El imperio de Son. Las dos caras del mayor fondo de inversión en tecnología

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El presidente ejecutivo y presidente de SoftBank, Masayoshi Son, posa con el robot humanoide "Pepper" durante su presentación
El presidente ejecutivo y presidente de SoftBank, Masayoshi Son, posa con el robot humanoide "Pepper" durante su presentación

Todos los días, de ocho de la mañana a diez de la noche, Son Masayoshi está sentado en su mansión en Tokio haciendo algo que lo entretiene como ninguna otra cosa: evaluar a empresas tecnológicas y entregarles dinero. Trabajar desde casa no ha trabado al multimillonario líder de SoftBank. En la presentación de los resultados del grupo japonés el 12 de mayo Masa, como es conocido universalmente, alardeó de que había respaldado a 60 compañías en tres meses. Entre enero y marzo entregó US$210 millones por semana.

En los últimos cuatro años SoftBank ha volcado aproximadamente US$84,000 millones en financiar startups. Era el mayor inversor en tecnología del mundo incluso antes de complementar un vehículo de US$98.600 millones que administra, el Vision Fund, con una hermana que ahora reúne US$30.000 millones. Las 224 firmas tecnológicas que ha respaldado van desde startups en sus primeras fases a gigantes establecidos tales como ByteDance, dueña de TikTok, donde pasa su tiempo la generación Z. Nombres como Plenty, Better y Forward implican misiones de transformar industrias como las de los alimentos, la salud y la banca. En base a las valuaciones usadas por SoftBank y otros fondos de capital de riesgo (CR), las compañías respaldadas tienen un valor colectivo colosal de US$1,1 billón, según el proveedor de datos Pitchbook.

La revancha de SoftBank. El ave fénix de los negocios

En la primera mitad de 2020 casi se derrumba todo el imperio tecnológico de SoftBank. Al extenderse el Covid-19 e impactar en los mercados, quienes prestan dinero a SoftBank se asustaron. Los rendimientos de sus bonos se elevaron. Los inversores se preguntaban cómo -o si- las jugadas de Son permitirían sobrellevar la pandemia. Su modo de manejarse -grandes apuestas basadas menos en las hojas de cálculo que en la “sensación de fuerza” de un negocio- parecía más arriesgado que nunca. El lanzamiento inicial de acciones de WeWork, una firma de oficinas compartidas, colapsó a fines de 2019 antes de la pandemia. Entre febrero y marzo de 2020, el precio de las acciones de SoftBank se hundió más del 50 por ciento.

“Masa se acercó a las llamas” resume una persona cercana a SoftBank. Pero entonces los mercados se recuperaron. La Reserva Federal estaba bombeando liquidez por la vía de dar soporte al mercado de bonos corporativos calificados como basura (la deuda de SoftBank estaba calificada por debajo de grado de inversión) y SoftBank anunció la venta de US$41.000 millones de sus US$252.000 millones en activos totales para apuntalar su posición.

Ahora Son nuevamente se ve como un genio. Respaldar a las tecnológicas más amadas se demostró la estrategia perfecta en la economía del coronavirus digitalmente acelerada. Sus intuiciones han dado réditos. En tan sólo un año SoftBank pasó de modo supervivencia a lanzar dinero como un cajero automático gigante. El lanzamiento accionario inicial de Coupang, un e-commerce coreano, le permitió a SoftBank cosechar US$24.000 en ganancias. Varias firmas más que respaldó se lanzaron a un mercado bursátil que se puso al rojo vivo en el verano boreal pasado. El mes pasado SoftBank informó ganancias netas anuales de US$46.000 millones, la cifra más elevada de la historia de una compañía japonesa. Y hay más por venir: el 10 de junio Didi Chuxing, una firma de viajes compartidos china de la cual el 20% pertenece a SoftBank, dijo que haría su lanzamiento inicial de acciones con una valuación de alrededor de US$100.000 millones. Pese a una reciente baja SoftBank vale US$126.000 millones, lo que es US$60.000 millones más que en el punto más bajo en marzo de 2020.

