Sin heladera. La odisea de una escuela rural en un “pueblo mínimo” bonaerense

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Escuela Rural N°35 “José Lamas" , de Mapi en Olavarria
Mauro V. Rizzi

“Decidí comenzar las clases igual, no tenemos heladera, nos estamos arreglando con una conservadora”, afirma Silvana Arnaudo, directora de la Escuela Rural N°35 “José Lamas” y docente plurigrado de 14 alumnos del pueblo de Mapis, en el extremo norte del partido de Olavarría, a 420 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires. “Desde el gobierno provincial no envían fondos para equipamiento”, asegura. “Algunas familias nos traen bebidas frescas y hielo para mantener la conservadora fresca”, sostiene.

Mapis es un pueblo mínimo, no tiene electricidad, no hay señal telefónica ni internet, el agua que sale del pozo no es apta para consumo humano. Un almacén de ramos generales fue hasta hace unos años el punto de encuentro, hoy está cerrado. El único habitante vive en una casa al fondo de la estación ferroviaria. Está a 100 kilómetros de Olavarría, gran parte de esa distancia es a través de caminos de tierra, muchas veces intransitable. Es la tierra del olvido.

A pesar de las carencias en las que se desenvuelve, la escuela ganó en 2018 el primer premio Maestros Argentinos por su trabajo “La escuela rural: el mejor lugar para prevenir la hidatidosis”, que tuvo cuatro años de investigación, capacitación y prevención para la población de esa localidad y había sido elegido entre más de 1400 trabajos presentados por todo el país.

Clases presenciales. A un mes de su comienzo, los contagiados en la Ciudad representan un 0,17%

“Me tengo que quedar toda la semana a vivir en la escuela”, afirma Silvana, que conoce muy bien lo que significa el valor de su presencia allí, hace once años que trabaja en la ruralidad. En una pequeña pieza, rodeada de biblioratos y elementos educativos, tiene un par de camas que comparte con una docente de jardín de infantes, que en la actualidad está de licencia y sus hijos, que asisten a una escuela de alternancia en un pueblo a 35 kilómetros.

“Este año no enviaron fondos “, sostiene Silvana. “Gracias a la solidaridad de las familias podemos dar clases”, afirma. Las altas temperaturas, que son intensas en la agrietada llanura bonaerense, hacen muy necesaria la presencia de bebidas y frutas frescas. Además está la necesidad de Silvana de poder conservar alimentos para su estancia semanal en la escuela. Volver a Olavarría es impensado. “Estamos muy lejos y es un viaje largo y costoso”, sostiene. De la única manera que la escuela funciona es con la permanencia de Silvana.

Escuela Rural N°35 “José Lamas" , de Mapi en Olavarria
Mauro V. Rizzi


La escuela rural inició una colecta para poder comprar una heladera inverter, que sirve para la conexión eléctrica a energía solar (Mauro V. Rizzi/)

“No se trata de una heladera común”, cuenta. La que se rompió es a gas, son muy costosas y repararlas tiene un valor muy alto. “No hay repuestos”, confirma al contar cuál fue la respuesta que le dieron desde el Consejo Escolar de Olavarría. “Ellos siempre nos han acompañado, pero no tienen presupuesto para comprar una heladera”, sostiene.

La electricidad que usan en la escuela se produce por energía solar. Pero se debe cuidar como oro. “Los días nublados nos quedamos sin poder encender la bomba de agua”, sostiene. Una perforación alimenta baños y cocina. “No es fácil vivir en el campo, pero me gusta lo que hago”, afirma Arnaudo.

“La solución es una heladera inverter”, confiesa. “Las a gas tienen muchos problemas, la última comenzó a despedir humo”, describe el drama de usar esta tecnología que es aún común en el campo, pero vetusta. Las inverters son heladeras que tienen bajo consumo, ideales para energía solar. “Son costosas, pero Mapis no tiene electricidad, la necesitamos”, señala. El valor de mercado asciende a $100.000.

Ayuda de las familias

“Enseguida las familias y allegados a la escuela ofrecieron ayuda”, afirma. Comenzó una donación de dinero a través de una cuenta bancaria. “Cada uno pone lo que puede, estamos lejos aún de llegar a la heladera”, confiesa. Aquellos fondos provinciales que no llegan, se tratan de alcanzar con aporte de trabajadores rurales.

