Un viejo tabú que se desvanece: cómo la pandemia hizo crecer el interés de los hombres en la cirugía plástica

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Como muchos de sus contemporáneos, Eddie Wunderlich, de 36 años, un entrenador personal y estilista de Manhattan, se la pasó gran parte del año pasado en FaceTime y Zoom, y no estaba del todo listo para que fotografiaran su rostro en primer plano.

“Al verme todo el día en una pantalla me di cuenta de que lucía cansado”, comentó. Lo asediaban las ojeras y una mandíbula que se desdibujaba. “¡Hasta verme me hacía sentir cansado!”.

Así que emprendió una serie de intervenciones estéticas. Empezó con bótox y al poco tiempo se graduó a rellenos faciales para sus mejillas y quijada, plasma rico en plaquetas para promover la sanación y Morpheus 8 (un procedimiento que combina radiofrecuencias y terapia de inducción de colágeno) para reafirmar su piel.

Ese popurrí de “arreglillos” (que en inglés les dicen “tweakments”) costaron unos 20,000 dólares. “Es una buena suma, pero yo lo considero una inversión”, expresó Wunderlich. “Siendo entrenador, no quieres verte cansado. Pero ahora, si estoy cansado, mis clientes no lo sabrán”.

“Cambié mi perfil”, añadió. “Me siento vivaz y descansado otra vez”.

La pandemia ha llevado a una intensificación del interés en la cirugía plástica, pues ha permitido que aquellos con tiempo y dinero de sobra se hagan una sutil actualización cosmética. Sobre todo muchos hombres han aprovechado el confinamiento tan largo (y el tiempo lejos de las oficinas) para someterse a procedimientos electivos.

Uno de los segmentos de mayor crecimiento en la cirugía plástica ha sido el de los hombres como proporción del mercado”, afirmó Jacob Steiger, cirujano plástico de Miami, entre cuyos clientes masculinos se encuentran pilotos de avión, gestores de fondos de inversión y algún trabajador de la construcción. Ahora representan alrededor del 25 por ciento de sus clientes, dijo, en comparación con el 10 por ciento antes de la pandemia.

Amy Shecter, directora general de EverBody, una clínica de dermatología cosmética en Manhattan a la que acudió Wunderlich, ha tenido un aumento similar. “Hemos observado un notable aumento de los consumidores masculinos y de los que se identifican como tales”, dijo Shecter, y añadió que la edad media de sus clientes es de 37 años.

Algunos hombres milénials son prontos a autocriticarse.

“Me veo en mi pantalla y pienso: ‘Ay, ojalá pudiera cambiar esto o aquello’”, relató Moti Ankari, de 29 años, influente de las redes sociales que se especializa en el estilo y aseo personal varonil. “Publico fotografías mías en Instagram y soy muy crítico conmigo mismo. Pero también me importa lo que piensen los demás”.

Moti Ankari, de 29 años, en Nueva York, el 20 de mayo de 2021, es un influente de las redes sociales que utiliza un dispositivo para tonificar sus abdominales. (Donavon Smallwood/The New York Times).
Moti Ankari, de 29 años, en Nueva York, el 20 de mayo de 2021, es un influente de las redes sociales que utiliza un dispositivo para tonificar sus abdominales. (Donavon Smallwood/The New York Times).

Ankari se ha sometido a 15 sesiones con Em-Sculpt, un dispositivo que usa energía electromagnética para desencadenar intensas contracciones musculares y promete mejorar el tono abdominal, además planea comenzar tratamientos de bótox en un año más. “Sobre todo ahora que se acerca el verano, todos queremos ejercitarnos y comer saludable, pero algunos de nosotros estamos tomando atajos”, afirmó.

Tim Cush, de 31 años, un ejecutivo de relaciones públicas entre cuyos clientes está EverBody, empezó con sesiones de bótox cuando tenía 28 años y no se opone a intervenciones más invasivas. “Mis arrugas se han alisado casi por completo”, sostuvo Cush, que cada año gasta aproximadamente 1,000 o 2,000 dólares para tratamientos trimestrales.

“Una refrescadita facial se está convirtiendo en una parte normal de nuestras rutinas de bienestar”, opinó”. “Y conforme envejezco no tengo reparos en explorar cualquier categoría”.

También los hombres mayores están estudiando sus rostros con mayor cuidado.

“Recibía algunas llamadas en Zoom y parecía que se habían embarrado mayonesa”, dijo Ed Burstell, consultor de ventas para minoristas en Nueva York y comentó que su edad estaba “entre los 50 y la muerte”. Visita con frecuencia a su dermatólogo y se hace tratamientos de láser para quitarse manchas por el sol, ponerse rellenos en las mejillas y bótox en la frente. “Si vas a conocer a clientes nuevos, no quieres verte desgastado”.

Parece que sus colegas comparten su opinión. En New York Dermatology Group, a donde va a recibir sus tratamientos, “antes era raro ver a otro hombre en la sala de espera”, afirmó Burstell. “Ahora esa sala de espera está llena de hombres”.

La publicidad en las redes sociales podría estar contribuyendo a que se desvanezca un viejo tabú. “Este negocio tiene un aspecto de viralidad cibernética”, dijo Shecter de EverBody, quien trabaja con influentes como Ankari. “Cuando ellos publican, vemos una reacción casi inmediata de hombres que nos muestran esas imágenes de influentes y programan citas con nosotros”.

Kevin Sadati, cirujano plástico de Los Ángeles que se especializa en estiramientos faciales, publica videos en sus canales de YouTube e Instagram de hombres a los que se les inyectan rellenos, se les realiza una liposucción y reciben implantes de mentón. “La gente se siente cómoda al verme tras bambalinas entrevistando a hombres más jóvenes”, dijo. “Puedes atraer a seguidores que cruzarían un continente para verte”.

TikTok también ha surgido como una plataforma para que los cirujanos plásticos promuevan el bótox, el levantamiento de glúteos y la reducción de senos para hombres.

Mientras que las mujeres han recurrido desde hace mucho tiempo a la cirugía para levantar sus párpados caídos y realzar sus pómulos, los hombres suelen pedir un aspecto que sea más convencionalmente viril. “Los hombres no se preocupan por tener pómulos grandes”, dijo Sadati. “Es más normal que quieran un cuello firme y liso, o una mandíbula más pronunciada y afilada”.

Y los hombres que se operan los párpados superiores tienden a evitar la “mirada de Bambi” de ojos demasiado abiertos que se ve en muchas pacientes femeninas. En cuanto al bótox, los hombres quieren tener un aspecto natural y renovado, pero no congelado. El objetivo es la sutileza.

“Estaba en el sector de la construcción y trabajaba con muchos obreros, y no quería que supieran que me hago estas cosas”, relató Bill Reardon, de 62 años, gerente semiretirado de una empresa de gas natural que vive en Tampa, Florida. Desde entonces, ha hablado más abiertamente de su uso de bótox, relajantes musculares y rellenos.

“Mis amigos me miraban y decían: ‘Tienes algo diferente. ¿Qué haces, te ejercitas?’”, dijo. Sus amigas notaron la verdad. “Así que les conté lo que había hecho. Y empecé a contárselo a sus maridos y a sus novios”.

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This article originally appeared in The New York Times.

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