Como dice un gran accionista de SoftBank luego de un periodo como este, “son intocables”. Quedó olvidado el hecho de que las grandes ganancias de SoftBank siguieron a una de las mayores pérdidas en la historia corporativa de Japón un año antes. Quedó olvidada también una crítica familiar en los últimos años: que Masa, que es responsable de última por cada yen gastado por el grupo, escoge inversiones infladas.

Quizás lo más olvidado de todo es que SoftBank, habiendo llegado a ser el epítome de la ola tecnológica, ocasionalmente ha actuado con lo que algunos observadores consideran modos cuestionables. Ha roto con estándares de dirección comunes. Se ha enredado en los dos mayores escándalos corporativos de Europa en los últimos años: por Wirecard, un procesador de pagos alemán fraudulento, y Greensill, una firma británica que financia cadenas de producción que ahora se enfrenta a la bancarrota. Y se ha fusionado de modo cada vez más estrecho con su fundador.

Capacidad de reinvención

Creado por Son en 1981 para distribuir programas de computación, SoftBank se dedicó por primera vez a los servicios de Internet en la década de ’90, antes de reinventarse como un negocio de telecomunicaciones. Compró las actividades japonesas de Vodafone, una empresa de servicios celulares británica en 2006. En 2013 sumó Sprint, un proveedor de telefonía móvil estadounidense. En ese camino en 2000 Son pagó US$20 millones por una participación en una nueva empresa de comercio electrónico china llamada Alibaba. La apuesta genial- Alibaba es ahora un gigante global con un valor de casi US$600.000 millones- hizo quedar a Son como un visionario tecnológico. También le inspiró para transformar a SoftBank en una firma de inversiones.

En 2018 Son vendió algunos activos de telecomunicaciones japoneses y creó el Vision Fund. No contento con crear un típico vehículo de entre US$1000 y 10.000 millones, con la ayuda de Rajeev Misra, un exfinancista del Deutsche Bank con buenas conexiones y lugarteniente clave de Son, atrajo US$45.000 millones del Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudita (FIP) y US$15.000 millones de Mubadala, el fondo de riqueza soberana de Abu Dhabi. La firma japonesa aportó US$28.000 millones y activos propios, incluyendo una participación en Arm, un diseñador de microchips británico que había comprado en 2016.

Masayoshi Son, presidente de SoftBank
Japan Times


Masayoshi Son, presidente de SoftBank, logró surfear con éxito la pandemia y sus inversiones vivieron una fuerte recuperación en los últimos meses (Japan Times/)

Hoy en día los negocios de SoftBank se pueden agrupar en cuatro grandes divisiones. La más valiosa de lejos es la participación del 24.85% en Alibaba que vale US$144.000 millones. La segunda parte contiene el negocio de telefonía celular que aún le queda y Arm (aunque Arm va camino de la venta). Los dos Vision Fund de SoftBank componen la tercera porción. Finalmente viene Northstar, un fondo de alto riesgo interno creado hace un año. En el centro está Son. “Es una compañía, el show de Masa, eso es todo”, resume un ex ejecutivo.

Son tiene dos grandes ideas para la última apuesta de SoftBank. La primera es combinar inversión en tecnología con ingeniería financiera. Para aumentar las ganancias ha tomado la inversión de riesgo (IR) tradicional y agregado apalancamiento y estructuras complejas. En segundo lugar, Son quiere crear un “ecosistema” tecnológico general con SoftBank en el centro. Aunque SoftBank a menudo sólo tiene muy pequeñas participaciones en compañías, quiere que trabajen juntas como si fueran parte de un grupo. El modelo es evocativo, aunque no idéntico, de los conglomerados japoneses como Mitsubishi, con tentáculos en las finanzas, la fabricación de autos y mucho más, que se ayudan entre todos.

Ni tan endeudado ni tan solo

SoftBank insiste en que su política corporativa y sus finanzas están bien. Desde hace mucho sostiene la política de tener dinero a mano para repagar todos sus bonos que maduran en los dos años siguientes. Las ventas de activos luego de la crisis de los últimos años resultaron en un grupo menos endeudado. SoftBank dice que no quiere tomar más crédito que un cuarto del valor de las tenencias (por ejemplo en Alibaba) que son utilizadas a menudo como garantía para los préstamos.

