'¿Y ahora qué hago?': la odisea de dos adolescentes huérfanos a causa de la COVID para sobrevivir

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Adriana Salomon lleva una foto de su padre, que murió de linfoma cuando ella estaba en la escuela primaria, en su casa en el barrio de Bushwick de Brooklyn, el 10 de marzo de 2021. (Amr Alfiky/The New York Times).
Adriana Salomon lleva una foto de su padre, que murió de linfoma cuando ella estaba en la escuela primaria, en su casa en el barrio de Bushwick de Brooklyn, el 10 de marzo de 2021. (Amr Alfiky/The New York Times).

NUEVA YORK — Su madre sufrió un paro cardiaco justo antes de la medianoche.

La reanimaron, pero el médico tenía una duda: ¿Qué quería hacer la familia si el corazón de Magalie Salomon volvía a dejar de latir?

La decisión quedó en manos del hijo de Salomon, Xavier, de 18 años.

Era una situación alarmante, sobre todo para Xavier Salomon, que nunca había tenido una responsabilidad tan grande en su hogar. Su padre había muerto nueve años antes, y su madre trabajaba en turnos nocturnos como asistente doméstica, lo que significaba que a menudo estaba solo en casa con su hermana de 16 años, Adriana Salomon.

Aun así, Xavier Salomon no se sentía obligado a asumir el papel de hermano mayor y prefería evadir las tareas y los deberes. No le importaba gastar su sueldo de Burger King en zapatos deportivos Yeezy o en regalos para su novia, y solía encerrarse en su habitación con el celular en la mano.

Sin embargo, cuando el hospital llamó, fue a él a quien le pidieron respuestas.

Entró en pánico. Hagan lo que sea necesario, suplicó.

Una pesadez descendió sobre el departamento en Bushwick, Brooklyn. Se tumbó en su cama en la oscuridad, mientras esperaba otra llamada.

Cuando la llamada llegó un par de horas más tarde, las noticias y la pregunta eran las mismas. Repitió su petición. Sí, resucítenla. Sálvenla.

Finalmente, justo antes del amanecer, recibió la noticia: su madre, de 44 años, había muerto de COVID-19 a eso de las 6 de la mañana del 3 de abril de 2020 en el Centro Médico de Wyckoff Heights. Habían pasado menos de tres días desde que dejó su casa.

Xavier Salomon y su hermana, Adriana, llevan sus bolsas de ropa sucia por el barrio de Bushwick, en Brooklyn, el 10 de marzo de 2021. (Amr Alfiky/The New York Times).
Xavier Salomon y su hermana, Adriana, llevan sus bolsas de ropa sucia por el barrio de Bushwick, en Brooklyn, el 10 de marzo de 2021. (Amr Alfiky/The New York Times).

Esta vez, antes de que Salomon colgara, él tenía su propia pregunta: “¿Y ahora qué hago?”.

Un niño sin ambiciones

En los catorce meses transcurridos desde la muerte de su madre, Xavier y Adriana Salomon han conseguido rehacer sus vidas, al descubrir el valor desde su dolor. Los adolescentes, ahora solos, han dado pasos inseguros pero valientes para enfrentar la falta de sus padres.

Xavier Salomon había sido el tipo de niño que confiaba en su encanto. Incluso su madre, que lo trataba como a un bebé, le había dicho que le faltaba ambición. Fue ella quien se hizo amiga del gerente de Burger King y animó a su hijo a solicitar un empleo.

“No tenía metas”, recuerda. “Creo que se debía a que todo me lo daban en las manos. Nunca tuve que trabajar realmente en nada”.

De poco le servía su hermana, que le revisaba la ropa y el teléfono, y contaba a su madre lo que había descubierto.

A su vez, a Adriana Salomon le molestaba que su hermano fuera mimado. Mientras ella debía ayudar a limpiar y cocinar, él se sentaba a esperar que le sirvieran la cena.

No obstante, estaban conectados por una madre cuya vitalidad anclaba a la familia.

Nacida en las Bahamas, Magalie Salomon tenía un sentido del humor mordaz y una mano hábil en la cocina. Calentaba su departamento con risas y el olor del pollo con arroz amarillo y frijoles, o macarrones con queso.

Generosa y gregaria, obsequiaba a sus hijos y a sus amigos ropa de marca y cenas en restaurantes. Para el cumpleaños dieciséis de su hija, trajo a casa una perrita yorkie llamada Bella. No importaba que ya tuvieran un shih tzu: Juicy.

