Iglesia duplica atención a necesitados por crisis en España

MADRID (AP) — Hombres y mujeres de distintas edades, condiciones y procedencias guardan pacientemente turno para recibir comida caliente mientras voluntarios los sirven. Hay unas 200 personas en la fila de un comedor social regentado por Hijas de la Caridad en esta ciudad casi vacía porque los residentes habituales fueron a pasar el verano a otras localidades.

Gregorio Martínez Sánchez, carnicero de profesión, interrumpe su jornada laboral de 11 horas para añadir otras dos de servicio voluntario en el comedor, lo cual también implica una hora adicional en transporte público.

"Vengo a echar una mano por una promesa que me hice", comentó Martínez, madrileño de 51 años, mientras apura un cigarrillo en un breve descanso. "Aquí viene mucha gente, unas 500 personas al día entre los tres turnos que hacemos: uno a las 11 de la mañana para familias que se llevan la comida a casa y dos más a las 12 y a las 13 (horas) para adultos", explicó.

El menú del día consiste en paella de mariscos, pollo asado, pan, bebida y postre.

La crisis económica parece haberse ensañado contra España, país que en épocas de bonanza fue destino de notables olas migratorias.

Pero la economía, fuertemente basada en la industria del turismo y la construcción, se ha estancado y las recientes cifras de más de un 20% de desempleados suponen una pesada carga para el gobierno, que además se ha visto forzado a recortar drásticamente su presupuesto para satisfacer las exigencias de los mercados y organismos internacionales.

Las instituciones públicas, fuertemente limitadas por los recortes sociales, luchan a diario por atender a los más necesitados, pero no se dan abasto.

"Cada día son más los que vienen", admitió sor Carmen Briones, de 38 años y directora del centro desde hace cuatro.

"Cuando llegué en 2007, servíamos unos 350 platos diarios y luego pasamos a 450, hasta que en 2008, cuando estalló la crisis, alcanzamos el tope de 670. Ahora hemos reducido forzosamente la incorporación diaria de nuevas personas a 4, mientras que antes aceptábamos una docena", detalló.

Sin embargo, los "indignados" o miembros del 15-M, como se denomina al movimiento que surgió con el estallido de grandes protestas el 15 de mayo, han criticado la visita papal por el costo que tendrá para la ciudadanía en estos tiempos de crisis, dado que el gobierno corre con parte de los gastos.

Entre los asiduos del comedor están Isabela Klis, polaca de 59 años que acude con su hijo, Mijau Markrieviecz, de 35, tras quedarse ella sin su empleo de limpieza y él sin nada que hacer tras cerrarse la temporada de recogida de la aceituna en Andalucía; los 480 euros que recibe Klis de la subvención del gobierno son claramente insuficientes.

También Henry Sanmartín, ecuatoriano de 37 años, que se ha quedado sin empleo y nuevamente sin permiso de trabajo, tras descubrir que, tras año y medio ejerciendo de conserje y figurante televisivo, la empresa que lo contrató sólo le cotizó dos meses en la seguridad social. "Me quejé y les expliqué que era una gran putada para mi quedarme sin permiso de trabajo, pero no me hicieron ni caso", se lamentó.

Aunque el recurrente tema de los papeles sigue siendo uno de los principales escollos de los inmigrantes, muchos de ellos, como el compatriota de Sanmartín, Jorge Valencia, trabajador de la construcción de 51 años nacido en Guayaquil y llegado a Madrid hace una década, siguen sin poder encontrar empleo pese a tener todos los documentos en regla.

"Cuando la industria iba bien, ganaba unos 2.500 o 3.000 euros al mes y mandaba unos 1.500 a mi familia en Ecuador", recordó.

Pero "este mes no he conseguido trabajo y no he podido enviarles nada", agregó.

Es la misma situación que la del peruano de 25 años Pablo De La Cruz Ramírez, informático y operario tunelador que dice tener apalabrado un puesto de vigilante: "Sólo te dan trabajo por pocos meses y luego debes volver a empezar. Soy el mayor de cinco hermanos y cada mes les envío dinero para que puedan sustentarse junto a mis padres, pero la cosa está muy difícil".

Briones apunta que la crisis se ha notado "en que ahora acuden personas que antes era inimaginable que se encontraran en esta situación... otros han regresado tras bastante tiempo sin venir y también muchos españoles, que vivían en buenas condiciones, se han visto abocados a apoyarse en los comedores sociales porque no han podido hacer frente a la hipoteca o han perdido sus empleos".

"Ahora (los españoles) representarían el 40% frente al 60% de extranjeros, cuando antes eran un 10% menos", precisó.

Ante los que critican la ostentosa visita del Papa a Madrid, la Iglesia se defiende argumentando que en medio de la crisis refuerza el tejido social con comedores parcialmente subvencionados como el de las Hijas de la Caridad, donde también se dan talleres de cocina y otras tareas que puedan generar empleo, servicio de higiene, peluquería y podología.

También tienen centros de acogida de migrantes y les ofrecen orientación e información sobre los servicios públicos, ya que muchos los desconocen.

La organización de referencia, Cáritas, sigue ejerciendo de notable bastión para los desamparados y, según destacaba en su informe del año 2010, duplicó en ese ejercicio sus inversiones anuales destinadas a ayudar económicamente a las familias necesitadas, al tiempo que denunciaba el hecho de que el 67% de las personas que acuden a Cáritas vienen derivadas desde los servicios sociales públicos.

El informe de la agencia de cooperación católica también alertó de que el número en cuatro años pasó de atender a 400.000 en 2007 a 950.000 en 2010.

Pese al desalentador panorama actual, la vocera de Cáritas, Marisa Salazar, afirmó que el compromiso de la organización benéfica es "estar en primera línea intentando identificar las necesidades de las personas, trabajar con ellas para intentar mejorar sus condiciones de vida en lo material y acompañando sus situaciones hasta que puedan generar sus propios mecanismos para reconstruir sus vidas".

"En estos tiempos de crisis y en toda su historia, Cáritas ha colaborado siempre con todas las personas sin distinción de sexo, raza y religión", añadió.

Briones aseguró que sin el apoyo que brinda su orden, "muchos abarrotarían las puertas o las tirarían abajo para cobijarse".

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