“El año pasado recibimos cero pesos de fondos para equipamiento, y hasta ahora, no hay ninguna asignación”, cuenta Andrea Rivas consejera escolar que atiende la jurisdicción de Mapis. Los fondos que reciben son con destinos prefijados que no pueden desviarse hacia otro fin. “Hemos pedido que nos dejen para atender problemas como los de Mapis”, sostiene Rivas. Aún no hay respuesta.

Desde que comenzó la pandemia el gobierno bonaerense envía bolsones de comida. “No son tan necesarios en el ámbito rural”, afirma Arnaudo. La realidad tierra adentro no se resuelve con el envío de comida. “Hay otras necesidades”, sostiene. Un dato no menor: la mayoría de las familias ya reciben una provisión mensual en los establecimientos rurales donde trabajan.

Escuela Rural N°35 “José Lamas" , de Mapi en Olavarria
Mauro V. Rizzi


El establecimiento educativo no tiene internet, pero si paneles solares con los que disponen de energía eléctrica (Mauro V. Rizzi/)

Desde la Dirección General de Cultura y Educación (DGCE) aseguran que al inicio del ASPO (Aislamiento social, preventivo y obligatorio) decidieron continuar con el servicio alimentario en las escuelas (sin discriminar regiones), lo que supuso “ampliar significativamente la inversión en este rubro y destinar la totalidad de los recursos a la conformación de los módulos alimentarios”, sostienen.

“Los consejos escolares tienen la posibilidad de atender las necesidades de reparaciones o compra de equipamiento para las cocinas de los comedores escolares”, aseguran desde el organismo provincial, aunque previa autorización “del Departamento de Fondo Compensador de la DGCE”, afirman. “El Consejo Escolar de Olavarría ha recibido partidas presupuestarias para mantenimiento correctivo y preventivo de infraestructura”, concluyen.

Regreso a las aulas

A pesar de los obstáculos, “decidí comenzar las clases”, asegura Arnaudo. “Prioricé el reencuentro de los alumnos”, manifiesta. En parajes tan inhóspitos, en geografías tan adversas, la escuela es el centro absoluto de sociabilización. “Las familias están muy aisladas y los niños muy solos, era primordial volver a encontrarnos”, sostiene.

“El reencuentro con los alumnos fue muy esperado”, confiesa. En el ejido urbano, solo vive una sola persona, pero en el ejido rural de Mapis, el número sube a casi 100 habitantes. Todas las familias tienen trabajo formal en establecimientos agropecuarios. “El gran problema es que nadie tiene internet tierra adentro”, explica Arnaudo, por lo tanto la presencialidad era un hecho necesario.

“En la ciudad los niños se pueden encontrar con videollamadas, pero acá la realidad es otra”, atestigua. La escuela es el único lugar donde se pueden ver los niños. Mapis no tiene plaza, ni club. Las pocas actividades se hacen en la estación de tren, que fue reciclada. “Ellos están muy acostumbrados al abrazo, el primero día trabajamos las emociones”, relata la docente. Para poder acomodarse a esta nueva realidad, crearon un código de señales. “Así podemos darnos un beso, un abrazo, sin tocarnos”, asegura.

Escuela Rural N°35 “José Lamas" , de Mapi en Olavarria
Mauro V. Rizzi


Las docentes Silvana Arnaudo y Paz Criante pernoctan durante la semana en la escuela (Mauro V. Rizzi/)

En 2020 el desafío fue llegar a los alumnos en un universo rural en donde la conectividad es nula. “No había posibilidad de hacer zoom, por ejemplo”, asegura Arnaudo. Enviar un email es una odisea solo posible cuando alguna familia se acerca a alguna zona con señal. “Veníamos cada dos semanas con tarea en formato papel”, recuerda. Un vecino de Recalde, el pueblo más cercano ubicado a 25 kilómetros, se ofreció y entregaba las tareas a través de un recorrido por tranqueras.

“En cuarentena podrían haber permanecido abiertas las escuelas rurales, al menos algunos días”, sostiene. La soledad del ámbito rural es inmensa, crucial a la hora de entender la necesidad de hallar un punto de encuentro. “Esto es el campo, acá no existe la virtualidad”, concluye Arnaudo.

Quienes quieran ayudar a lograr que la escuela pueda contar con la heladera que necesita, pueden depositar dinero en la cuenta bancaria de la Asociación Cooperadora Escuela N°35 Cta Cte 6379-029919/1 CBU 0140337201637900291918.

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