Hallan excepcional diamante de más de 700 quilates en Sierra Leona

Un buscador de diamantes, el 28 de abril de 2012, in Koidu, en el este de Sierra Leona, a unos 250 km de Freetown (AFP/Archivos | ISSOUF SANOGO)

Un enorme diamante de 706 quilates fue hallado en Sierra Leona, anunció el jueves la presidencia de ese país, que prometió un "proceso de comercialización transparente" en un país marcado por el tráfico de "diamantes de sangre" durante la guerra civil (1991-2002).

El diamante fue hallado en la provincia de Kono, en el este del país, por un pastor protestante, Emmanuel Momoh, buscador ocasional de diamantes. Fue presentado el miércoles al jefe de Estado, Ernest Bai Koroma, por un jefe tribal de la región, según un comunicado de la presidencia.

"El presidente Koroma agradeció al jefe y a los suyos de no haber vendido el diamante mediante contrabando fuera del país", según el texto, asegurando que "el proceso de comercialización será transparente".

La controversia sobre los "diamantes de sangre", las piedras preciosas que sirvieron para financiar conflictos en Africa, como en Angola o en Sierra Leona, desembocó en 2000 con el régimen de certificación de las piedras, llamado Kimberley, apoyado por la ONU y que reagrupa a 75 países.

El régimen de Kimberley enumera las condiciones a cumplir por un país para que sus diamantes puedan ser exportados legalmente.

El diamante descubierto en Sierra Leona, una vez certificado por los expertos, y cuyo valor aún debe ser estimado, sería uno de los más grandes que se hayan registrado.

Según Paul Zimnisky, un experto del sector basado en Estados Unidos, una vez evaluada esta piedra podría situarse entre los puestos 10º y 15º de los diamantes más grandes encontrados hasta ahora.

En 2015 se extrajo de la mina de Karowe en Bostwana el diamante más grande hallado en un siglo, de 1.111 quilates.

El diamante más grande del mundo es el Cullinan, de 3.106 quilates, hallado en Sudáfrica en 1905.

Este diamante fue fraccionado en varias piedras enormes, las principales de ellas adornan el cetro real británico y la corona imperial, que forman parte de las joyas de la Corona Británica.