Hallazgo arqueológico: la explicación del argentino que custodia los rollos del Mar Muerto

Luisa Corradini
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Adolfo Roitman, antropólogo y experto en religiones comparadas, durante su reciente visita a Buenos Aires.
Fernando Massobrio

PARÍS.— Israel reveló esta semana el descubrimiento de fragmentos de un pergamino bíblico escrito en griego, de 2000 años de antigüedad, descubierto en el desierto de Judea, en el sur de Israel, y calificó el hallazgo como uno de los más importantes desde los Manuscritos del Mar Muerto entre los años 1950 y 1960.

“Por primera vez en unos 60 años, las excavaciones arqueológicas han descubierto fragmentos de un pergamino bíblico”, dijo la Autoridad de Antigüedades de Israel (AAI) en un comunicado.

Una imagen proporcionada por la Autoridad de Antigüedades de Israel el 16 de marzo de 2021 muestra una foto tomada el 4 de febrero de 2020 de voluntarios y arqueólogos que participan en excavaciones de cuevas en el desierto de Judea.
YANIV BERMAN


Una imagen proporcionada por la Autoridad de Antigüedades de Israel el 16 de marzo de 2021 muestra una foto tomada el 4 de febrero de 2020 de voluntarios y arqueólogos que participan en excavaciones de cuevas en el desierto de Judea. (YANIV BERMAN/)

Además de los fragmentos de pergamino, se desenterraron objetos que remontan a la revuelta judía de Bar Kokhba contra los romanos (132—136 d.C.), así como un esqueleto de niño momificado de 6000 años de antigüedad envuelto en tela, y una cesta de 10.500 años, probablemente la más antigua del mundo, estimó la AAI.

Para la operación, financiada por el gobierno y que se extendió a la parte del desierto de Judea situada en Cisjordania, un territorio ocupado por Israel desde 1967, estos hallazgos tienen un doble objetivo, además del puramente arqueológico: impedir que el patrimonio histórico del país sea pillado en forma sistemática y demostrar, en una zona reivindicada por los palestinos, la presencia judía desde la más remota antigüedad.

El doctor Adolfo Roitman no se ocupa de cuestiones políticas. El célebre y carismático arqueólogo argentino, radicado en Israel hace décadas, es director del Santuario del Libro y curador de los Rollos del Mar Muerto en el Museo Israelí de Jerusalén. Sobre todo, es un apasionado científico que aceptó explicar a LA NACION telefónicamente el significado de este nuevo hallazgo, que tuvo un eco planetario.

—Doctor, ¿cuál es la importancia de este descubrimiento anunciado por las autoridades de Israel?

—Lo importante es ubicar al público en algo que obviamente resulta desconocido. Cuando hablamos de los rollos del Mar Muerto, estos comprenden dos categorías fundamentales: una son los fragmentos de manuscritos y manuscritos que se encontraron en las cuevas de Qumran, próximos a este lugar del que se habla ahora al norte del Mar Muerto. Pero además, en las décadas de 1950 y 1960, se hallaron restos de manuscritos antiguos, incluyendo manuscritos bíblicos en el área que se llama en general el Desierto de Judea. Qumran forma parte obviamente, pero esos materiales no tienen que ver directamente con la llamada “comunidad del Mar Muerto”. En los 60 se hallaron allí materiales relativos a una sublevación de los judíos contra los romanos conocida como “la revuelta de Bar Kohba” (entre 132 y 135 de nuestra era). Entre esos materiales se encontraron documentos de archivo, cartas que fueron incluso atribuidas o escritas por ese líder, Bar Kohba. También se encontraron algunos manuscritos bíblicos. Desde entonces no se habían vuelto a encontrar restos de manuscritos bíblicos en el aérea del Desierto de Judea. Durante todas estas décadas los arqueólogos trataron infructuosamente de hallar nuevas cuevas con material escrito. Por lo tanto, podemos entender la importancia de este hallazgo: materiales escritos y además fragmentos de un texto bíblico. Es una gran noticia.

