Unas huellas antiguas permiten remontar la fecha de llegada de los humanos a América

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En una fotografía sin fecha de David Bustos, antiguas semillas de hierba que se usaron para datar las huellas en el Parque Nacional White Sands en Nuevo México. (David Bustos vía The New York Times)
En una fotografía sin fecha de David Bustos, antiguas semillas de hierba que se usaron para datar las huellas en el Parque Nacional White Sands en Nuevo México. (David Bustos vía The New York Times)

Las huellas humanas de hace miles de años que se encuentran preservadas en el suelo del Parque Nacional de White Sands en Nuevo México son sorprendentemente antiguas, según informó un grupo de científicos el jueves, pues datan de hace unos 23.000 años a la era del hielo.

Los resultados, si es que resisten un análisis riguroso, le darían nueva vida al debate científico sobre cómo llegaron los primeros humanos al continente americano, ya que sugerirían que arribaron en una época en la que unos glaciares masivos cubrían gran parte de la superficie que atravesaron.

Los investigadores que han argumentado a favor de una llegada tan temprana celebraron el nuevo estudio por ser una prueba clara de ello.

“Creo que este es tal vez el mayor descubrimiento sobre el poblamiento de América en cien años”, comentó Ciprian Ardelean, arqueólogo de la Universidad Autónoma de Zacatecas en México quien no participó en el proyecto. “No sé a qué dioses les rezaron, pero este es un descubrimiento de ensueño”.

Desde hace décadas, muchos arqueólogos han sostenido que los humanos empezaron a poblar el norte y el sur de América hasta finales de la última glaciación. Como prueba, señalaban las herramientas más antiguas que se habían encontrado, por ejemplo, puntas de lanza, raspadores y agujas, que datan de hace unos 13.000 años. La tecnología se vinculó a una cultura conocida como Clovis, en honor a la ciudad de Nuevo México donde se encontraron algunos de estos primeros instrumentos.

La edad de las herramientas de Clovis coincide con el repliegue de los glaciares, lo cual refuerza la hipótesis de que los cazadores-recolectores siberianos se trasladaron a Alaska durante la edad de hielo, donde vivieron durante generaciones hasta que se abrieron corredores libres de hielo que les permitieron desplazarse hacia el sur.

Pero a partir de los años setenta, algunos arqueólogos empezaron a publicar pruebas más antiguas de la presencia de la humanidad en Norteamérica. El año pasado, Ardelean y sus colegas publicaron un informe sobre herramientas de piedra encontradas en la cueva del Chiquihuite en Zacatecas, México, que datan de hace 26.000 años.

En una fotografía sin fecha de Dan Odess, investigadores trabajan en la excavación de una huella en el fondo de una zanja en el Parque Nacional White Sands en Nuevo México. (Dan Odess vía The New York Times)
En una fotografía sin fecha de Dan Odess, investigadores trabajan en la excavación de una huella en el fondo de una zanja en el Parque Nacional White Sands en Nuevo México. (Dan Odess vía The New York Times)

Otros académicos se han mostrado escépticos ante estos hallazgos tan antiguos. Ben Potter, arqueólogo del Centro de Estudios del Ártico de la Universidad de Liaocheng, en China, dijo que algunas de estas supuestas herramientas podrían ser en realidad rocas con formas extrañas. Potter también cuestionó algunas de las fechas que los científicos han asignado a sus hallazgos. Si una herramienta se hunde en el sedimento subyacente, por ejemplo, podría parecer más antigua de lo que realmente es.

Las huellas fueron descubiertas en 2009 por David Bustos, director del programa de recursos del parque. A lo largo de los años, ha traído a White Sands un equipo internacional de científicos para ayudar a interpretar los hallazgos.

Todos ellos han encontrado miles de huellas humanas en 32.375 hectáreas del parque. Una huella fue hecha por alguien que caminó 2,5 kilómetros en línea recta. Otra evidencia a una madre que coloca a su bebé en el suelo. Otras huellas son de niños.

“Los niños tienden a ser más enérgicos”, dijo Sally Reynolds, paleontóloga de la Universidad de Bournemouth, Inglaterra, y coautora del nuevo estudio. “Son mucho más juguetones, andan saltando de un lado a otro”.

Mathew Stewart, zooarqueólogo del Instituto Max Planck de Ecología Química en Jena, Alemania, que no participó en el estudio, dijo que las pruebas de que las huellas eran de humanos son “inequívocas”.

Las huellas se formaron cuando las personas caminaron sobre un terreno húmedo y arenoso en la orilla de un lago. Más tarde, los sedimentos rellenaron con suavidad las huellas y el suelo se endureció. Pero la erosión posterior hizo resurgir las huellas. En algunos casos, las impresiones solo son visibles cuando el suelo está más húmedo o seco de lo normal; de lo contrario, no se pueden ver a simple vista. No obstante, un radar de penetración terrestre puede revelar su estructura tridimensional, incluidos los talones y los dedos de los pies.

La labor de determinar la edad de las huellas recayó en Jeffrey Pigati y Kathleen Springer, dos geólogos investigadores del Servicio Geológico de Estados Unidos.

En 2019, fueron a White Sands para familiarizarse con el lugar. Al caminar alrededor de algunas de las huellas, los investigadores se encontraban a veces con antiguas semillas de hierba de zanja que habían crecido junto al lago. En algunas áreas, las abundantes semillas formaban mantos gruesos.

Los investigadores llevaron algunas de las semillas a su laboratorio y calcularon el carbono que contenían para determinar su edad. Los resultados fueron sorprendentes: la hierba había brotado miles de años antes del final de la última glaciación.

Pigati y Springer sabían que esas conclusiones serían polémicas. Así que emprendieron un estudio mucho más ambicioso. “Nos van a lanzar dardos, así que será mejor que estemos preparados para ellos”, recordó Pigati.

Los científicos excavaron una zanja cerca de un grupo de huellas humanas y animales para obtener una estimación más precisa de su edad. Al lado de la zanja, pudieron ver capa tras capa de sedimentos. Al cartografiar el terreno circundante con cuidado, detectaron huellas de humanos y animales hasta seis capas dentro de la zanja, intercaladas con 11 lechos de semillas.

Los investigadores recogieron semillas de hierba de cada lecho y calcularon su carbono. Estas mediciones confirmaron los resultados iniciales: las huellas más antiguas del yacimiento, dejadas por un humano adulto y un mamut, se encontraban debajo de un lecho de semillas de hace unos 22.800 años.

En otras palabras, las personas que dejaron las huellas caminaron por White Sands unos 10.000 años antes que los humanos de Clovis. Los investigadores estimaron que las huellas más jóvenes databan de hace unos 21.130 años. Eso significa que la gente vivió o visitó periódicamente el lago durante unos 2000 años.

Bustos y sus colegas tienen planeado realizar más investigaciones en White Sands. Quieren conocer el comportamiento de la gente que dejó sus huellas ahí. ¿Cazaban a los animales del lugar? ¿Vivían en el lago de manera permanente o solo iban de visita?

El tiempo apremia. La erosión que ha revelado las huellas las borrará del paisaje en cuestión de meses o años. Un sinnúmero de huellas está desapareciendo antes de que los científicos siquiera puedan verlas.

“Es un poco doloroso”, comentó” Bustos. “Estamos apresurándonos para intentar documentar lo que podamos”.

© 2021 The New York Times Company

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