Qué impacto puede tener en la región el triunfo de Gabriel Boric

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Gabriel Boric presidente electo de Chile
Gabriel Boric presidente electo de Chile

Aún antes de que se confirmara el triunfo de Gabriel Boric tras dos años de vértigo político, Chile tenía una certeza: el próximo presidente gobernará un país más polarizado. Esta novedad política, la exclusión del proceso de toma de decisiones de las dos grandes coaliciones que ocuparon el centro del poder desde el retorno de la democracia, no solo va a generar cambios profundos internos, también puede redefinir el lugar que ocupa en la región un país que durante años fue considerado modelo de estabilidad política y económica.

“Definitivamente creo que el triunfo de Boric, sobre todo puertas afuera de Chile, va a fortalecer a los discursos más anticapitalistas”, señala Juan Negri, director de la carrera de Relaciones Internacionales de la Universidad Di Tella.

La izquierda regional, desde los sectores más moderados a los más extremistas, está celebrando el triunfo de Boric, pese a que el candidato de Apruebo Dignidad ya ha dejado en claro su postura de rechazo a gobiernos autoritarios de la región, como los de Venezuela, Nicaragua y Cuba.

Pese a algunos temores iniciales de que podría enturbiarse el proceso electoral, hasta ahora ha primado la fuerte institucionalidad que caracterizó a la democracia chilena durante las últimas décadas: los resultados se conocieron en menos de dos horas, José Antonio Kast admitió la derrota sin excusas ni denuncias, y como es habitual el presidente en ejercicio llamó a quien será su sucesor.

Piñera felicitó a Boric
Canal 13 de


Piñera felicitó a Boric (Canal 13 de/)

Las próximas semanas serán clave para entender cómo empieza a configurarse el nuevo escenario político. Con más o menos matices, durante los gobiernos de la Concertación y de la coalición de centroderecha hubo cierto consenso para manejar las relaciones exteriores como una política de Estado, pero el nuevo escenario de polarización ahora puede cambiar las cosas. Si entre Sebastián Piñera y Michelle Bachelet había una distancia ideológica, entre Kast y Boric hay directamente un abismo.

“Cada vez en más países hay oficialismos y oposición de distintos extremos ideológicos, lo que hace muy difícil el diálogo y por lo tanto los consensos y las políticas de Estado. Y eso afecta particularmente a la política exterior, porque estás teniendo gobiernos que la subordinan para cuestiones domésticas, por ejemplo, para buscar apoyo en las bases de partidarios o en los países de la región que tienen gobiernos de símbolo ideológico parecido”, dice a LA NACION Francisco de Santibañes, vicepresidente del CARI.

De Santibañes ilustra cómo este proceso fue afectando la integración regional con el Mercosur, que en un principio se convirtió en política de Estado de los países miembro más allá de los partidos que estuvieran en el poder, pero con el correr de los años eso se fue perdiendo. De igual manera aparecieron organismos impulsados por líderes de izquierda como la Unasur y por gobiernos de derecha como el Prosur, que perdieron continuidad cuando cambió el signo ideológico de los gobiernos.

Pepe Mujica, Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Lula da Silva
Presidencia


Pepe Mujica, Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Lula da Silva (Presidencia/)

“Es un fenómeno que está cada vez más presente en la región y que está dificultando las relaciones entre los países. Y en Chile es probable que pase algo parecido. Ya son más difíciles los consensos en política doméstica y en política exterior también”, concluye De Santibañes.

En la misma línea, en un artículo publicado en la revista Foreign Affairs, Paul J. Angelo, especialista en estudios latinoamericanos del think thank norteamericano Council on Foreign Relations (CFR) afirmaba antes del ballottage que “no importa quién gane, la elección polarizada de Chile pondrá en peligro el papel del país como un intermediario a favor de la democracia en América Latina”.

Angelo destacaba que a lo largo de los últimos años Chile fue garante de los acuerdos de paz en Colombia, ejerció un fuerte liderazgo en las negociaciones para resolver democráticamente la crisis de Venezuela, fue uno de los principales contribuyentes de las fuerzas de paz de la ONU en Haití y dirigió la creación del nuevo organismo regional Prosur. Sin embargo, “ni Boric ni Kast parecen inclinados a continuar esta tradición de liderazgo regional”, afirmó.

Ya durante la campaña salieron a la luz las tensiones internas que hay dentro de la coalición de Boric, después de que el Partido Comunista respaldara la elección de Daniel Ortega. El candidato presidencial respondió a sus socios de manera tajante y dijo que en su gobierno “el compromiso con la democracia y los derechos humanos será total, sin respaldos de ningún tipo a dictaduras y autocracias, moleste a quien moleste”.

El episodio puede ser un anticipo de que Boric tendrá que hacer un equilibrio en política exterior. “Es probable que Boric se una a la Argentina y México en la búsqueda de la no interferencia regional, lo que puede envalentonar a los autócratas latinoamericanos en lugar de aislarlos”, destaca Angelo.

Algunas posturas de Boric podrían afectar la reputación que tiene Chile como uno de los países con mejor clima de negocios de la región. Por ejemplo, prometió revisar varios tratados de libre comercio, entre ellos el firmado con Estados Unidos en 2003, lo que puede anticipar algún roce con la Casa Blanca.

Desde un punto de vista más simbólico, la elección también puede contradecir la narrativa que ubicaba a Chile como el ejemplo de que el capitalismo podía funcionar en América Latina, una región con una larga tradición de descreimiento en este sistema económico y darle argumentos a quienes creen que el modelo neoliberal no corrigió la desigualdad.

Un carabinero durante el estallido de 2019
Un carabinero durante el estallido de 2019


Un carabinero durante el estallido de 2019

“Chile era un ejemplo de capitalismo, producía crecimiento y ayudaba a reducir la pobreza y marginalmente reducir la desigualdad, no tanto como se esperaba y de hecho probablemente eso es lo que generó el descontento de muchos”, dice a LA NACION el analista político chileno y profesor de la Universidad de Nueva York (NYU) Patricio Navia.

“Si Boric logra hacer un gobierno exitoso que avance más rápido en crecimiento económico y en reducción de la desigualdad, pues entonces va a ser un ejemplo para el resto de América Latina. Si en cambio gana y lidera un gobierno que produce poco crecimiento, que tiene problemas de deuda, problemas de inflación, problemas de estancamiento económico, de desempleo y de aumento de la pobreza, pues entonces la gente va a añorar los años de la Concertación”, agrega Navia.

Por último, y para agregarle más complejidad al escenario, Boric va a tener dos obstáculos: un Congreso dividido y los límites que le imponga la Convención Constituyente. A diferencia de los procesos constituyentes de los últimos años en países como Venezuela, Bolivia y Ecuador, en la que los presidentes armaban constituciones a su medida, en el caso chileno la nueva Carta Magna puede llegar a convertirse en un corset para Boric.

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