El hurón bebé clonado que trae la esperanza a su especie y otras amenazadas

José de Toledo
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Foto del 27 de Enero de 2021, Elizabeth Ann tiene 37 días (USFWS, NBFFCC)
January 27, 2021: Elizabeth Ann at 37 days old. (USFWS, NBFFCC)
Foto del 27 de Enero de 2021, Elizabeth Ann tiene 37 días (USFWS, NBFFCC) January 27, 2021: Elizabeth Ann at 37 days old. (USFWS, NBFFCC)

Elizabeth Ann es todavía un bebé. Pero también es la esperanza de su especie, el hurón patinegro (Mustela nigripes), la única especie de hurón endémica de Norteamérica. Porque tiene una característica que no tiene ninguno de los demás miembros de su especie. Es un animal clonado.

Que no es eso lo que hace especial a Elizabeth Ann. Lo que realmente la hace especial es que aporta diversidad genética a su especie, una diversidad que falta en las poblaciones salvajes, y donde puede estar el secreto para la supervivencia de la especie.

Para poder entender bien el caso, hay que darle contexto. Y realmente, no es muy complejo: el hurón patinegro está casi extinto. Los humanos nos dedicamos a cazar a sus presas, los perritos de las praderas, y esto llevó a la casi desaparición de los hurones.

Cuando decimos “casi desaparición” es literal. La especie se consideraba extinguida, hasta que aparecieron 18 individuos en un rancho privado del estado de Wyoming. Con estos 18 hurones, y con una estrategia de cría en cautividad y liberación en el medio natural, se ha llegado a la situación actual de entre 400 y 500 individuos en el medio natural.

El problema es que todos los hurones patinegros son primos cercanos. De los 18 hurones que se encontraron, solo siete llegaron a reproducirse. La diversidad genética de la especie es mínima, y eso supone un problema enorme para su supervivencia.

Por suerte, había manera de solucionarlo. No una sencilla, ni barata, ni que estuviese muy probada. Pero en el Zoo de San Diego tenían muestra criopreservadas de una hembra de hurón patinegro, como parte del programa Frozen Zoo. De esas muestras se podía sacar el material genético, implantarlo, hacerlo crecer y obtener un clon. Elizabeth Ann, que no tiene parientes vivos.

Hacerlo no ha sido sencillo. Han participado el Servicio de Pesca y Vida Salvaje de Estados Unidos, el Zoológico de San Diego, la asociación Revive&Restore y una empresa privada, ViaGen Pets and Equine, especializada en técnicas de clonación de mascotas.

Y si hasta ahora el caso era interesante, con el método que han puesto en marcha aún más. Para empezar, eligieron varias hembras de hurón doméstico. Principalmente porque, aunque las técnicas no son peligrosas, no conviene poner en riesgo a las pocas hembras de una especie en peligro de extinción.

Sedaron a las hembras de hurón doméstico, les sacaron óvulos y paralizaron el crecimiento de éstos. Sacaron todo el material genético de los óvulos e introdujeron el genoma de la “madre” de Elizabeth Ann, una hembra de hurón patinegro que murió en la década de 1970 y que tenía por nombre Willa.

Cuando el genoma de Willa ya estaba dentro de los óvulos, los científicos estimularon su crecimiento y los implantaron en hembras de hurón doméstico. Sólo uno de los óvulos se desarrolló por completo. Y así es como Elizabeth Ann llegó a nacer.

De momento, el bebé hurón se está criando en cautividad y seguirá el mismo proceso que otros miembros de su especie: vivirá en un centro de cría, se aclimatará, y si todo va bien, se reproducirá con algún macho del centro. Y con esto, aportará mucha diversidad genética a su especie. Por el momento, está sana y se desarrolla adecuadamente.

Pero también va a servir de algo más. El caso de Elizabeth Ann demuestra que la clonación de especies en peligro de extinción es viable y puede ser una herramienta para la conservación. Y que las muestras de tejidos de animales en peligro, proyectos como el Frozen Zoo de San Diego, pueden resultar imprescindibles para salvar muchas especies.

Me enteré leyendo aquí.

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