeste de Inglaterra, cuando el recuerdo de los bombardeos de la luftwaffe nazi que destruyeron la mitad de la ciudad, seguía resonando en la conciencia de sus habitantes. Al principio no eran más que unos jovencitos que vivían obsesionados por el rock and roll que interpretaban Elvis Presley, Chuck Berry y Little Richard. Unos muchachos que diariamente salían de sus casas para reunirse a tocar, a cantar y a soñar. Formaron una banda y actuaron sin descanso en clubs de mala muerte. Pasaron trabajo, hambre y frío, y podían haber sido un grupo más. Sin embargo, como en los mejores cuentos de hadas, el destino quiso que representaran el espíritu indomable y ávido de toda una generación y se convirtieran en el fenómeno musical más grande, más creativo y más innovador del siglo XX.

La banda se llamaba los Beatles, y los nombres de los muchachos eran John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr. Uno de ellos, Paul, ayer cumplió 80 años. Reconocido como un inigualable ícono sin rival del rock, una inspiración para su generación, y una apabullante fuerza musical, el legendario músico continúa siendo el principal keeper del legado de los Beatles. Además, Paul —hace muchos años que dejé de llamar a los cuatro por sus apellidos— es afamado como uno de los mejores bajistas de rock and roll de todos los tiempos, como un consumado baterista y pianista, y como uno de los compositores más prolíficos de todas las épocas en cualquier género.

James Paul McCartney nació el 18 de junio de 1942 en Liverpool, hijo de Mary Patricia, que trabajaba como enfermera y comadrona, y de Jim McCartney, trompetista, pianista y fundador de una pequeña orquesta llamada Jim Mac’s Jazz Band. Se educó en un hogar con una sólida formación musical, y desde muy joven expresó su pasión por la música. El padre tenía un piano en la sala de su casa, y le aconsejó a Paul tomar clases de piano, pero él prefirió aprender de oído. Luego le regaló una trompeta cuando cumplió 14 años, pero cuando el rock and roll sedujo a la juventud a través de la emisora Radio Luxembourg, él la cambió por una guitarra acústica, que le permitía cantar y tocar al mismo tiempo.

A los 15 años, el 6 de julio de 1957, en una fiesta en la iglesia St. Peter en el suburbio de Woolton, Paul conoció a John Lennon y su banda, The Quarrymen, que tocaban una mezcla de rock y skiffle, un tipo de música con influencias del jazz, del blues y del folk. El grupo no tardó en invitar a Paul a unirse como guitarrista rítmico y, de inmediato, formó una cercana relación de trabajo con John. George Harrison se sumó en 1958 como guitarrista líder, y más tarde, en 1960, Stuart Sutcliffe, amigo de John de la escuela de arte, como bajista. Ese año probaron otros nombres como The Beatals, Johnny and the Moondogs y The Silver Beetles. Terminaron por adoptar el nombre de The Beatles e incorporaron al baterista Pete Best, poco antes de ser contratados para tocar en Hamburgo.

Los Beatles, de izq a dcha: John Lennon, George Harrison, Ringo Starr y Paul McCartney en 1967.
Los Beatles, de izq a dcha: John Lennon, George Harrison, Ringo Starr y Paul McCartney en 1967.

Fogueados en las noches interminables de Hamburgo, llenas de sexo, cigarrillos y alcohol, y en el sótano de Liverpool repleto de humedad y de ruido conocido como The Cavern, rápidamente llegaron a ser el conjunto más célebre de todo el Reino Unido.

El cuarteto lanzó Love Me Do, su primer éxito, en octubre de 1962, llegando a la cima de la popularidad en el país. Después que I Want to Hold your Hand, el single que, lanzado el 26 de diciembre de 1963, había vendido millón y medio de copias, y había alcanzado el primer lugar en el Hit Parade, su tenaz manager, Brian Epstein les consiguió la oportunidad única de presentarse ante el público de Estados Unidos: el trampolín que los lanzaría a la conquista del planeta.

El domingo 7 de febrero de 1964 pasó a la historia como el día D de la invasión británica. La banda inglesa que desde lejos venía alborotando a la juventud americana, debutó en The Ed Sullivan Show y ante 73 millones de personas —un récord de audiencia cuando aquello— en vivo y en directo, el cuarteto arrasó en el programa. Varios periódicos describieron lo ocurrido como Beatlemanía y el término se quedó. Según asegura la leyenda, durante el tiempo que duró el show, en Nueva York no se cometió ningún delito.

Desde ese instante nada volvió a ser igual. Y entonces aparecieron las melenas, las barbas, las coposas patillas, los bigotazos. Surgieron las ropas de mil colores, los hippies, y las mujeres y los hombres aprendieron a ser más libres, a descubrir a plenitud su sexualidad, a colgarse flores y collares. Y todo se llenó de ellos y todo cambió y todos cambiamos.

Ya octogenario, Paul se encarga de que el enloquecedor hechizo de los Beatles siga hoy en millones de corazones y que el tiempo se niegue a pasar por él.
Ya octogenario, Paul se encarga de que el enloquecedor hechizo de los Beatles siga hoy en millones de corazones y que el tiempo se niegue a pasar por él.

Los Beatles fueron para toda una generación la energía que estaba esperando, la ráfaga de entusiasmo, vigor y furia que le faltaba al planeta.

En abril de 1970 se separaron, cada cual se hizo solista, y Paul empezó una flamante carrera a solas que ya cumplió cincuenta años.

El descomunal terremoto artístico de los Beatles y de Paul McCartney, un imparable mito viviente de la música contemporánea y uno de los dos sobrevivientes de una banda que partió en dos la historia del siglo XX, sigue absolutamente imperecedero. Su inmortal grandeza se comprende oyendo una vez más sus canciones y disfrutándolas como si fuera la primera vez.

Ya octogenario, Paul se encarga de que el enloquecedor hechizo de los Beatles siga hoy en millones de corazones y que el tiempo se niegue a pasar por él.

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