Artistas desempleados trabajan haciendo pruebas del covid

Geneva Abdul
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David Lawrence, director de coros y orquestas que en este momento trabaja realizando pruebas de coronavirus, en un centro de pruebas a las afueras de Cambridge, Inglaterra, el 24 de enero de 2021. (Tom Jamieson/The New York Times).
David Lawrence, director de coros y orquestas que en este momento trabaja realizando pruebas de coronavirus, en un centro de pruebas a las afueras de Cambridge, Inglaterra, el 24 de enero de 2021. (Tom Jamieson/The New York Times).

LONDRES — Georgia Paget era asistente de director de escena en la producción londinense de “Hamilton”. David Lawrence dirigía coros y orquestas por todo el Reino Unido. Katy Oakden, otrora partera equina, administraba un atareado consultorio veterinario. Mark Karrie, un ingeniero de sonido, acababa de empezar una gira nacional con un musical del West End.

Sus trabajos, como los de millones de otras personas —cocineros de restaurantes, camareras de hoteles, pilotos de aviones, bibliotecarios y muchos más—, de pronto se detuvieron cuando la pandemia se cernió sobre el Reino Unido la primavera pasada.

Ahora, ellos son parte de un pequeño ejército de miles de personas que han participado en la lucha contra el virus, contratado por el Servicio Nacional de Salud (NHS, por su sigla en inglés) y firmas privadas que contrató el gobierno para ayudar en empleos temporales como la limpieza de salas de hospitales, la difusión de reglas de autoaislamiento y la realización de pruebas de coronavirus.

El pueblo británico venera al NHS por la valentía que demostró al brindar atención médica en la primera línea durante la pandemia, pero el uso que ha hecho el gobierno de empresas dedicadas a la subcontratación ha generado críticas por un mal manejo. Después del primer cierre de emergencia del país, se entregó un contrato de 108 millones de libras esterlinas (unos 136 millones de dólares) para contratar rastreadores de contactos sin que hubiera una verdadera licitación. En agosto, miles de empleos de rastreo de contactos fueron eliminados después de que hubo quejas porque no había nadie a quien llamar.

Sin embargo, la infinidad de percances y esfuerzos torpes del gobierno para detener el virus han hecho poco para desalentar a los trabajadores que quieren asumir puestos que ayuden a detener la pandemia.

Para los trabajadores temporales, el sueldo a menudo supera por poco el salario mínimo, suele ser una reducción drástica del que gozaban en su trabajo anterior. Muchas personas tienen la esperanza y la expectativa de regresar a sus carreras anteriores en cuanto acabe la crisis, pero aseguran que encuentran consuelo en desempeñar un papel al que no están acostumbradas, y a veces usan sus habilidades profesionales para nuevos propósitos.

El trabajo de Paget es llamar a la gente que acaba de enterarse de que dio positivo por el virus, como parte del sistema de rastreo de contactos del Reino Unido. Paget llama para asegurarse de que sepan que deben autoaislarse durante diez días y para ofrecerles información sobre el apoyo disponible.

Paget hace casi 80 llamadas al día desde su computadora, en su casa en Biggleswade, al norte de Londres. Ella sabe poco sobre la gente a la que está llamando a excepción de su nombre y el hecho de que dio positivo.

A pocas personas les da gusto escucharla. Sin embargo, no es un trabajo ingrato. En diciembre, poco antes de Navidad, Paget contó que llamó a un hombre que acababa de dar positivo. En su conversación, él le dijo que el día anterior había perdido a su esposa a causa de la COVID-19.

David Lawrence y Katy Oakden en un centro de pruebas a las afueras de Cambridge, Inglaterra, el 24 de enero de 2021. (Tom Jamieson/The New York Times).
David Lawrence y Katy Oakden en un centro de pruebas a las afueras de Cambridge, Inglaterra, el 24 de enero de 2021. (Tom Jamieson/The New York Times).

Paget, quien comenzó a hacer este trabajo en octubre cuando la segunda ola del virus se apoderó del Reino Unido, comentó que había tenido una buena capacitación y se había acostumbrado a enfrentar una variedad de emociones del otro lado de la línea: desde individuos enojados que no creen en la pandemia hasta quienes simplemente se sienten solos. Al hombre de esta llamada le dedicó tiempo y le dio la información necesaria, pero al mismo tiempo también lo dejó hablar.

“Me alegra haber hablado con él porque creo que le ayudó mucho tener a alguien que lo escuchara después de eso”, opinó Paget, de 28 años. “La llamada me puso a pensar: ‘Eso hizo que mi trabajo valiera la pena ese día’”.

Paget considera que su experiencia en teatro en el West End —en especial la capacidad para manejar el estrés y comunicarse con los demás bajo presión— le ha servido con la variedad de gente con la que habla por teléfono todos los días.

Es un empleo que le ayuda a pagar sus cuentas. Sin embargo, Paget agregó: “Si puedo hacer esto para ayudar en la pandemia o decir que contribuí con algo, es más gratificante que otro trabajo o no hacer absolutamente nada”.

Trabajar por el ‘bien común’

Al principio, a Lawrence le costaba hacer que la gente abriera la boca lo suficiente para introducir el hisopo hasta su garganta de la manera correcta. Este es su trabajo ahora, tres días a la semana, realiza pruebas de coronavirus en Cambridge y Peterborough.

No obstante, durante años, fue director coral, así que les llamó a algunos de sus amigos que eran cantantes de ópera y tenían experiencia en abrir mucho la boca. El consejo que le dieron: diles a las personas que van a hacerse la prueba que susurren “auto” (o “car”, que suena como “cahh” en acento inglés) o diles que imaginen que están a punto de morder una manzana.

Esas sugerencias ahora están pegadas en el muro de su cubículo, donde hace pruebas con otras personas que solían trabajar en muchos sectores, entre ellos, pilotos de avión y personal de cabina.

Antes de marzo, los días de Lawrence estaban llenos de música, cuando trabajaba con orquestas, coros sinfónicos y coros nacionales por todo el país. Lawrence aceptó el trabajo de tomar muestras de gargantas para pasar el tiempo, ganar dinero y conectarse con otras personas.

“Lo he disfrutado mucho más de lo que esperaba”, comentó Lawrence, de 55 años.

El virus sigue propagándose en todo el Reino Unido, acelerado por una variante especialmente contagiosa, y el país acaba de superar la nefasta marca de 100.000 muertes por COVID. Ayudar de alguna manera a detener esa propagación es “un trabajo muy importante en este momento”, opinó Lawrence.

“En lo personal, podré recordar esta época —aunque me muero de ganas de que ya pase— y decir que hice mi parte, hice algo útil y ya me siento muy orgulloso de ello”, comentó.

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This article originally appeared in The New York Times.

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