De hombre a padre, el cambio importante del que nadie habla

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Desde el punto de vista de los bebés humanos hay una gran diferencia entre los cuidados de su madre respecto a los del padre. Cada uno tienen su papel en la crianza. Las mujeres biológicamente venimos equipadas no solo para engendrar, sino para llevar a nuestras crías en el vientre, parir, amamantar y desarrollar conductas maternantes.

(Getty Creative)
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Las hembras de la especie animal en su conjunto, incluida la humana, con el embarazo y el parto pasamos por un proceso físico, neurobiológico y psicológico encargado de poner en marcha la transición de mujer a madre. La forma de nuestro cuerpo, nuestra percepción, nuestra psique e incluso la forma de nuestro cerebro cambian para favorecer un repertorio de conductas de cuidado hacia la cría así como la estrecha conexión con ella. Estudios de neuroimagen demuestran claras diferencias entre determinadas estructuras del cerebro de la mujer que ha estado embarazada y ha parido respecto a la que no lo ha hecho. De manera que el denominado instinto materno no es retórico, ya se puede observar científicamente. Estudiando el cerebro de las mujeres se puede saber si han estado embarazadas, han parido o no.

Pero ¿qué le pasa a los hombres?

Con los hombres es diferente. En toda la especie animal, incluida la humana, ellos presentan una variabilidad de conductas al convertirse en padres. En la minoría de las especies mamíferas la participación en la crianza es del cincuenta por ciento, en cambio la mayoría ignora o rechaza a la cría. Sin embargo, los seres humanos somos el resultado de un binomio bio-cultural, por tanto las construcciones culturales así como la historia de infancia, entre otros factores inciden en la forma de asumir la paternidad.

El psicólogo Javier de Domingo, experto en paternidades, en conferencia impartida para la tercera jornada de paternidad organizada por el instituto europeo de salud mental perinatal, se refirió a un concepto interesante sobre paternidades. Habló de la transición de hombre a padre o transición parental, un hecho tan importante como invisibilizado o borrado en nuestras sociedades. Una transición que opera de modo distinto al de la mujer que torna madre pero que igual sucede o debería suceder en aquellos que se comprometen con la crianza de su descendencia. De Domingo identifica tres tipos de paternidades: ausente, emergente y presente, y desarrolla propuestas para favorecer la transición de padre emergente a padre presente.

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  1. La paternidad ausente según Javier de Domingo se caracteriza por una actitud inconsciente frente al hecho paterno y sus responsabilidades asociadas por parte de hombres que están negados a hacer cambios en su vida, hombres que no están dispuestos a perder privilegios, que cargan el cambio inherente a la llegada del bebé solo a la mujer, no toman consciencia sobre la importancia de la díada madre-bebé, le dan la espalda. Persisten en mantener su vida tal y como era antes de devenir padres, no están dispuestos a aprender, no se forman ni se informan sobre paternidad, perdiéndose la oportunidad de transformarse.

  2. La paternidad emergente se manifiesta en los hombres con ilusión de ser padres y que quieren comprometerse para ser mejores evitando repetir los errores que sus padres cometieron. Son hombres que requieren guía para integrar el nuevo rol, pueden estar en riesgo de entrar en conflicto con los roles heredados y los que quieren asumir, tienden a presumir de ser buenos padres y son bajo tolerantes a la crítica porque parten del hecho de que hacen lo que la mayoría de los hombres no hacen. Tienden a alardear y a buscar aprobación externa, pero en general tienen buenas intenciones y están predispuestos a aprender. Lo óptimo, ya que hay apertura para hacerlo, sería buscar apoyo terapéutico o grupos de trabajo con sus pares (hombres, padres emergentes) para transitar hacia la paternidad presente.

  3. Los padres presentes son aquellos hombres que quieren y logran ejercen el rol desde la corresponsabilidad, la solidaridad y la empatía. Saben lo que les toca y se preocupan por saber más. Son abiertos, reflexivos ante los cambios así como para llegar a acuerdos con la pareja. Acompañan, apoyan y entienden la relación de pareja como un acuerdo basado en el compromiso y la solidaridad. Asumen su rol sin competir o usurpar a la madre.

