Impeachment: American Crime Story es un recordatorio de cómo los 90´s prepararon a las mujeres para el fracaso

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Impeachment: American Crime Story, la explosiva dramatización del caso Clinton-Lewinsky, comienza como una historia de control. En cada fotograma, las mujeres se aferran a él. Anhelan controlar sus cuerpos, sus vidas profesionales, sus matrimonios. Linda Tripp (Sarah Paulson) comienza cada día con un batido de dieta Slim Fast. En el trabajo, intenta aprovechar los cotilleos del Capitolio para avanzar en su carrera. Monica Lewinsky (Beanie Feldstein) va al gimnasio y pide sus cafés sin grasa. Mientras tanto, Paula Jones (una matizada Annaleigh Ashford), que lucha contra sus propias acusaciones de acoso sexual contra Bill Clinton, sólo quiere que su vida familiar se calme.

Las dos primeras temporadas de American Crime Story se centraron en el juicio de OJ Simpson y en el asesinato de Gianni Versace, respectivamente, y ha llegado el momento de esta tercera entrega. Han pasado siete años desde que Lewinsky, productora de la serie, volvió a la palestra pública con un ensayo en Vanity Fair titulado “Shame and Survival”. La mirada colectiva se ha recargado en los años noventa. Artículos y podcasts se han esforzado por rehabilitar a las mujeres (generalmente injustamente) denostadas de la década. En este sentido, Impeachment tiene mucho que decir. Es un recordatorio sin concesiones de cómo las mujeres de aquella época fueron predispuestas a fracasar: por los sistemas que las enfrentaron entre sí, por la cultura que las puso en guerra con sus cuerpos y, quizás sobre todo, por los hombres que las socavaron, degradaron y maltrataron.

Comenzamos en 1993. Bill Clinton acaba de elegir a Ruth Bader Ginsburg para el Tribunal Supremo. La medida, nos dicen, es un “jonrón para el presidente” que, con suerte, distraerá a la opinión pública de la actual controversia de Whitewater. Aquí, el Impeachment marca la pauta: en este mundo, lo que debería considerarse un gran logro para las mujeres (Ginsburg fue la segunda mujer en la historia del tribunal) se replantea inmediatamente a través del prisma de los hombres a los que beneficiará.

Este es un tono inteligente para una serie que nos pondrá en compañía de una amplia gama de personajes controvertidos. Tripp, que grabó en secreto sus conversaciones telefónicas con Lewinsky (en las que la exbecaria de la Casa Blanca hablaba de su aventura con Clinton y luego las filtró), nunca resulta simpática, pero la serie le da el suficiente desarrollo de carácter como para generar algún tipo de empatía. Es una madre divorciada de dos hijos con un sentido exagerado de su propia importancia y una tendencia a hablar con desprecio de los que tienen un rango inferior al suyo, quizá porque su trabajo como funcionaria implica principalmente la gestión de los calendarios y las necesidades personales de los hombres que la rodean.

La interpretación de Paulson como Tripp es aún más sorprendente cuando se yuxtapone a la de Ashford como Jones. Mientras que Tripp es arrogante, Jones es tímida. Ashford hace que su vulnerabilidad sea a la vez desgarradora y comprensible. Como la Jones de ojos saltones y acento de Arkansas, también pronuncia una de las mejores frases del primer episodio: “Soy de Lonoke. Mi padre era predicador. No voy a ir por ahí a conferencias de Gestión de Calidad repartiendo sexo oral”. Al fin y al cabo, esta es una serie de Ryan Murphy. Incluso el tema más espinoso está destinado a tener matices de comedia oscura.

La dulce y educada Lewinsky de Feldstein tiene un aspecto siniestro. Es una mujer joven en una situación imposible, que parece pensar que todo irá bien si puede evitar hacer olas hasta que termine su trabajo temporal en Washington, DC. Por supuesto, sabemos que no será así, y la disonancia nos mantiene atentos.

Si usted, como yo, se ha criado fuera de Estados Unidos, quizá recuerde haber concebido por primera vez el escándalo Clinton como el último cuento popular estadounidense. En mi Francia natal, se tiende a poner los ojos en blanco ante la idea de que un presidente sea destituido “por tener una aventura”; por supuesto, eso no fue lo que ocurrió, la Cámara de Representantes destituyó a Clinton por cargos de perjurio ante un gran jurado y obstrucción a la justicia, pero incluso ahora Francia suele tener dificultades para comprender plenamente lo que ocurre en Estados Unidos, así que imagina el estado del discurso antes de Internet.

Aquellos que ya estén familiarizados con los acontecimientos que se narran en Impeachment probablemente no encontrarán muchas novedades; es lo normal cuando se profundiza en un tema tan documentado. Sin embargo, hay algo conmovedor en ver cómo esos acontecimientos cobran vida en la pantalla. Impeachment trata, y a menudo lo consigue, de hacerte sentir como si lo estuvieras viviendo en tiempo real. No siempre es cómodo, pero es necesario.

Leer más: Impeachment: American Crime Story: Monica Lewinsky está “orgullosa” y “nerviosa” ante el estreno de la serie

Impeachment: American Crime Story se emite en la cadena FX en Estados Unidos, y aún no se ha anunciado la fecha de estreno en el Reino Unido.

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