Xavier Salomon tenía el ingenio de su madre, y los dos se la pasaban superando el ingenio del otro, para regocijo de quienes los conocían.

Adriana Salomon era como su madre, contundente y segura de sí misma, pero más tranquila. Las dos compartían una habitación y una cama matrimonial, aunque Magalie Salomon trabajaba por las noches, por lo que solía marcharse cuando su hija llegaba a casa de la escuela. A veces, Adriana Salomon podía saltarse las clases para que ella y su madre pudieran hacerse las uñas o ir al centro comercial.

Su padre, Adrian Dookie, había enfermado de linfoma cuando ellos estaban en la escuela primaria. Dookie, que tenía el mismo nombre de su hija, tenía apenas 30 años cuando falleció.

Fue el vínculo que Xavier y Adriana Salomon compartían con su madre lo que ayudó a mitigar el vacío.

Cuando su madre empezó a sentirse mal en marzo de 2020, se preocuparon, pero no en exceso. A menudo se burlaban de ella por ser melodramática.

La ciudad de Nueva York se había cerrado recientemente, pero el final del coronavirus aún no era claro. El número de muertes aumentaba, pero había muchas más historias de personas que se habían recuperado. Adriana Salomon tenía síntomas de COVID-19 y no estaba angustiada, sino solo fatigada. Además, su madre había luchado contra el cáncer de mama una década antes. Era una sobreviviente de la enfermedad.

Magalie Salomon llamó finalmente a la ambulancia para que acudiera a su departamento el 31 de marzo. Abrazó a sus hijos antes de salir a la calle.

Envió continuos mensajes de texto y llamó desde el hospital. Durante un chat por FaceTime con su hijo, le habló de su relación con su hermana. Salomon se preocupaba por la incapacidad de sus hijos para conectarse.

“Me dijo: ‘No me gusta cómo tratas a Adriana’”, recordó su hijo.

Ella sentía que los hermanos debían estar más cerca, que él debía cuidar a su hermana.

Xavier Salomon simplemente le contestó: Sí, sí, sí.

Pero después de que su madre fue enterrada junto a su padre en un cementerio de Queens, las palabras que le dijo quedaron dando vueltas en la cabeza de Xavier Salomon.

Se debe la renta

Después de la muerte de su madre, Xavier Salomon quiso quedarse en el departamento de dos habitaciones de la familia, el único lugar que contenía los recuerdos de sus dos padres.

Sin embargo, dudaba de poder seguir pagando los recibos. Si fracasaba, no quería arrastrar a su hermana con él. Se sentiría más seguro si estuviera al cuidado de adultos.

“No tenía confianza para valerme por mí mismo”, dice. “Realmente no estaba hecho para eso”.

Así que Adriana Salomon se mudó a casa de unos amigos de la familia en Queens, y luego se tomó unas vacaciones de dos semanas en Carolina del Norte para visitar a un hermanastro mayor que la instó a quedarse ahí de manera definitiva. Después, se fue a vivir con una tía en Canarsie, Brooklyn.

Los primeros meses fueron problemáticos para Xavier Salomon. Como su madre había muerto de COVID-19, tuvo que pasar la cuarentena y perder dos semanas de trabajo. Después, sus turnos de 15 dólares la hora se redujeron porque los clientes eran escasos.

El propietario le dijo que no se preocupara por la renta de 600 dólares, un gesto que Xavier Salomon confundió con la cancelación de la renta. Más tarde se sorprendió al saber que se habían acumulado alquileres atrasados y que debía más de 3000 dólares.

Estaba haciendo el balance de su primer año en el City College de Nueva York y quería especializarse en ingeniería civil. Pero los requisitos de matemáticas eran muy exigentes. Con las clases a distancia, su atención se desviaba con facilidad. Su ayuda financiera dependía de sus calificaciones, que empezaron a bajar.

Xavier Salomon acabó vendiendo la mayor parte de su colección de zapatos deportivos para ayudar a pagar los recibos de la luz, el agua y el celular, y para acumular ahorros. Cortó el cable y el teléfono de casa, comió sobre todo ramen y comida rápida y lavó a mano su uniforme de Burger King para evitar la lavandería, que cobraba 5 dólares por carga.

Su novia, Sherlyn Guzmán, le decía que estaba en modo de supervivencia, que debería ir a un terapeuta. Él se encogía de hombros.

Entonces, en julio, se unió a la familia de Guzmán en un viaje a la República Dominicana.