—Pero, ¿qué tienen de diferentes estos fragmentos con respecto a los hallados en los años 50 y 60?

—Estos materiales vienen de una cueva específica que se llama “la cueva de los horrores”, que ya fue excavada en la década del 50 y comienzos del 60. El nombre se debe a unos 40 restos humanos de judíos rebeldes que murieron allí, probablemente asfixiados por el humo de los romanos que los rodeaban. En esa cueva, uno de los hallazgos de los años 50 fueron fragmentos de un manuscrito en griego, de lo que se llama “la sección de los profetas menores de la biblia hebrea”. Es una sección específica de libros pequeños precisamente por su tamaño. Lo que encontraron ahora son otros fragmentos de ese mismo documento.

Un arqueólogo en la "cueva de los horrores"
YANIV BERMAN


Un arqueólogo en la "cueva de los horrores" (YANIV BERMAN/)

—¿O sea que no es algo completamente nuevo?

—No. Son nuevos fragmentos de ese mismo documento. Hallados en el mismo lugar. Aunque a falta de publicación científica, no sabemos cuál es el sitio preciso y a cuánta distancia están del primer hallazgo. Pero pertenecen a los mismos libros que ya habíamos encontrado y estudiado, y que fueron publicados en la serie de Oxford.

—Entonces, ¿por que habría diferencia en algunas palabras, según el comunicado oficial?

—Lo que tenemos aquí es una traducción del hebreo al griego. Según los textos anteriormente hallados, sabemos que esa traducción tiene ciertas características que ya habían sido estudiadas. Es una nueva versión de la traducción griega, llamada Septuaginta (o Biblia de los Setenta). En Alejandría, entre los siglos III y I antes de Cristo, los judíos tradujeron las Escrituras al griego. Obviamente no tenemos ningún testimonio de esos manuscritos de Egipto. Pero, en Occidente, conocíamos la versión de la Septuaginta porque fue transmitida por los cristianos a pesar de ser una traducción judía.

—¿Y por qué la transmitieron los cristianos?

—Se debe a que los seguidores de Jesús, que después terminaron llamándose cristianos, utilizaron las escrituras judías como prueba o argumento de que Jesús era el mesías anunciado en las escrituras. Para difundir el evangelio cristiano utilizaron el texto en griego pues tenían que difundirlo entre grecoparlantes. De modo que el texto de la Septuaginta, originada en una versión originalmente judía, fue en realidad preservada por los cristianos. Ese es el caso de Códice Sinaïticus, el Códice Alejandrino o el Códice Vaticano… Son códices cristianos muy importantes que contienen lo que los cristianos llaman “el Antiguo Testamento” en su versión en griego de la Septuaginta hecha por los judíos.

—¿Y a esa versión pertenecen los fragmentos descubiertos ahora?

—No. Cuando se produjo el descubrimiento de Qumran y del Desierto de Judea, entre otros enormes aportes se hallaron también manuscritos (fragmentos) de textos de la Septuaginta de la época del Segundo Templo, pero traducidos al griego en la tierra de Israel. Es decir que eran manuscritos no traducidos por cristianos, sino que eran textos, versiones que usaban los judíos de esa época. Y además de eso, se encontró en los años 50 la versión en griego del libro de los profetas menores. Esos nuevos fragmentos anunciados ayer, pertenecen a esa misma versión. La explicación es que simplemente aún nadie los había encontrado.

Parte del rollo del Libro de los Doce Profetas Menores, escrito en griego
Shai Halevi, Autoridad de Antigüedades de Israel


Parte del rollo del Libro de los Doce Profetas Menores, escrito en griego (Shai Halevi, Autoridad de Antigüedades de Israel/)

—¿Y qué características tiene esa traducción?

