La imagen de paz se rindió a los radicales

Tomás Marcó del Pont

BARCELONA.- La Marcha de la Libertad tenía todos los condimentos para ser una jornada histórica para los catalanes. Decenas de miles de personas caminaron hasta Barcelona desde distintos puntos de la Comunidad Autónoma de Cataluña para expresar en paz su disconformidad con la condena a los líderes del procés. Pero pasó a la historia por ser una de las noches más violentas en los últimos años.

Los enfrentamientos entre los manifestantes y la policía volvieron a opacar la lucha de una multitud que desde el lunes protesta por lo que ellos llaman una "condena injusta".

Luego de una convocatoria multitudinaria por la tarde en el centro de la ciudad donde prevaleció la paz y la tranquilidad, los violentos se volvieron a chocar con la policía, que respondió ante cada ataque de los radicales.

La marcha tuvo dos caras muy visibles. Por la tarde, la ola de gente que venía caminando desde el miércoles de Girona, Vic, Tarragona y Berga, entre otros, arribó a Barcelona. Chicos, adolescentes, familias enteras y hasta gente en silla de ruedas y bastón marcharon por Passeig de Gracia y alrededores. Banderas, carteles, mensajes para el gobierno español. Gritos, cantos, silbidos. Pero todo en paz.

"Esta es la imagen que queremos que dé vuelta al mundo, no lo que pasó las noches anteriores", dijo Alba, una señora de 67 años que llegó a la ciudad tras caminar 25 kilómetros desde Premiá del Mar a LA NACION.

"Los jóvenes que generaron los incidentes las últimas noches no son nuestros hijos ni nuestros nietos", agregó, sin saber que en las horas siguientes se iba a producir un caos mucho mayor del que venía sucediendo.

Nadie se imaginaba lo que iba a pasar. A pocos metros de donde muchas familias ya se sentaban en las terrazas de la Rambla luego de marchar, un grupo de manifestantes lanzaban piedras y latas a la policía, que respondía con bengalas y balas de goma.

Con el correr de las horas, la escalada de violencia creció considerablemente cuando la policía comenzó a avanzar contra los manifestantes, que cada vez estaban más eufóricos. "Sin violencia no hay revolución", decía una estudiante de Medicina de 19 años encapuchada, que prefirió no dar a conocer su identidad.

Fuego

El grupo de independentistas que se enfrentaron a la policía no tenían intención de retroceder. Prendieron fuego tachos de basura, contenedores, motos, vallas y hasta rompieron comercios, mientras los efectivos policiales intentaban dispersar con balas de goma a la multitud. Pero no les fue posible y fueron más allá.

Sobre las 22, los Mossos d'Esquadra -la policía regional- utilizaron por primera vez una tanqueta de agua que compraron en 1994 a Israel, con la que intentaron abrirse paso ante las distintas barricadas que había en las calles. A su vez, utilizaron los móviles policiales para dispersar de manera más agresiva a los jóvenes que continuaban con los disturbios.

Luego de cinco días de disturbios, el Ministerio del Interior confirmó que hubo más de 200 agentes de seguridad heridos, 800 contenedores y 107 móviles policiales se prendieron fuego, así como 130 personas detenidas. Los números asustan, las imágenes también.

Entrada la noche, las calles de Barcelona seguían ardiendo. El fuego estaba presente en muchos rincones de la ciudad. Los turistas, sorprendidos, no dejaban de sacar fotos a una situación que nunca pensaron que iban a vivir estando de vacaciones.

Los disturbios seguían y algunos vecinos intentaban apagar las llamas y disuadir a aquellos que continuaban con el caos. Un fiel reflejo de las dos Cataluñas.