Se sintió culpable por tomarse un descanso y le costó relajarse.

No obstante, él y el padre de Guzmán empezaron a construir una piscina improvisada en el tejado del inmueble. Trabajaron durante las agotadoras tardes, hasta que volvían a bajar para sentarse y sentir la brisa en el balcón con el resto de la familia. Comían plátanos hervidos y bebían jugo de maracuyá mientras contemplaban los campos.

Algo en Xavier Salomon empezó a asentarse. Se reía con más facilidad. Si alguien mencionaba a su madre, sonreía y contaba anécdotas, no solo chistes.

“Empezaba a permitirse sentir cosas”, dice su novia.

Cuando Salomon volvió del viaje, lo hizo con una sensación de honestidad sobre su situación. Nunca había estado bajo tanta presión. Pero también había conseguido mantenerse a flote.

Se sentía abierto, como si hubiera una posibilidad. Tal vez podría convertirse en tutor

legal de su hermana.

Cuando su hermana volvió a vivir con él, no hubo ninguna gran conversación sobre las tensiones del pasado. De alguna manera, la muerte de su madre había arreglado las cosas entre ellos.

Dos adolescentes solos

Los hermanos comenzaron a seguir una rutina. Cuando Xavier Salomon estaba en el trabajo, su hermana solía pasar el rato con su madrina, que vivía en el piso de arriba. A veces, Adriana Salomon limpiaba la habitación de su hermano mientras él estaba fuera. Mantenía su teléfono cerca y se comunicaba con él cuando podía.

Ambos son procrastinadores, así que se afanaban en hacer los deberes a deshoras mientras se sentaban en sus camas y hablaban a través de su puerta compartida.

Xavier Salomon empezó a llamar a su hermana “mini yo” y empezó a decirle por su apodo familiar: “Chouchou”, un nombre de cariño en criollo haitiano, el idioma que su madre creció hablando.

Sin embargo, han surgido dificultades como las que su madre parecía manejar con facilidad.

Adriana Salomón, una alumna destacada del MESA Charter High School, empezó a faltar a clases en otoño. Se quedaba dormida, explicó su hermano en la reunión de padres y profesores. Su madre había sido la encargada de despertar a Adriana Salomón para ir a la escuela, algo que su hermano estaba demasiado cansado para hacer debido a los largos turnos de trabajo.

“Todavía están tratando de averiguar cómo recuperarse de esto sin la principal fuerza estabilizadora de su familia”, comentó Pagee Cheung, la directora de la escuela, quien animó a Xavier Salomon a iniciar una campaña de GoFundMe. “En la reunión, con Xavier como padre, todo fue muy revelador. Su dinámica era de muchas risas y bromas, pero también sin duda de mucho amor al oírlos resolver las situaciones cotidianas”.

Intentar ser el pilar

Xavier Salomon le propuso matrimonio a Guzmán el pasado otoño en Hunter’s Point South Park, en Queens, con el horizonte urbano de Manhattan alzándose tras ellos. Su madre nunca le habría permitido comprometerse tan joven, pero ella también fue la inspiración: nos pueden arrebatar a los seres queridos.

“Estamos hablando de locuras”, dijo hace poco.

Guzmán, de 20 años, que trabaja en el mismo Burger King, podría mudarse con él y su hermana el año que viene si consiguen encontrar un piso de tres habitaciones que funcione. Hace poco tiempo, no podría haber imaginado dejar su departamento, ni sentir ese ímpetu sobre el futuro.

“En verdad tengo el control de lo que está sucediendo ahora, al tratar de ser el pilar”, dijo.

A Adriana Salomón no le importaría el cambio. Guzmán le recuerda a su madre.

Xavier Salomón está ansioso por progresar, por llegar a la vida que imagina. Está empeñado en subir sus notas porque piensa en las oportunidades de trabajo que quiere después de la universidad, en la deuda que pagará, en la casa que comprará, en los hijos que criará.

A veces se sorprende de cómo se reconfiguró a sí mismo, de por qué decidió escuchar el impulso que ahora lo motiva.

“No tengo idea de cómo llegué a ser esta persona”, dice.

Piensa que, tal vez, su determinación siempre ha estado ahí, lista para encenderse gracias a la necesidad, las circunstancias y el amor.

Su madre había sido muy fuerte, muy segura, rasgos que se pregunta si ella le transmitió, como regalos finales que estaban esperando a ser encontrados.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company

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