—Por los hallazgos anteriores, sabemos que esa versión no es simplemente la misma que la que conocemos de los manuscritos cristianos, sino que se aproxima mucho a la versión que luego formaría parte de lo que se llama “el texto tradicional judío” o texto masorético. Por eso los biblistas dicen que la versión en griego de este manuscrito se aproxima a la versión “protomasorética”. Sabemos que en aquel momento existió una versión, que luego llamaríamos masorética, que se convertiría en la versión dominante de los judíos en el primer milenio de nuestra era. El manuscrito más importante de la versión masorética del mundo es el que yo tengo en el Santuario del Libro, que se llama el Códice de Alepo.

—Pero, ¿por qué los especialistas señalan algunas palabras diferentes en los fragmentos hallados?

—Partamos del principio de que toda traducción está naturalmente originada en un texto en hebreo que el traductor tenía frente a sus ojos. En estos fragmentos hay palabras traducidas del texto hebreo que conocemos, que en griego no son iguales. No es realmente grave, pero los biblistas siempre quieren saber si la versión nueva tiene diferencias con las que conocíamos o si aparece alguna lectura diferente. A partir de ahí se puede concluir, por ejemplo, que en la versión original que estaban traduciendo había un error del copista y entonces el traductor tradujo la palabra que veía. O a veces sucede que la versión difiere porque el traductor quiso interpretar una palabra porque no la entendió.

—¿Hay algún otro punto interesante y nuevo?

—Hay otro fenómeno que también conocíamos, pero que vale la pena señalar. Cuando el texto que se estaba traduciendo al griego llegaba al nombre sagrado de Dios (el nombre inefable o el tetragrama, que los judíos no pueden pronunciar) el nombre está escrito en hebreo antiguo (lo que se llama técnicamente el “paleohebreo”). Este fenómeno también lo conocemos en los rollos del Mar Muerto. En general hay que entender que, en el judaísmo del Segundo Templo (del siglo VI al I antes de Cristo) el tema del nombre de Dios se había transformado en una cuestión muy sensible desde el punto de vista religioso. Entonces los judíos tenían distintas maneras de evitar escribir o pronunciar el nombre de Dios. Así como los judíos modernos usan “elokim”, “hachem” o “amakom”, es decir un montón de expresiones para no nombrar a Dios por su nombre, lo mismo sucedía en el mundo antiguo.

—Fascinante…

—Uno de los manuscritos más importantes que se encontraron en Qumran y está en el Santuario del Libro, es el Comentario a Habacuc, la única copia del mundo que tenemos de esta obra de la época romana, de la segunda mitad del siglo I, que es un documento de la secta del Mar Muerto. Ahí, por ejemplo, cada vez que en el texto original en hebreo la palabra eran las cuatro letras del nombre inefable de Dios, el autor lo escribió otra vez en paleohebreo, lo mismo que sucede con la traducción en griego. En griego, cuando el traductor tenía que llegar a ese nombre, lo traducía con la palabra “Señor”. Fíjese que las traducciones dicen “el Señor dijo”. Pero, ¿qué Señor? En la versión original son las cuatro letras del nombre sagrado de Dios, traducida en griego por “Kyrios” (Señor). Otras veces en griego lo traducen como “Theos” (Dios) o incluso “Yao”.

—En otras palabras, es normal que la gente se conmueva con estos hallazgos. Pero, para la ciencia probablemente no aporte nada nuevo…

—Así es. Pero este descubrimiento tiene que ver con otro tema. Con el esfuerzo del Estado de Israel para evitar el saqueo de su patrimonio nacional, que obviamente es también patrimonio de la humanidad.

—El anuncio oficial de los descubrimientos se realizó esta semana. Pero, ¿cuánto hace que se produjeron?

—No lo sé. Obviamente hace un tiempo. Pero hubo un esfuerzo de mantenerlo en secreto mientras se procedía a todo el trabajo inmediato a todo descubrimiento. De todos modos, aún no se sabe todo. Los especialistas tendrán ahora que hacer frente a otros desafíos, por ejemplo al estudio de todos los otros objetos hallados en el lugar y que pertenecen a épocas totalmente diferentes. ¿Qué significa cada uno de ellos? ¿Qué nos dicen? ¿Cuál es el hilo conductor que los relaciona entre sí y a nosotros?