Los hombres rusos mueren en la guerra y dejan familias hundidas en la tristeza, el rencor y el silencio

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Soldados del ejército ruso marchan durante una acción de apoyo a los soldados que participan en una operación militar especial en Ucrania, en el Mamaev Kurgan, un monumento conmemorativo de la Segunda Guerra Mundial en Volgogrado, Rusia, el lunes 11 de julio de 2022.
Soldados del ejército ruso marchan durante una acción de apoyo a los soldados que participan en una operación militar especial en Ucrania, en el Mamaev Kurgan, un monumento conmemorativo de la Segunda Guerra Mundial en Volgogrado, Rusia, el lunes 11 de julio de 2022. - Créditos: @Alexandr Kulikov

MOSCÚ.- Cuando el obrero de fabrica Yevgeny Chubarin le dijo a su madre que se había alistado en el ejército ruso para luchar en Ucrania, la mujer se puso a llorar y le rogó que no fuera. Pero Yevgeny estaba exultante y el 15 de mayo salió rumbo al frente de batalla con su Kaláshnikov al hombro. Lo mataron al día siguiente. Tenía 24 años.

En Rusia esas historias están vedadas, y el profundo dolor de las familias queda sepultado por la grandilocuencia triunfalista de los medios de comunicación estatales, donde la guerra es presentada como una lucha por la supervivencia contra los “nazis” y la OTAN, y donde existe un virtual bloqueo de noticias sobre el precio en sangre que se está cobrando esa guerra. Pero el bloqueo informativo del Kremlin no hace más que dejar expuesto su temor al resquebrajamiento de un apoyo popular artificial y fabricado.

Un soldado ucraniano pasa junto al cuerpo de un soldado ruso tendido en el suelo después de que las tropas ucranianas retomaran el pueblo de Mala Rogan, al este de Kharkiv, el 30 de marzo de 2022
Un soldado ucraniano pasa junto al cuerpo de un soldado ruso tendido en el suelo después de que las tropas ucranianas retomaran el pueblo de Mala Rogan, al este de Kharkiv, el 30 de marzo de 2022 - Créditos: @FADEL SENNA

Algunas historias igual se filtran. Vladimir Krot era un piloto de 59 años entrenado en la era soviética y veterano retirado de la guerra en Afganistán que rogaba que lo mandaran a Ucrania. Lo rechazaron varias veces, pero en junio, ante el aumento de bajas entre las tropas, finalmente le dijeron que sí. Krot murió pocos días después, cuando su caza SU-25 cayó durante un vuelo de entrenamiento en el sur de Rusia. Atrás quedaron su esposa y un hija de 8 años.

Para el Kremlin, el número de muertos en la guerra es un secreto de Estado y cuestionar la guerra o criticar a los militares es un delito penal. A los periodistas independientes que entrevistan a los deudos o hacen cobertura de los funerales de los caídos los arrestan y les dicen que mostrar “ese dolor y esas lágrimas” socava la moral de la opinión pública. De hecho, las autoridades han ordenado el cierre de varias páginas recordatorias que aparecieron online.

La prioridad del Kremlin es evitar que el enojo de las familias en duelo y de los activistas contra la guerra se unan y cobren impulso. La información verídica sobre los muertos en combate podría dinamitar la urgente campaña de reclutamiento de Rusia, que está enlistando prisioneros con experiencia militar y ofrece contratos muy bien pagos.

Dmitry Shkrebets había acusado a las autoridades rusas de falsear el número de marineros que murieron en el Moskva, buque insignia del Mar Negro, hundido por misiles ucranianos el 13 de abril. Poco después, recibió la visita de agentes de seguridad interior. Su hijo Yegor, uno de los reclutas a bordo, figuraba como “desaparecido”. Los agentes acusaron a Shkrebets de hacer amenazas de bomba y confiscaron su computadora portátil, según relató en la red social VKontakte, la versión rusa de Facebook. El martes, 111 días después de la muerte de Yegor, los militares finalmente le entregaron el certificado de defunción de su hijo.

“Nunca me voy a reponer”, escribió Shkrebets en la red social. “Ya nunca tendrá verdadera alegría ni volveremos a ser los mismos. Cambiamos, somos más infelices, pero también más fuertes y más duros. Ya no tenemos miedo ni de los que deberían atemorizarnos”.

Una mujer frente a los edificios destruidos tras el bombardeo ruso en Mykolaiv, Ucrania, el miércoles 3 de agosto de 2022.
Una mujer frente a los edificios destruidos tras el bombardeo ruso en Mykolaiv, Ucrania, el miércoles 3 de agosto de 2022. - Créditos: @Kostiantyn Liberov

Pero el analista independiente Bobo Lo, del grupo de expertos australiano Instituto Lowy, cree que en gran medida el Kremlin ha logrado contener el riesgo de disturbios por el elevado número de soldados muertos. Como la mayoría de los rusos son muy cautos a la hora de ventilar sus críticas, es difícil medir el verdadero nivel de apoyo a la guerra. En junio, la encuestadora VCIOM, cercana al Kremlin, informó que el 72% de los rusos está a favor de la guerra.