Tanto el hombre como la sociedad deberían comprender la importancia de hacerse conscientes sobre la transición de hombre a padre así como registrar la necesidad de trazar y apoyar el camino de transformación hacia la paternidad presente.

De Domingo aclara que ante la paternidad el hombre debe encarar un cambio de vida, de sus expectativas, de las formas de relacionarse consigo mismo, con la pareja, con los demás. El cambio de hombre a padre puede suponer un duelo respecto a la pérdida de la relación con la pareja tal y como era antes a la llegada del bebé, puede generar preocupaciones financieras, pérdida de control, de libertad, de atenciones por parte de la pareja, de privilegios… 

Puede ser una etapa que hace al hombre vulnerable a trastornos como la depresión, la ansiedad, a mecanismos de escape o búsqueda de refugio ante el miedo a conectar con todo lo que se mueve a partir de su historia de infancia… Una crisis que el varón necesita elaborar conscientemente y con apoyo y recursos para transitar hacia la paternidad presente. También precisa el desarrollo de nuevas habilidades, actitudes, destrezas relacionadas con roles o con ocupaciones que quizás antes no había tenido y que en general no se asocian la construcción de roles masculinos como cuidar niños, ocuparse de labores domésticas. Por tanto el hombre que deviene padre precisa enfrentar un cambio de vida, propósitos, prioridades, resignificar el amor en general, el amor de pareja, la sexualidad.

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¿Qué tiene que comprender el padre?

Javier de Domingo, explica que lo esencial es que el padre entienda que el cargo lo otorga el bebé y que la biología define lo que su hijo o hija necesita: la díada mamá-bebé. “El bebé elige su configuración para desarrollarse y esa siempre será con su madre”, sobre todo los primeros meses o años de vida. En consecuencia, explica el psicólogo experto en salud mental perinatal, que el padre precisa aprender a respetar, apoyar y acompañar a la madre. Debe ampliar la consciencia para “no someterla a los usos ni abusos, ni del pasado, ni de la sociedad moderna”. Cuando un hombre se convierte en padre, para ejercer el rol adecuándose a las necesidades del bebé, necesita aprender a “dejar de poner en primer lugar el ser hombre frente al ser padre”, porque al darle la espalda a su paternidad estará afectando a la madre y por consecuencia directa a su hijo o hija. Siendo el cuerpo de la madre el hábitat natural, el ambiente perfecto para el sano desarrollo de un bebé, “el lugar de un padre presente es estar allá donde pueda asistir mejor a la díada”, zanja Javier de Domingo.

Lo que un hombre debe tener claro en la transición hacia la paternidad es que su foco es el bebé, que su prioridad es el bebé y que necesita informarse bien sobre las necesidades reales del bebé y de la madre, señala el psicólogo español.

Lamentablemente vivimos en sociedades con muy poca o nula cultura de infancia. Sabemos casi nada sobre lo que es realmente un niño y cuáles son sus necesidades. Desconocemos en su justa dimensión cuán importante es para un bebé o niño pequeño el vínculo con su madre, que las necesidades de la madre estén satisfechas, que se encuentre sostenida, respetada, que se sienta apoyada tanto en sus necesidades emocionales como prácticas, en lugar de sobrecargarse en soledad con todo el compromiso y la responsabilidad de maternar, más todo lo demás (familiares, domésticos, económicos, laborales). 

Nuestra especie no está diseñada para que las madres estén solas. De allí el papel fundamental del padre presente. Por tanto es esencial que el hombre que torna padre se informe y se forme para entender las necesidades de la madre y del bebé desde antes de la concepción, durante la gestación, el parto y la crianza. También, por supuesto, a lo largo del recorrido vital de su hijo o hija hasta la emancipación en la adultez, indica Javier de Domingo. Un padre presente precisa conocer y cuidar bien todas estas etapas para vivirlas “en consciencia sobre su bebé, en solidaridad hacia la pareja y en salud hacia sí mismo”.

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