Huella de carbono: producción y consumo

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LONDRES.- ¿Qué valora usted: la producción o el consumo? La preferencia define desde hace mucho cuestiones económicas que van desde las políticas impositivas hasta el desarrollo. Ahora también importa para la cuenta de carbono nacional.

Si usted mira a la producción, cuenta el carbono que proviene de las chimeneas, los caños de escape y los incendios forestales. Con el consumo, en cambio, se cuenta el carbono emitido cuando se proveen productos y servicios que se compran.

Visto de ese modo, el comercio internacional es un ducto de dióxido de carbono que traslada la responsabilidad por sus efectos sobre el clima de un lugar a otro.

Un poco más de un cuarto del carbono emitido industrialmente se mueve de este modo, comparado con un quinto en 1990.

El flujo neto va del mundo en desarrollo al desarrollado. Por lo que en términos de consumo los países ricos son los mayores emisores. Nuevos estudios muestran que el volumen del flujo está creciendo rápidamente.

Glen Peters, del Centro de Investigaciones Internacionales sobre el Clima y el Medio Ambiente, de Oslo, con colegas en otras partes, ha analizado el contenido de carbono del comercio internacional desde 1990, el año testigo para medir emisiones bajo el protocolo de Kyoto de la ONU.

Impacto del comercio

El crecimiento anual de emisiones de CO² de productos exportados fue un 4,3%, mayor que el crecimiento del PBI o de las emisiones de carbono en general, pero menos que el comercio mundial. Pero el crecimiento fue del 17% para el comercio entre países desarrollados (los que tendrían que cumplir con la reducción de emisiones establecidas por el acuerdo de Kyoto) y el resto del mundo, pasando de 400 millones de toneladas, en 1990, a 1600 millones, en 2008.

Medido por la producción, muchos de los países ricos (pero no Estados Unidos, que no ha ratificado Kyoto) han reducido sus emisiones, con una baja del 6% entre 1990 y 2008, en el caso de la Unión Europea. Pero las importaciones de la UE con contenido de carbono de países en desarrollo crecieron mucho más de lo que cayeron sus emisiones locales. En general el incremento de las "importaciones de carbono" del mundo rico es seis veces mayor que la baja de las emisiones industriales de los países desarrollados. La mayor parte de este carbono proviene, cosa predecible, de China; el 18% del incremento global de las emisiones desde 1990 está explicado por las exportaciones chinas.

Peters y sus colegas no ven evidencias hasta ahora de que las políticas de control de carbono, por débiles que sean, estén provocando un traspaso de producción a países menos regulados. El carbono sigue los patrones comerciales establecidos por otros factores; no los determina.

Pero restricciones más estrictas al carbono podrían hacer que los industriales del mundo rico presionen por la imposición de aranceles aduaneros a importaciones carbono-intensivas con las que no pueden competir. Un abordaje más fructífero podría ser analizar las tendencias en términos de la necesidad de una inversión más verde fuera del mundo rico. Llevar las tecnologías de bajo consumo de carbono importa tanto o más que descarbonizar los países desarrollados.

Traducción de Gabriel Zadunaisky

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