Fue un honor que Armando Manzanero me haya criado: Úrsula Pruneda

·2  min de lectura

CIUDAD DE MÉXICO, diciembre 28 (EL UNIVERSAL).- A Armando Manzanero le gustaba manejar, así que cuando se iba a Acapulco o Mérida en la combi que tenía, se ponía frente al volante.

También era paciente, pues pocos pueden soportar a un grupo de niños que en los asientos podían ir dando lata durante las horas que duraba el viaje.

"Fue un gran honor para mí que me haya criado, cuidado y tratado con amor en mi vida", dice Úrsula Pruneda, su sobrina.

La actriz de "El sueño de Lu" y "Las buenas hierbas" recuerda que su tío fue la imagen paterna para ella. Su mamá, hermana menor de la que era esposa de Manzanero, tenía una pareja ausente. Así que el autor de "Somos novios" y "Adoro" pasó a ocupar ese lugar.

"De pronto mi tío se iba de viaje a lugares raros y me traía dulces, un vez trajeron unos preciosos, de colores muy distintos y es que venía de Tokio; vi pasar en su casa figuras como Manoella Torres, Dulce, Miguel Bosé. Cuando el disco con Luis Miguel, yo decía,' qué padre que lo estén haciendo', yo jugaba en la fuente mientras ellos estaban trabajando", recuerda.

Pero aunque era trabajador, levantándose a las 5 de la mañana y durmiendo ya de madrugada, a Manzanero le gustaba hacer las cosas de la casa. Lavaba trastes y cocinaba, siendo uno de los más ricos que le quedaba, la paella.

"Él mismo sacaba los ingredientes, nada de que alguien le cortara o picara, él cocinaba, sazonaba y servía; no es que no hubiera apoyo en la casa, más bien a él le gustaba hacerlo por él mismo", detalla.

Cuando iba a cierto restaurante lujoso, a Manzanero le tenían su dotación de bebidas que le gustaba. Y en cualquier lugar, si es que alguien le solicitaba tomarse una fotografía con él, siempre aceptaba.

"Nunca exigió reconocimiento, siempre se le acercaban personas y a quien fuera, siempre con una sonrisa les decía que si, era un artista que sabía cuál era su trabajo, su lugar en el mundo", considera.

La actriz comenta que desde siempre, cuando escuchaba a su tío cantar, no puede dejar de llorar.

"Desde niña me pasa eso, son sus letras y su manera de interpretar, con un nivel de profundidad y verdad", expresa.