En solo horas, Brasil contó todos sus votos y aun así se enfrenta a denuncias de fraude

Votantes entran a un centro de votación instalado dentro de una escuela en Brasilia, Brasil, el 30 de octubre de 2022. (Dado Galdieri/The New York Times)
Votantes entran a un centro de votación instalado dentro de una escuela en Brasilia, Brasil, el 30 de octubre de 2022. (Dado Galdieri/The New York Times)

RÍO DE JANEIRO — Casi dos semanas después de la elección presidencial de Brasil, funcionarios del gobierno y expertos independientes de seguridad han revisado los resultados y han tomado una determinación clara: no hay evidencias creíbles de que haya habido fraude electoral.

Pero el país aún debe enfrentar las denuncias de que las elecciones fueron amañadas, hechas por los partidarios del presidente de extrema derecha, Jair Bolsonaro.

El miércoles, un reporte muy esperado sobre el proceso electoral que realizó el Ejército de Brasil dieron nuevo pábilo a esas afirmaciones infundadas. El jefe del partido de Bolsonaro declaró que dicho informe determinaría si el partido aceptaba oficialmente los resultados de la elección.

En el informe, el Ejército dijo que no había encontrado ninguna evidencia de irregularidad. También dijo que la naturaleza del sistema electoral brasileño, totalmente digital, significaba que no se podía descartar de modo concluyente un escenario específico de fraude.

En general, los expertos independientes en seguridad alabaron el informe, diciendo que era sólido desde el punto de vista técnico. Ellos ya habían señalado el mismo escenario hipotético de fraude en el pasado —personas del gobierno que insertan un sofisticado software malicioso en las máquinas de votación brasileñas—, aunque también subrayaron que era extremadamente improbable.

Sin embargo, para muchos de los partidarios de Bolsonaro, incluyendo algunos destacados expertos conservadores, el informe fue una prueba más de que la derrota del presidente debe ser cuestionada.

“Se tiene que hacer algo”, Filipe Barros, un legislador conservador de Brasil dijo en un discurso en la Cámara de Diputados a última hora del miércoles. Comparó a los funcionarios electorales con ladrones que pueden impedir que la policía investigue.

Partidarios del presidente Jair Bolsonaro se manifiestan el 2 de noviembre de 2022 en São Paulo para pedir una intervención militar tras su derrota electoral. (Victor Moriyama/The New York Times)
Partidarios del presidente Jair Bolsonaro se manifiestan el 2 de noviembre de 2022 en São Paulo para pedir una intervención militar tras su derrota electoral. (Victor Moriyama/The New York Times)

Brasil se encuentra en una situación curiosa. Los expertos en seguridad afirman que su sistema de votación electrónico es confiable, eficiente y, como cualquier sistema digital, no es 100 por ciento seguro. Ahora, personas con motivaciones políticas están utilizando ese ápice de verdad como una razón para cuestionar los resultados de una votación en la que no hay pruebas de fraude.

El caso ejemplifica el nuevo reto de llevar a cabo elecciones en la época moderna, cuando el proceso democrático está bajo ataque en países de todo el mundo. Los sistemas de votación pueden ser muy confiables, pero rara vez son perfectos. Así que cuando la gente busca razones para dudar de la integridad de una elección —alimentada por las teorías conspirativas en línea y azuzada por líderes como Bolsonaro y el expresidente de Estados Unidos Donald Trump— cualquier señal de imperfección puede presentarse fácilmente como un defecto inexcusable.

“Ese es el problema con los reportes técnicos: solo hablan de datos y la gente los toma y los interpreta como quiera”, dijo Marcos Simplício, investigador de ciberseguridad en la Universidad de São Paulo quien prueba las máquinas electoras de Brasil. “Pueden nada más decir: ‘Mira, hay áreas para mejoras. Entonces no es seguro. No podemos usarlo”.