“Vladimir Putin ha logrado sostener el apoyo político a su postura”, dijo Lo, que también fue diplomático en la embajada de Australia en Moscú. “En parte a través del control del relato informativo, pero también porque ahora el conflicto parece una guerra contra Occidente”.

Como muchas familias temen abrir la boca y no hay un recuento de víctimas creíble, los medios independientes y las agrupaciones civiles llevan su propia cuenta. Pero sus números se basan exclusivamente en informes de muertes confirmados de código abierto, y por lo tanto los números son bajos.

El medio ruso independiente Mediazona y BBC News Russian contabilizaron 5185 muertos hasta el 29 de julio, en su gran mayoría soldados provenientes de regiones remotas y pobres, como el sur de Daguestán y la región siberiana de Buriatia. Según el mismo relevamiento, las ciudades ricas apenas sufrieron bajas: Moscú, con sus 12,5 millones de habitantes, perdió solo 11 militares, y San Petersburgo apenas 35.

Por el contrario, la CIA y el MI6 —la agencia de inteligencia británica— estiman que desde el comienzo de la invasión, a fines de febrero, al menos 15.000 rusos murieron en servicio, una pérdida en vidas humanas equivalente a la guerra soviética en Afganistán, que duró una década. “Además, se trata de una estimación probablemente conservadora”, dijo el jefe del MI6, Richard Moore, ante el Foro de Seguridad de Aspen el mes pasado.

Sergei Dustin, de la ciudad de Baltisk, se niega a quedarse callado. Su hija Alexandra se casó con un infante de marina llamado Maksim y quedó viuda con tan solo 19 años. Sergei manifestó su bronca en Facebook y dijo que los rusos tenían que salir a preguntar por qué están muriendo sus hijos.

La gente pasa por delante de la pared de una casa decorada con un mural que representa a los miembros del movimiento de la Juventud Patriótica Rusa Yunarmiya, en Moscú el 6 de agosto de 2022.
La gente pasa por delante de la pared de una casa decorada con un mural que representa a los miembros del movimiento de la Juventud Patriótica Rusa Yunarmiya, en Moscú el 6 de agosto de 2022. - Créditos: @YURI KADOBNOV

En sus posteos describió la guerra como una “masacre iniciada por viejos locos que se creen grandes estadistas y súper estrategas, pero que solo saben causar destrucción, amenazar al mundo y escupir mentiras por la boca.”

Algunos lo llamaron traidor. A su yerno lo habían mandado a realizar “ejercicios de entrenamiento” y terminó en Ucrania. Un viejo amigo ucraniano de Sergie estaba luchando del otro lado. Sergie rogaba que ni su yerno ni su amigo murieran.

Sergie no quiso escuchar detalles de la muerte de su yerno, y su hija se encerró en su dolor. “La pobre no logra entender y aceptar que su esposo participaba de una operación militar muy difícil”, dice. “Esto solo es fuente de tristeza y de desgracia para todos”.

No muchas familias en duelo se atreven a cuestionar públicamente la campaña bélica, y su silencio contribuye a minimizar el impacto en el frente interno. Una reciente encuesta realizada por el sitio de noticias independiente Lyudi Baikala reveló que muy pocos habitantes de la ciudad de Ulan-Ude, en Siberia Oriental, sabían que en la guerra habían muerto más de 250 personas de la región, un recuento que el sitio calculó utilizando fuentes de código abierto.

El vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia y presidente del partido Rusia Unida, Dmitry Medvedev, segundo a la izquierda, visita la guarnición militar de Totsk en la región de Orenburg, Rusia, el viernes 5 de agosto de 2022. (Ekaterina Shtukina, Sputnik, Pool Photo vía AP)
El vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia y presidente del partido Rusia Unida, Dmitry Medvedev, segundo a la izquierda, visita la guarnición militar de Totsk en la región de Orenburg, Rusia, el viernes 5 de agosto de 2022. (Ekaterina Shtukina, Sputnik, Pool Photo vía AP) - Créditos: @Ekaterina Shtukina

Pero a pesar del blindaje mediático y del aparato represivo, el relato empieza a agrietarse. En junio, un grupo de esposas de soldados rusos de Buriatia hizo un video para reclamar que los militares trajeran a sus esposos de vuelta a casa. Y según Alexandra Garmazhapova, de la Fundación Buriatia Libre, cientos de soldados de la región se contactaron con la agrupación para asesorarse sobre cómo romper sus contratos. En la página conmemorativa local en la red social VKontakte, el conteo de bajas aumenta diariamente.

El lunes se confirmaron las muertes de los basquetbolistas locales Dmitry Lagunov y Nikolay Bagrov. En los comentarios, una mujer llamada Raisa Dugarova escribió: “¿Por qué Buriatia tiene que enterrar todos los días a alguno de sus hijos? ¿Qué sentido tiene todo esto?”

Por Robyn Dixon

Traducción de Jaime Arrambide