La Iglesia le expresó a Alberto Fernández su "desazón" por el protocolo de aborto

Jaime Rosemberg

Una semana después de autorizar a su ministro de Salud, Ginés González García, a instituir el protocolo de aborto no punible a nivel nacional, el presidente Alberto Fernández recibió hoy en la Casa Rosada a la cúpula de la Conferencia Episcopal Argentina.

Y más allá del compromiso mutuo de "trabajar juntos" contra flagelos como "la pobreza y las drogas", la delegación encabezada por monseñor Oscar Ojea expresó su "desazón" por la iniciativa del Gobierno, que reflotó la medida instaurada fugazmente por el secretario de Salud del gobierno anterior, Adolfo Rubinstein, y vetada en su momento por Mauricio Macri.

"Los obispos expresaron su sorpresa, y al mismo tiempo desazón y preocupación por el protocolo presentado por el Ministerio de Salud, que en la práctica autoriza el aborto libre. Manifestaron que la Iglesia ha defendido y defenderá siempre toda vida desde la concepción de manera firme y clara", afirmó el Episcopado en un comunicado, minutos después de la reunión, que se extendió durante algo más de una hora.

Más allá de la queja puntual, en el Episcopado -y también en la Casa Rosada- se empeñaron en aclarar que la reunión fue positiva. "Fue una buena reunión, cordial y sincera. El aborto no fue el único tema, y en todos hubo buen y sincero diálogo", expresaron, lejos de los micrófonos, fuentes eclesiásticas al tanto de lo hablado con el Presidente en la Casa de Gobierno.

"La reunión fue cordial, franca, buena y larga. Fueron por la agenda positiva, hablaron sobre todo de lo que tienen en común", enfatizaron en la Secretaría de Culto y en la Casa Rosada. Al margen de la problemática puntual del aborto -en la que la Iglesia sostuvo su postura tradicional, aunque sin abandonar el tono diplomático-, la duración del encuentro y los rostros relajados de sus participantes en las fotografías distribuidas por la Presidencia hablan de una "relación de sintonía", como expresaron en un despacho oficial, a diferencia de la tirantez que signó el vínculo de los obispos con el gobierno de Macri.

Gestos positivos

"Los obispos valoraron ante el Presidente la presencia de dirigentes de todo el arco político argentino en la misa por la patria en la Basílica de Luján el 8 de diciembre pasado, y el gesto de haber participado juntos en una misma oración",dijo el Episcopado. También destacó que durante la reunión, los obispos "manifestaron su conformidad con las expresiones del Dr. Fernández en su discurso inicial en el que pone de relieve la encíclica del papa Francisco, Laudato si, por la que nos trae una enseñanza sobre el cuidado de la casa común, como también del cuidado de la vida en todo su desarrollo, desde la concepción hasta la muerte natural".

Y expresó, además, que los obispos coincidían con "las urgentes demandas sociales que presenta el país, especialmente la grave situación alimentaria y la creciente demanda de droga por parte de jóvenes, y la grave situación de las cárceles. Asimismo, reafirmaron su postura de atender prioritariamente a los más frágiles del tejido social".

En el Gobierno también dieron una visión positiva de la reunión. Fernández -según resumieron sus voceros- "resaltó que nunca estuvo tan identificado con la Iglesia como durante el pontificado del papa Francisco". Y manifestó "su admiración por el trabajo social que realizan en todo el país".

El Presidente les contó a los obispos que está "bajo análisis" una "reforma judicial para ir a fondo contra el narcotráfico". Y los volvió a elogiar, al afirmar: "Nadie mejor que ustedes conoce el problema del hambre y las drogas, somos aliados para trabajar juntos", dijo.

"Como lo hablé con los obispos, queremos que éste no sea el plan de Fernández, sino el plan de todos los argentinos", agregó Fernández un rato más tarde, en su posterior encuentro con empresarios.

Diez minutos antes de lo acordado, los integrantes de la cúpula del Episcopado llegaron a la explanada de la Casa Rosada. Ojea -quien ingresó junto con el designado secretario de Culto, Guillermo Oliveri, estaba acompañado por los arzobispos de Buenos Aires, cardenal Mario Poli (vicepresidente primero del organismo episcopal) y de Mendoza, Marcelo Colombo (vicepresidente segundo), y el obispo de Chascomús, Carlos Malfa (secretario del organismo). Los recibió el secretario general de la Presidencia, Julio Vitobello, y los esperaban, además del Presidente, el canciller Felipe Solá y el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz, una presencia no prevista con anterioridad.

La reunión terminó con los buenos deseos de rigor por la inminente llegada de la Navidad. Las diferencias en torno al aborto quedaron expuestas.