Desde hace años, Bolsonaro ha atacado el sistema electoral de Brasil al decir que es fraudulento, pese a que no hay evidencia para afirmar tal cosa. Es por eso que 3 de cada 4 simpatizantes de Bolsonaro ahora dicen que confían solo un poco o nada en las máquinas electorales de Brasil, según algunas encuestas.

Para aliviar esas preocupaciones, los funcionarios electorales invitaron a los militares de Brasil a un comité de transparencia el año pasado. Se consideró un gesto hacia Bolsonaro, un antiguo capitán del Ejército que había llenado su gobierno de generales. Rápidamente, los militares empezaron a hacer eco de algunas de las críticas de Bolsonaro, aumentando la preocupación en una nación que vivió una dictadura militar hasta 1985.

Finalmente, los militares y los funcionarios electorales acordaron algunos cambios en las pruebas de las máquinas de votación. El miércoles, la participación de los militares iba a concluir con el informe.

Los partidarios de Bolsonaro han estado esperando el informe ansiosamente. Miles de ellos, enfadados por los resultados de las elecciones, se han reunido frente a las bases militares y han bloqueado carreteras con el fin de que las Fuerzas Armadas intervengan en el gobierno.

También han presentado videos de máquinas de votación descompuestas, informes anónimos de jugadas sucias por parte de los funcionarios electorales y análisis inexactos de los resultados de la votación como prueba de que algo anda mal. Simplício y otros expertos independientes han examinado estas afirmaciones y han dicho que no tienen fundamento.

“Todo es completamente falso”, sostuvo Simplício.

Las autoridades electorales de Brasil han respondido con agresividad a estas afirmaciones, con la intención de restringir el flujo de desinformación en línea, por lo que han ordenado a las empresas tecnológicas que suspendan las cuentas de más de una docena de voces conservadoras reconocidas, incluidos cinco miembros del Congreso, por publicar información engañosa sobre la integridad de las elecciones.

La semana pasada, tres horas después del cierre de las urnas, las computadoras habían contado prácticamente todos los 118 millones de votos. Esa eficiencia se debe, en parte, a que Brasil es el único país del mundo que utiliza un sistema de votación totalmente digital, sin respaldos en papel. Sin embargo, durante años, Bolsonaro ha retratado esa falta de copias de seguridad en papel como una vulnerabilidad que pone en duda cualquier elección.

El Ejército dijo que sus expertos técnicos no encontraron inconsistencias en el proceso de votación o en los resultados de las dos votaciones nacionales del mes pasado. También dijo que los funcionarios electorales no habían permitido a sus expertos inspeccionar completamente las 17 millones de líneas de código informático de las máquinas de votación y que los funcionarios no probaron suficientes máquinas el día de las elecciones para descartar la posibilidad de que contuvieran software malicioso que pudiera manipular el conteo de votos.

Los expertos han señalado un escenario que quizá sea plausible. Un grupo de ingenieros del gobierno que escriba el software de las máquinas podría insertar un código malicioso que cambie los votos. Pero para ello, varios ingenieros tendrían que actuar en el momento exacto y trabajar juntos sin ser detectados. Además, el código malicioso tendría que ser lo suficientemente sofisticado como para reconocer cuándo se están probando las máquinas y desactivarse durante ese tiempo.

“Solo estoy hablando de teorías de la seguridad computacional”, comentó Diego Aranha, un investigador de ciberseguridad que ha estudiado las máquinas de votación de Brasil durante años. “No estoy diciendo que nada de esto haya pasado”.

Los expertos en seguridad apoyan a grandes rasgos el concepto de tener un respaldo en papel, el cual ha sido impulsado por Bolsonaro. Pero también advierten que introduciría otra variable que podría ser atacada con mala fe o, tal vez más importante, explotada por aquellos que alegan fraude electoral.

“No está claro que eso resolvería el problema tampoco. La gente seguiría teniendo teorías locas”, dijo Aranha.

“¿Cómo puedes realmente producir algo que la gente encontrará convincente y aceptará?”, añadió. “La crisis más profunda, desde luego, es la crisis de la democracia misma”.

© 2022 The New York Times Company