'Historias de armario' trata la ropa como si fuera la tela de la memoria y yo me identifico con eso

Chris Vognar
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Imagen del 1.° de abril de 2021 de una chaqueta Adidas de los Warriors de Golden State, un regalo para Chris Vognar de parte de su pareja, Kate, fallecida el año pasado, en su casa de Houston. (Allison V. Smith/The New York Times)
Imagen del 1.° de abril de 2021 de una chaqueta Adidas de los Warriors de Golden State, un regalo para Chris Vognar de parte de su pareja, Kate, fallecida el año pasado, en su casa de Houston. (Allison V. Smith/The New York Times)

Para Joe, se trata de la “hoodie” Air Jordan que perteneció a Jeremy, su hijo, muerto por una sobredosis letal de heroína. Para el escritor y estilista Simon Doonan, es un par de mallas de lycra de Stephen Sprouse, usados en las sudorosas clases de aeróbics para sobrellevar la muerte de un amigo tras otro por culpa del sida. Para Michael, es la colcha de retazos que cosió su madre, Debbie, mientras ella estaba en la cárcel.

Tendemos a pensar en la ropa como algo de moda o de utilidad, algo para lucir o mantenerse caliente. Sin embargo, es mucho más que eso, como nos recuerda “Historias de armario”, la nueva serie de Netflix, que se estrenó la semana pasada, sobre la ropa que llevamos y las historias que cuentan esas prendas. Basada en los libros “Worn Stories” y “Worn in New York”, ambos de Emily Spivack, la serie presenta una colección de autobiografías sartoriales, historias personales sobre el azar, la identidad, la supervivencia, la comunidad y la vida, todas ellas relacionadas con el tejido que nos ponemos en el cuerpo todos los días.

“La ropa porta mucha memoria”, dijo Spivack, productora ejecutiva de la serie, en una entrevista telefónica el mes pasado. “Es muy táctil y realmente absorbe las experiencias. Desempeña un papel importante a la hora de recordarnos a las personas que nos importan”.

Me siento identificado. Tengo mis propias historias de armario y giran en torno al amor, la pérdida, el dolor y la memoria. La ropa que queda me mantiene cerca de alguien que ya no está, alguien a quien amé profundamente.

Yo solía tener mucha ropa casual. Era un comprador obsesivo de camisetas, gorras de béisbol, calcetines y zapatos deportivos Adidas. Kate, una morena cálida y directa y el amor de mi vida, era muy consciente de mis apetitos. Se burlaba de mí por los montones de cajas de zapatos, pero también le encantaba comprarme regalitos. Sabía que todas las vacaciones que tomábamos incluían en algún momento una visita a cualquier tienda que pudiera alimentar mi apetito. Y cuando salía de la ciudad por su cuenta, siempre volvía con algo especial.

Volvió de un viaje en solitario a San Francisco con una joya de la corona: una chaqueta Adidas de los Warriors de Golden State azul y dorada. Disfrutábamos mucho viendo a los Warriors y nos reíamos juntos cada vez que Stephen Curry anotaba otro improbable tiro de tres puntos. A menudo me ponía la chaqueta en mi partido semanal, solo para escuchar los oohs y aahs.

“Se parece a la que llevan los jugadores”, me dijo un amigo. Por supuesto que sí. Kate la compró.

Calcetines de Chris Vognar en su casa de Houston, el 1.° de abril de 2021. (Allison V. Smith/The New York Times)
Calcetines de Chris Vognar en su casa de Houston, el 1.° de abril de 2021. (Allison V. Smith/The New York Times)

Pocas de nuestras compras fueron tan lujosas. Estaba la camiseta de “Repo Man” que compré en Trash and Vaudeville, en el East Village, justo antes de tomar un taxi para ir a LaGuardia de vuelta a Dallas en una de nuestras muchas escapadas a Nueva York. Y un par de calcetines de colores brillantes, al estilo de los de Ol’ Dirty Bastard, que me compró en Oaklandish, una tienda de ropa estupenda en el centro de Oakland. (Yo crecí al lado, en Berkeley).

Nos encantaba viajar, y comprar, con un presupuesto limitado. Le encantaba verme con esa ropa, pero sobre todo le encantaba hacerme feliz.

En 2018, Kate comenzó a olvidar las palabras. Se quejó de entumecimiento y debilidad en su brazo derecho. Una serie de resonancias magnéticas no fueron concluyentes. En febrero de 2019, visitamos a un neurólogo, que nos dio el diagnóstico: degeneración corticobasal, una enfermedad rara que afecta al área del cerebro que procesa la información y a las estructuras cerebrales que controlan el movimiento. Tenía 38 años.

La enfermedad es terminal.

Los meses siguientes fueron un torbellino de traumas. Me despidieron de mi trabajo en The Dallas Morning News y me mudé a Houston para trabajar en el Chronicle. Kate se fue a vivir con sus padres al este de Texas. Abrumado por el dolor, sufrí un grave colapso emocional. Estuve brevemente hospitalizado. Fue una época muy oscura.

Este podría ser un buen momento para mencionar que “Historias de armario” no es todo tristeza. Está la comunidad nudista de Kissimmee, Florida, donde la ropa suele ser sinónimo de sandalias. “No puedo imaginarme tener los pies desnudos”, dice Diane, una residente de la comunidad, en el primer episodio del programa. “Cuando sales a la calle y caminas por el pasto, hay insectos en el suelo”.

También hay inspiración: Carlos, de Blythe, California, pasó ocho años tras las rejas. Hoy, trabaja para el Programa Ride Home, recoge a los reclusos recién salidos de la cárcel y los lleva a comprar ropa para su nueva vida.

También está el saxofonista Timmy Cappello, que recibió el regalo de una bragueta de cuero con tachuelas de Tina Turner cuando estaban de gira juntos. “Ni siquiera estoy seguro de poder tocar el saxofón sin esto”, dice en el segundo episodio. Las historias de armario pueden ser divertidas y conmovedoras.

La ropa tiene un poder único para envolvernos en el amor de nuestros queridos difuntos. Kate murió el 2 de julio de 2020. Beso regularmente los calcetines que me compró (aunque estén sucios). Acaricio la chaqueta de los Warriors, a veces pensando en el final de “Secreto en la montaña”, cuando Ennis estrecha las camisas de Jack contra su pecho. Me pongo la ropa de Kate con frecuencia. Me acercan a ella y a lo que tuvimos juntos.

Incluso mientras Kate agonizaba, me seguía vistiendo. Casi al final, Mike, su padre, me envió un par de calcetines a rayas que Kate encargó, adornados con las palabras “Pretty Decent Boyfriend”. Me demuestran que nunca perdió su sentido del humor ni su generosidad de espíritu.

Antes de que nuestro mundo se derrumbara, Mike también nos compró chaquetas de aviador a juego a mí y a Lorenzo, que por aquel entonces salía con la hermana de Kate. Es una chaqueta básica de cuero marrón, pero me gusta. Me gusta su sencillez y me mantiene caliente. La llevaba puesta mientras estaba sentado en el porche durante una reciente conversación telefónica con Mike y se lo dije. Parecía realmente conmovido.

“Cuando la usas, soy yo quien te abraza”, me dijo.

Eso es algo más que puede hacer la ropa. Puede abrazarte fuerte cuando te sientes solo. Puede hacer que el mundo se sienta un poco más pequeño.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company