La Iglesia pide detener el clima de descalificaciones y agresiones de la política argentina

El obispo Oscar Ojea, en su última visita al presidente Alberto Fernández
El obispo Oscar Ojea, en su última visita al presidente Alberto Fernández

Con el objetivo de dejar en claro las deudas más acuciantes que aún esperan respuestas en la Argentina, la comisión ejecutiva del Episcopado se inspiró en el reciente mensaje del papa Francisco sobre la Jornada Mundial de la Paz, donde insiste en promover la búsqueda de acuerdos, en dirección al bien común.

Las cuentas pendientes que ven y lamentan los obispos argentinos en las puertas de un año electoral se resumen en la necesidad de buscar consensos para resolver los problemas, asegurar la convivencia democrática y dejar de lado todo lo que acreciente las divisiones, ponga en riesgo la institucionalidad y postergue “la discusión de los temas urgentes en relación con la pobreza, la deuda social, la educación y el crecimiento del país”.

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Salvo la herida lacerante de la pobreza, que hoy le arrebata la dignidad a 18 millones de personas en la Argentina, la mayoría de los otros temas planteados en el documento no habían salido a la luz en la última audiencia que el presidente Alberto Fernández le concedió hace dos semanas a la conducción del Episcopado, encabezada por su titular, el obispo Oscar Vicente Ojea.

Es una clara señal de que la exigencia de la Iglesia de buscar “el máximo respeto a la Constitución nacional” responde a situaciones planteadas en los días posteriores a la reunión con el Presidente, como la decisión del propio Alberto Fernández de desoír y no acatar el fallo de la Corte Suprema de Justicia que obligó a restituir a la Ciudad de Buenos Aires los recortes de los fondos de coparticipación. Pero la preocupación del Episcopado se extiende a otros ataques al Poder Judicial.

Lo que motivó el pronunciamiento del Episcopado fueron la situación social y el continuo clima de descalificaciones y agresiones que se ven en todos los sectores de la política, además de la decisión de darle centralidad a un mensaje de Francisco en el que insiste en la inclusión en medio de la crisis y en que “nadie se salva solo”.

“Frente a los acontecimientos que son de público conocimiento, el llamado de los obispos no está destinado a un solo sector, sino a todas las organizaciones políticas y sociales del país”, aclaró a LA NACION un atento observador de los pronunciamientos episcopales. Los obispos entendieron, además, que era necesario aportar una palabra ante la inminencia de un año electoral ante la profunda división y la necesidad de no postergar la atención de las urgencias sociales.

La última reunión del presidente Alberto Fernandez con la conducción del Episcopado, que encabeza el obispo Oscar Ojea, el 14 de diciembre pasado
La última reunión del presidente Alberto Fernandez con la conducción del Episcopado, que encabeza el obispo Oscar Ojea, el 14 de diciembre pasado

La enseñanza de los jugadores

Los obispos destacaron especialmente el “inolvidable triunfo deportivo de la Selección nacional de fútbol” en el Mundial de Qatar.

“Festejándolo supimos postergar diferencias y superar divisiones en la experiencia emocionante de una alegría común”, señaló la Iglesia, al ponderar el logro de las nuevas caras del deporte, que no quisieron mezclarse con las autoridades políticas, al no aceptar una invitación deñ Presidente para recibirlos en la Casa Rosada, ni quedar entrampados con la bienvenida que el ministro del Interior, Eduardo Wado De Pedro, quiso darles en el aeropuerto de Ezeiza.

También apuntaron en el contundente pronunciamiento que “es imprescindible superar la desmesura que nos lleva a agredir y descalificar a quienes no piensan como nosotros”. La tentación de pretender construir un pensamiento único es una crítica constante en las palabras de los obispos y en la del Papa.

Además, el Episcopado dejó fuertes advertencias sobre los manejos irregulares que suelen presentarse en las campañas electorales en el juego político de la Argentina.

“La crisis que vivimos exige para este nuevo año 2023, no pensar solo en preservar los intereses personales, partidarios y electorales, sino buscar decididamente, en el máximo respeto a la Constitución nacional, aquellos consensos básicos que aseguren el compromiso para superar los urgentes problemas del país”, concluyen los obispos, que no temen hacer referencia explícita al año de elecciones, en medio de la profunda crisis social.