Horror en Halloween: tocó la puerta de un vecino para pedir golosinas y fue asesinado

LA NACION
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En distintos países es habitual que, durante la noche del 31 de octubre, niños disfrazados visiten las puertas de sus vecinos para el tradicional pedido de trick or treat: "dulce o truco", una golosina a cambio de no sufrir ninguna travesura. En la celebración de Halloween de 2008 en Estados Unidos, uno de estos inocentes intercambios tuvo un desenlace trágico.

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Después de asistir a un festival de Halloween organizado por el gobierno de Sumter, en el estado de Carolina del Sur, la familia Darrisaw emprendió el regreso a su hogar. Pero antes de volver a casa, los más chicos no querían perder la oportunidad de recolectar algunos caramelos.

Así fue que Tony, alias T.J., su padrastro y dos hermanos se pusieron sus disfraces macabros y se dispusieron a golpear las puertas de sus vecinos. Una acción ingenua y divertida que terminaría de la peor manera.

Tras haber recibido muchas golosinas sobre la calle Main, la familia decidió seguir probando suerte sobre Wise Drive. Sobre esa arteria se acercaron hasta una casa que tenía la luz del frente encendida.

T.J. golpeó la puerta, junto a sus hermanos y su padrastro Freddie Grinnell. Daphne, su madre, y el cuarto de los hermanos esperaban en una camioneta, resguardados de las bajas temperaturas registradas en aquel otoño boreal. Fue entonces cuando ocurrió lo inesperado.

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En el interior de esa vivienda se encontraba Quentin L. Patrick, un traficante de 22 años con un amplio prontuario delictivo. Los golpes en la puerta solamente podía significar una cosa para él: la banda que disputaba el manejo de las drogas en la zona quería deshacerse de su rival.

Más allá de la veracidad del móvil, Patrick tomó su rifle AK-47 y disparó más de 30 municiones. Las balas perforaron la puerta y la ventana de la casa. Del otro lado, T.J. recibió 13 impactos, incluido uno en la cabeza. También su hermano Ahmadre y Freddie resultaron heridos.

Cuando finalmente salió, Patrick comprendió que quien había tocado la puerta era un niño de 12 años que ahora agonizaba. Entre gritos y sollozos desesperados, la madre realizó maniobras de salvataje a T.J., llamó al 911 y esperó a los paramédicos, que acudieron considerablemente rápido. Pese a los esfuerzos, la muerte del menor fue confirmada minutos más tarde en el Tuomey Regional Medical Center.

En el lugar del ataque, la policía detuvo a Patrick y a Erika Patrick Pee, la joven de 19 años que vivía con él. En el interior de la vivienda, al momento de la tragedia que enlutó Halloween y a una familia para siempre, también se encontraba la hija de dos años de Pee.

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"Patrick, el sospechoso, admitió haber disparado el arma y vaciado el cargador. Admitió haber disparado luego de escuchar a personas hablando fuera de su puerta delantera y al observar que lucían máscaras", informó la jefa de policía, Patty Patterson.

Como publicó The Charlotte Observer un día después de la tragedia, Patterson consideró que, si bien Patrick tenía un largo prontuario relacionado al narcotráfico, no creía que hubiera estado bajo el efecto de alguna sustancia al momento de disparar. "Lo habían asaltado en diciembre [de 2007] y había resultado baleado. Eso no le volvería a ocurrir", describió la jefa de la policía para graficar la determinación del sospechoso para defenderse ante un eventual peligro.

Las autoridades incautaron el arma homicida y una pistola 9 milímetros, US$ 7500 y algunas dosis de cocaína listas para el menudeo. Pee, la pareja del asesino, fue acusada de obstrucción de la justicia por intentar escapar cuando se realizaba el allanamiento. Patrick, por su parte, recibió varios cargos, entre ellos el de homicidio en primer grado.

Cinco años después, Patrick fue condenado a 30 años de prisión. Pena que cumplió en paralelo con una anterior de 16 años por posesión indebida de arma de fuego.

Si bien Daphne coincidió con las autoridades en que el homicida no tuvo intención de matar a su hijo T.J., el daño estaba hecho. "Cometió un delito y debe pagar por él", sentenció.