El héroe de guerra estadounidense que fue multicondecorado en Francia pero ninguneado en su país por ser negro

Alfred López
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El 25 de abril de 1960, dentro de su gira por diversas ciudades de los Estados Unidos, el presidente de la III República francesa, Charles de Gaulle, llega a la ciudad de Nueva York. Le acompañaba su esposa Yvonne en un viaje que serviría para estrechar lazos entre EEUU y Francia, tras casi una década de relaciones algo frías y unos días antes había estado en la capital del país, Washington DC, viéndose con su homólogo estadounidense Dwight D. Eisenhower, con quien había tenido una estrecha relación durante la IIGM.

Montaje con varias fotografías de Eugene Bullard -como piloto y boxeador y algunas de las condecoraciones que recibió por parte del gobierno francés (imágenes vía Wikimedia commons)
Montaje con varias fotografías de Eugene Bullard -como piloto y boxeador y algunas de las condecoraciones que recibió por parte del gobierno francés (imágenes vía Wikimedia commons)

El matrimonio de Gaulle iba a pasar una semana en suelo estadounidense, en un viaje que estaba calculado al milímetro para hacer infinidad de actividades protocolarias y de reafirmación de los lazos de amistad franco-estadounidenses. En Nueva York les esperaba un gran y multitudinario desfile por una de las principales avenidas, además de un buen número de actos y encuentros con importantes personalidades; pero el presidente Charles de Gaulle pidió un pequeño gran favor a los organizadores: una hora libre para poder reunirse con Eugene Bullard.

Eugene Bullard era un afroamericano jubilado, de 65 años de edad, que vivía en un apartamento de Harlem y que había pasado la última década trabajando como ascensorista en el Rockefeller Center y un personaje prácticamente desconocido para la inmensa mayoría de los estadounidenses ¿qué interés podría tener el presidente de Gaulle en reunirse con él?

Ni más ni menos que agradecerle personalmente los valiosísimos servicios prestados a Francia como militar durante la Primera y Segunda Guerra Mundia. Eugene Bullard había sido un héroe de guerra que, por su color de piel había sido rechazado por el ejército de los Estados Unidos y que había luchado en los dos conflictos bélicos como voluntario en la Legión Extranjera Francesa, también como aviador en las Fuerzas Aéreas francesas e incluso en el Regimiento de Infantería de este país. También tuvo una destacada función como espía para los servicios secretos franceses, al dominar perfectamente varios idiomas (inglés, francés y alemán).

Había sido condecorado con todos los honores por el gobierno francés con una quincena de medallas y las más altas distinciones que se otorgaban en Francia y, además, tenía tras de si el mérito de haber sido el primer piloto de guerra negro (de origen estadounidense). Recibió el apodo de ‘L'hirondelle noire’ (La golondrina negra). Durante la IGM había llevado como compañero, en el avión de combate que pilotaba, a un pequeño mono llamado ‘Jimmy’ y que se convirtió en su mascota fetiche.

Eugene Bullard en 1917 junto a su mono Jimmy en el avión que pilotaba (imagen vía Wikimedia commons)
Eugene Bullard en 1917 junto a su mono Jimmy en el avión que pilotaba (imagen vía Wikimedia commons)

Tras ser herido durante la IIGM y debido a la ocupación nazi de Francia, en julio de 1940 fue repatriado a los EEUU, de dónde se había marchado siendo prácticamente un adolescente, y donde debía empezar una nueva vida muy diferente a la que había vivido durante sus años de juventud en Europa.

Eugene Bullard había sido boxeador y artista de espectáculos circenses en Inglaterra. Posteriormente en Francia trabajó en cabarets parisinos como animador y músico e incluso llegó a abrir sus propios locales nocturnos dedicados al jazz, convirtiéndose en un próspero empresario. En la década de los ‘alegres años 20’ se codeó y entabló amistad con los más célebres artistas e intelectuales de la época como Ernest Hemingway, Josephine Baker, Louis Armstrong, F. Scott Fitzgerald o Langston Hughes, entre otros. También sería dueño de un gimnasio donde acudían a entrenar algunos campeones de boxeo.

A consecuencia de la guerra, sus negocios habían sido destruidos durante los bombardeos nazis y con el poco dinero que pudo reunir se compró un humilde apartamento en Harlem. Pero en Estados Unidos no se le recibió ni trató como él esperaba. Allí era un total desconocido y sus heroicos actos como piloto durante la guerra no los conocía ni interesaba a los estadounidenses.

Para subsistir tuvo que emplearse como ascensorista en el Rockefeller Center y en 1954 le llegó una invitación por parte del gobierno francés para ser uno de los encargados de encender la llama de la tumba del soldado desconocido bajo el Arco de Triunfo de París. Pasó un lustro cuando el cónsul francés en Nueva York lo nombró ‘Caballero de la Legión francesa’, algo que llamó la atención de algunos periodistas que se interesaron por saber quién era Eugene Bullard y teniendo su pequeño momento de gloria en una entrevista que se le hizo en el programa de televisión ‘Today Show’ que se emitía por la NBC y a la que fue ataviado con su uniforme de ascensorista.

El 25 de abril de 1960 se produciría el viaje a Estados Unidos del presidente francés Charles de Gaulle y el interés de éste por encontrarse y saludar personalmente a Eugene Bullard, declarando públicamente que se trataba de un ‘verdadero héroe francés’.

Un año y medio después (el 12 de octubre de 1961) Eugene Bullard fallecía víctima de un cáncer de estómago, a los 66 años de edad y volviendo a estar en más absoluto de los anonimatos. No fue hasta 1989 (28 años después de su fallecimiento) cuando recibiría el primer homenaje público en Estados Unidos, siendo incluido su nombre en el ‘Salón de la Fama de la Aviación de Georgia’.

Fuentes de consulta e imágenes: defense.gouv.fr / blackbooksmatter / nationalmuseum / historynet / georgiahumanities / airandspace / Wikimedia commons

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