Hagamos todo lo posible para que los chicos se reencuentren este año

Maritchu Seitún
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La vuelta a la escuela es hoy un gran tema de debate en nuestro país: en CABA empezaron a concurrir grupos pequeños de distintos niveles, también en algunos distritos provinciales. Pocos chicos, siguiendo protocolos, con uno o dos docentes, siempre los mismos integrantes para minimizar el riesgo. No van a estudiar sino a recreación y revinculación mientras siguen las clases online para todos los niveles, incluidos los que están yendo a clases presenciales. Hay unos cuantos chicos que no pueden ir, ya sea porque sus padres no pueden llevarlos, o esperarlos, o porque tienen un familiar o ellos mismos tienen una situación de riesgo y tampoco pueden hacerlo.

De todos modos ya empezamos a verlos en las veredas, y en las fotos de los diarios y de las redes en encuentros -en algo- parecidos a la realidad precovid.

Los encuentros en ámbitos esoclares son cuidados y supervisados, es decir mucho más seguros que los que están ocurriendo de hecho, cuando los chicos se encuentran igual pero con adultos que no tienen claros los protocolos y/o se resisten a acatarlos y/o no logran instrumentarlos. Por otro lado es más fácil para los chicos escuchar y respetar las pautas de un docente que las de sus padres porque, como dice el dicho "nadie es profeta en su tierra". Esta práctica en las instituciones educativas es indispensable para que aprendan -y no de la pesada de su mamá, a quien ya no escuchan- las pautas de cuidado y los protocolos. Se acercan las largas vacaciones, y es indispensble que los chicos aprendan y practiquen las interacciones sociales con todas las medidas de cuidado. Y que se reencuentren y retomen sus amistades para pasarla bien y acompañados durante el verano.

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Todo cuanto los chicos puedan procesar en los encuentros de este año va a facilitar el comienzo de las clases el año próximo y se va a acortar el período de readaptación, por lo que hagamos todo lo posible para que se reencuentren este año, hablen entre ellos y con sus docentes de sus dolores, pérdidas, duelos, soledades, de lo que extrañaron, también de las cosas buenas, es decir de cómo vivieron estos meses, y que vuelvan a pasarlo bien juntos. Esos encuentros y charlas son anteriores a cualquier posibilidad de aprendizaje en el aula.

Tanto los chicos como sus padres necesitamos aire, salir del encierro, encontrarnos con otras personas, hablar de temas nuevos, y los chicos necesitan a sus pares, ya no les alcanza con sus hermanos o algún vecino.

De hecho, ya estaban empezando a encontrarse en las plazas, las familias empezaron a invitar a otras familias que se cuidaban, a armar grupitos de juegos o de estudio rodantes. El ingenio de la gente multiplicó las opciones seguras.

Hoy sonreímos aliviados. Porque aunque es genial estar en familia, y a la cuarentena le debemos el regalo de haber podido pasar más tiempo en casa con nuestros hijos, ya necesitábamos esta vuelta gradual. Sabemos que a la vez es un esfuerzo enorme para todos los adultos involucrados. Podemos dudar si vale la pena llevarlos al colegio por ese tiempo tan corto: es complicado porque los chicos van en días y horarios distintos, por lo que se les pide a los padres un nuevo esfuerzo llevando y trayendo chicos, quizás incluso esperándolos en la puerta porque no da el tiempo para volver a casa y salir de nuevo a buscarlos. Y también a los docentes se les pide un esfuerzo mayor porque la presencialidad les suma tareas y responsabilidades. Y ¡sí, vale la pena el esfuerzo! Los chicos necesitan volver a verse, conversar, saber en qué anda cada uno, jugar, compartir espacios y también practicar la convivencia en esta nueva normalidad que va a durar un buen tiempo todavía.