Hillary Clinton pasa a retiro pero pondera futuro

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WASHINGTON (AP) — Los planes de Hillary Rodham Clinton para 2013 eran sencillos.

Emprendería una gran gira mundial de despedida como secretaria de Estado: un itinerario vertiginoso de este a oeste y de norte a sur en el que recorrería por aire 1,6 millones de kilómetros (un millón de millas) al frente de la diplomacia de Estados Unidos y quizá superaría su propia marca de 112 países visitados en el cargo.

Después se tomaría un gran descanso y dedicaría tiempo y trabajo con su esposo, el ex presidente Bill Clinton, a temas de desarrollo y a la secuela a su libro de memorias "Living History" de 2003.

Al final, tomaría una decisión que definiría su destino: tal vez intentar de nuevo convertirse en la primera mujer presidente de Estados Unidos.

Sin embargo, la enfermedad se interpuso en su camino: un desagradable virus estomacal la afectó a su regreso de una gira de una semana por Europa; el cansancio, la deshidratación severa, un desmayo, una caída y una conmoción antecedieron a su breve hospitalización, durante la cual los médicos descubrieron que tenía un trombo cerca del cerebro.

Clinton, que parecía dotada del bagaje perfecto para buscar otra vez la presidencia, quedaba marginada por circunstancias de fuerza mayor tras efectivamente haber labrado su propia senda.

Fue una señal de vulnerabilidad en una ruta cuidadosamente trazada durante cuatro años de viajes al exterior, a menudo agotadores, y de política tras bambalinas, donde se sobrepuso por completo a la sombra gigantesca de su esposo como mediadora de paz, agente internacional y embajadora global de Estados Unidos.

LA CARGA DE BENGASI

El ataque terrorista del 11 de septiembre de 2012 que dejó varios muertos en el consulado estadounidense en Bengasi, Libia, puso al descubierto un trance de mala comunicación en el Departamento de Estado bajo las riendas de Clinton que podría irse a su historial diplomático y darle munición a sus oponentes políticos en el futuro en caso de que regrese a la política.

Cuando ella rindió su testimonio sobre el ataque ante el Congreso, la perseverancia y el dramatismo asociado para siempre con los Clinton de súbito se hizo de nuevo presente. Clinton no se intimidó con la caída del telón de la carrera diplomática que terminó el viernes, el día en el que John Kerry la sucedió en el cargo.

Apremiada quizá con demasiada frecuencia sobre el porqué del ataque terrorista fue presentado equivocadamente como una protesta pública en los días posteriores, Clinton respondió con voz fuerte y trémula de ira al senador republicano que la atosigaba sobre el tema.

"¿En este momento, qué diferencia hay (de una situación a la otra)?", preguntó. "Es nuestro trabajo averiguar qué ocurrió y hacer todo lo que podamos para impedir que vuelva a suceder, senador", agregó.

El jueves, Clinton censuró a aquellos que continúan insistiendo en que el gobierno mintió sobre el ataque contra el consulado.

"Existen personas en la política y en la prensa que no pueden estar confundidas sobre los hechos", dijo Clinton a The Associated Press en su última entrevista individual como secretaria de Estado.

"No se puede vivir al margen de la evidencia. Eso es lamentable. Es lamentable para nuestro sistema político y para la gente que sirve a nuestro gobierno en muchas circunstancias peligrosas y difíciles", apuntó.

Cualesquiera que sean los méritos de los argumentos, las respuestas de Clinton confirmaron que ella no había perdido nada del vigor que la convirtió de aspirante perdedora a la candidatura presidencial del Partido Demócrata a una de las mujeres más populares y reconocibles en el mundo.

Esta actitud deja entrever que a pesar de sus recientes problemas de salud, la ex senadora y ex primera dama tiene intención de mantener en sus manos su propio futuro político, aun cuando había minimizado establecerse como aspirante presidencial en espera.

"Todavía soy la secretaria de Estado, estoy fuera de la política", dijo la semana pasada Clinton al programa "60 minutos" de la CBS en entrevista conjunta con el presidente Barack Obama. Clinton dijo: "Incluso tengo prohibido escuchar este tipo de preguntas".

Sin embargo, como Clinton estaba por dejar el cargo, la mera presentación de ambos ex enemigos políticos, muy juntos y amigables, sólo pareció subrayarla como sucera, si ella lo deseaba.

SOPESANDO 2016

Incluso antes de sus males, allegados a Clinton examinaban los pros y los contras de otra incursión presidencial.

¿Valdría la pena el costo en tiempo, energía y especialmente en dinero y suscitaría una nueva ronda de ataques personales contra ella, su esposo y su personalidad? La deuda de campaña de Clinton en 2008 quedó superada recién en enero.

Según diversas encuestas, Clinton es favorita popular para 2016: ningún demócrata está mejor posicionado ahora para unificar al partido. Debido a su atractivo nacional del momento y la tasa de aprobación más alta de su carrera política, Clinton también estaría al frente de las encuestas sobre cualquier aspirante republicano para las elecciones generales.

Con 69 años, Hillary Rodham Clinton no tendría tanta edad. Tendría cinco años menos que el vicepresidente Joe Biden, quien podría ser un rival en el partido.

Sin embargo, cualquier sentido de inevitabilidad es decididamente prematuro. Después de todo, Clinton fue considerada durante años la gran favorita para la candidatura democrática de 2008, hasta que Obama la derrotó en Iowa. Al igual que Obama, algunos de los posibles contrincantes en 2016, todavía desconocidos, podrían tener una fortaleza política imposible de medir.

No hay duda sobre los años de Clinton como una senadora bien valorada y especialmente su porte de estadista en el gobierno de Obama la ubican por encima de la refriega partidista y mejoraron su posición ante el público.

La aceptación de Clinton entre la ciudadanía se ubica en el punto más alto de su carrera y alcanza 67%, según un sondeo reciente del Washington Post-ABC, en un indicio de que superó la polarización que marcó sus años en la Casa Blanca y que se repitió en 2008.

Ese respeto ganado a pulso podría desvanecerse en el momento en que volviera a surgir como la cara del Partido Demócrata y se convirtiera en actora crítica en los enconados debates sobre inmigración, aborto, deuda, impuestos, atención de salud y otros temas.

¿QUE SIGUE?

Clinton al parecer no ha tomado una decisión definitiva sobre una nueva incursión presidencial, aunque insiste con menos energía que ha dejado atrás la política de alto vuelo. Muchos de sus partidarios crearon apenas hace días una comisión que capte recursos para apoyar otra incursión presidencial.

Cuando se le preguntó el día anterior a su partida del Departamento de Estado si todavía tenía algo que aportar, contestó: "absolutamente", aunque subrayó que no estaban claros todavía el cómo y el cuándo.

"No lo he decidido todavía", declaró a The Associated Press. "La verdad no lo he decidido. Deliberadamente lo he guardado. Seré secretaria de Estado hasta el último minuto en que me retire. Después me tomaré el fin de semana y quizá comience a pensar sobre las diversas propuestas, peticiones e ideas que se me presenten".

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