Esto es solo un consuelo parcial para accionistas minoritarios y otros observadores. El nivel de endeudamiento sostenido por SoftBank es elevado de acuerdo a los estándares de las firmas de inversión. Standard & Poor’s (S&P), una agencia de calificación de riesgo, dice que no está de acuerdo con la manera en que SoftBank calcula la razón entre endeudamiento y activos. SoftBank dice que S&P calcula la razón utilizando su propia metodología; ha revisado su perspectiva de calificación para SoftBank de negativa a estable. Algunos de los holdings de inversiones reciben calificaciones mejores por parte de S&P que SoftBank a pesar de que sus razones incluyendo los ajustes de S&P son más débiles que las del grupo japonés. Un vocero de SoftBank dice que a medida que establezca un récord de mejora esto ayudará a que se eleve la calificación de S&P. La compañía está “continuando la comunicación con (S&P) para que eleve la calificación”.

El endeudamiento aparece en toda la compañía. El Vision Fund puede tomar crédito contra las compañías de la que es dueño, las que a su vez están endeudadas. Se sabe que Son ha aportado sus propias acciones a SoftBank para financiar actividades relacionadas con la firma. Moody’s, otra firma de calificación de riesgo, describe la estructura de capital resultante como fluida, compleja y con transparencia limitada. Los analistas se quejan de que la información en el mejor de los casos es desigual.

La dirección corporativa, la deuda, la asociación de SoftBank con Wirecard y Greensill: no es probable que ninguna de esas cosas esté preocupando a Son en el momento. Hay señales de que se siente envalentonado luego de haber sobrevivido a la versión corporativa de una inundación de 100 años.

Eso podría ser peligroso si creen que hay menos necesidad de estar atentos a la gobernancia corporativa”. Los inversores se vieron sorprendidos por la noticia en mayo de que en vez de seguir recomprando acciones, como quisieran, Son está triplicando el tamaño del Vision Fund 2, de US$10.000 millones a US$30.000 millones. A diferencia del primer Vision Fund, donde socios limitados externos a veces actuaban como freno, el nuevo fondo no tiene inversores externos.

SoftBank Group gana un récord de 37.845 millones en su año fiscal por el resultado de sus inversiones

Pareciera que Masa tiene aún más libertad para tantear el ambiente. El 10 de junio el nuevo fondo encabezó una inversión de US$639 millones en Klarna, una firma de tecnología financiera sueca. Esa y otras apuestas de tamaño similar son mucho mayores que las inversiones del año pasado de menos de US$100 millones. SoftBank ha creado tres compañías de adquisiciones para propósitos especiales esperando reunir entre todas aproximadamente US$1000 millones y luego fusionarse con startups, incluyendo posiblemente, según ha dicho SoftBank, algunas de las firmas de los dos Vision Funds. Eso generaría aún más conflictos de interés potenciales.

El caso a favor de SoftBank es simple. Es una apuesta sin complejos a que las firmas basadas en la tecnología seguirán su ascenso meteórico. Puede prosperar mientras los inversores estén dispuestos a financiar compañías que dan pérdidas con la esperanza de futuras riquezas. Por ahora lo están. Pero el reciente auge de los lanzamientos iniciales de acciones se está agotando. Gran parte de la ganancia récord de SoftBank tiene un asterisco: los precios de las acciones que ayudaron a generarla ya habían empezado a caer. Coupang perdió un quinto de su valor de mercado desde su lanzamiento. SoftBank y sus accionistas son conscientes de que la fiesta en los mercados podría llegar a su fin, especialmente si los bancos centrales elevan las tasas de interés ultra bajas que hacen barato el crédito y atractivas las acciones en ascenso. La recuperación de Masa el año pasado fue rápida, pero también afortunada. Puede no estar lejos la próxima prueba de estrés para SoftBank.

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