La historia de Ayrton: tiene 13 años, se recibió de peluquero y sueña con ayudar a su familia

Paola Robles Duarte
·4  min de lectura
Ayrton tiene 13 años y sueña con ser boxeador. Gentileza: R2820.COM
Ayrton tiene 13 años y sueña con ser boxeador. Gentileza: R2820.COM

Ayrton Araujo comenzó a estudiar peluquería durante la pandemia. Vive en Gualeguaychú y va a tercer año del secundario. Quiere ser boxeador, contribuir a la manutención familiar, y sobre todo no tener que pedirle dinero a su papá para comprar sus cosas. Desde el martes exhibe orgulloso su diploma como barbero y peluquero profesional y alimenta el sueño de, llegado el momento, trabajar lo suficiente como para comprarle a su papá el negocio que siempre quiso tener: una ferretería.

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“Cuando me llamó Hugo y me dijo que iban a hacerme una entrevista, estaba en la escuela. No lo podía creer. Le conté a mi papá, le pedí que me acompañara pero él no quiso aunque me dio permiso, me dijo que viniera yo. Es que mi papá me apoya en todo y yo estoy muy agradecido con él”, contó Ayrton Araujo en declaraciones a R2820. Junto a él se encontraba Hugo Mayero, su profesor y mentor.

Con título en mano, Ayrton celebra su egreso como uno de los alumnos más jóvenes. Crédito: R2820.COM
Con título en mano, Ayrton celebra su egreso como uno de los alumnos más jóvenes. Crédito: R2820.COM


Con título en mano, Ayrton celebra su egreso como uno de los alumnos más jóvenes. Crédito: R2820.COM

Rápidamente Ayrton perdió la timidez: “Empecé cortándole el pelo a todos mis hermanos, con una máquina que si la ves ahora no lo podés creer. Y un día mi papá me regaló una máquina roja, que es la que uso actualmente”.

Esa máquina es la que conectó a Ayrton con la Academia Mayero-Hairdresser. Cuando Sergio Araujo llegó al local contando sobre un niño al que le encantaba cortar el pelo, rápidamente el profesor le propuso que se sumara a una clase. Seis meses después, con asistencia perfecta, Ayrton se recibía siendo el alumno más joven del instituto.

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Fue mi papá el que me propuso que viniera a estudiar. Yo había empezado mirando videos, como hace todo el mundo. Nunca pensé que a mi edad podía tener un título como este”, dice contento.

Estudiar implicó un sacrificio para su familia y también para Ayrton: “En todo me ayuda mi viejo; para tener las cosas que eran más difíciles de comprar siempre estuvo él. Por mi parte junté cobre, cartón y lo vendí para comprar gel, delantales, ese tipo de cosas que se necesitan para estudiar peluquería. Venía y le pagaba las cosas a Hugo de a poco, y podía seguir estudiando”, cuenta orgulloso.

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“Durante todo el curso tuvo asistencia perfecta, lo cual es muy destacable para un chico de su edad; todo lo preguntaba y todo lo quería saber y de esa manera fue creciendo y superando desafíos, con su impronta especial, con su buen humor y su manera de ser. Enseguida tomó mucha confianza”, contó Mayero.

“Le veo mucho futuro a Ayrton. Se recibió con un muy buen promedio pese a su corta edad. Yo lo considero un colega más”, dijo Mayero ante la sonrisa emocionada de su alumno. “La nuestra es una profesión muy digna, más allá de que no estamos verdaderamente reconocidos como profesionales y se nos siga considerando como un oficio, lo que quiero transmitirle es que con un peine y una tijera en la mano, nunca le va a ir mal, todo lo que tengo me lo dio este trabajo y confío en que a Ayrton le va a ir muy bien”, aseguró Mayero.

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Por su parte, Ayrton también dio su opinión: “Lo que más me gusta de haberme recibido de peluquero es tener la oportunidad de aprender, porque un título no quiere decir que sé todo, tengo que seguir aprendiendo”. Y otra vez, vuelve al consejo de su padre: “Él nos dice a todos nosotros que tenemos que estudiar para salir adelante. Yo lo veo cansado, enfermo porque está operado de un riñón, y lo quiero ayudar”.

Sergio tiene una despensa en la esquina de Roca y Franco, en la ciudad de Gualeguaychú y no hay que ser muy perspicaz para darse cuenta de que es el héroe de su hijo de 13 años.

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Tal vez por eso no sorprende que cuando se le pregunta sobre el sueño que algún día quisiera cumplir, Ayrton responda: “Yo siempre digo que quisiera regalarle una ferretería a mi papá, porque es lo que él siempre quiso tener”. Después de la charla en la que desplegó sus planes y habló de muchas cosas, como por ejemplo de su predilección por las matemáticas por sobre cualquier otra materia de la escuela, nos despedimos respetando la distancia. Ayrton subió a la bicicleta y partió a su casa, a esa esquina en la que sueña emplazar algún día una ferretería para su papá.