Hebe de Bonafini, más allá del símbolo

EITAN ABRAMOVICH/AFP

La presidenta de Madres de Plaza de Mayo, que acaba de fallecer a los 93 años, fue una de las grandes figuras de la lucha contra la dictadura y por los derechos humanos. Pero en los últimos años, se volvió un personaje polémico y su imagen se desdibujó para muchos argentinos

Por el corresponsal de RFI en Buenos Aires

No formó parte de ese primer grupo de 14 mujeres que desafió a la dictadura con una ronda frente a la Casa Rosada, el palacio presidencial, el 30 de abril de 1977, lo que repetirían desde entonces cada jueves. Pero se unió a ellas a las pocas semanas, junto a otras madres, cada vez más numerosas, que querían saber qué había sido de sus hijos y, ante el silencio de tribunales, dependencias policiales, cuarteles militares y gobierno de facto, habían decidido manifestarse públicamente. Y rápidamente, por su carisma y su energía, Hebe de Bonafini se impuso como una de las líderes de esas mujeres que se identificaban con sus pañuelos blancos. Es así que en 1979, cuando la agrupación informal se transforma en la Asociación de las Madres de Plaza de Mayo, es nombrada presidenta de la misma. A partir de ese momento comenzó a ocupar un papel cada vez más importante en la política argentina como símbolo y portavoz de la lucha contra la dictadura militar en el poder entre 1976 y 1983.

Al regreso de la democracia, en diciembre de 1983, Hebe de Bonafini, como líder de las Madres de Plaza de Mayo es, en Argentina y aún más en el exterior, una de las figuras de la resistencia a la dictadura y la lucha por los derechos humanos, junto con Estela de Carlotto, la fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo, con quien siempre mantendrá diferencias y cierta rivalidad.


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