'Nadie me había hablado de esto'

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Rach Idowu, que dirige un boletín informativo llamado Adulting With ADHD, en Londres, el 7 de mayo de 2021. (Adama Jalloh/The New York Times)
Rach Idowu, que dirige un boletín informativo llamado Adulting With ADHD, en Londres, el 7 de mayo de 2021. (Adama Jalloh/The New York Times)

“Cuando era niña, tenía la sensación de que las cosas eran más difíciles para mí”, recuerda Tiffany Bui. Le costaba concentrarse en la escuela y con frecuencia era olvidadiza. A lo largo de su vida, dijo, los miembros de su familia criticaron esos rasgos como defectos.

En otoño de 2020, cuando cursaba el último año en la Universidad de Minnesota, Bui, de 21 años, tenía problemas de ansiedad y depresión. Visitó la clínica de salud de la escuela, donde le recetaron un antidepresivo, pero sus problemas de atención persistían. Cuando volvió a la clínica, el médico le preguntó si había considerado que podía tener un trastorno por déficit de atención e hiperactividad, o TDAH.

“Empecé a leer, a investigar por mi cuenta sobre el TDAH en las mujeres y pensé: ‘Caray, nadie me había hablado de esto’”, comentó Bui. No consultó solo sitios web de medicina; en las redes sociales, vio publicaciones de mujeres que hablaban de sus experiencias con el TDAH, las cuales, según ella, eran “increíblemente específicas y muy fáciles de entender”.

Bui fue referida a un psicólogo en Bloomington, Minnesota, donde le realizaron una evaluación neurológica que a veces se utiliza con fines de diagnóstico, más a menudo con niños. Incluía pruebas de asociación de palabras, problemas matemáticos y ejercicios de reconocimiento de patrones. Finalmente, tras toda una vida de síntomas, Bui fue diagnosticada con TDAH inatento. (El TDAH se sitúa en un espectro de tres “tipos”: inatento, hiperactivo o combinado. El tipo inatento se utiliza para describir síntomas como la falta de memoria y otros rasgos relacionados con la concentración).

La historia de Bui no es extraña: muchas mujeres y personas de color se están enterando ahora, después de años o incluso décadas de dificultades, de que tal vez cumplan con los criterios de diagnóstico del TDAH, gracias en parte a una oleada de creadores de contenido en las redes sociales que intentan crear conciencia.

Estos creadores comparten cómics en la web (como Pina Varnel, de 31 años, que es conocida como la Alienígena del TDAH en Twitter), videos (Dani Donovan, de 30 años, lo hace en TikTok y Jessica McCabe, de 38 años, en YouTube), boletines (como Adulting With ADHD, de Rach Idowu, de 26 años), blogs (como el de René Brooks, de 36 años, Black Girl Lost Keys) y memes (Dime que tienes TDAH sin decirme que tienes TDAH), los cuales pretenden ayudar a la gente a identificar los síntomas y encontrar una comunidad.

Lidia Zylowska, psiquiatra y autora de “Mindfulness Prescription for Adult ADHD”, dijo que no había observado un aumento de mujeres de color diagnosticadas con TDAH. Sin embargo, señaló, “hay una tendencia creciente en la conciencia en el campo del TDAH y el público en general de que las personas de color, y especialmente las niñas y mujeres de color, pueden ser ignoradas y no recibir diagnóstico ni tratamiento de TDAH”.

Rach Idowu, que dirige un boletín informativo llamado Adulting With ADHD, en Londres, el 7 de mayo de 2021. (Adama Jalloh/The New York Times)
Rach Idowu, que dirige un boletín informativo llamado Adulting With ADHD, en Londres, el 7 de mayo de 2021. (Adama Jalloh/The New York Times)

Aunque los investigadores médicos descubrieron, en una revisión reciente de más de 300 estudios, que el TDAH estaba sobrediagnosticado (y sobremedicado) en menores de 18 años, esos diagnósticos se inclinaban hacia ciertos grupos demográficos. Los niños blancos tienen más probabilidades de recibir diagnósticos y tratamientos para el TDAH que los niños de color, pues los modelos de diagnóstico se han basado durante mucho tiempo en investigaciones centradas en los jóvenes blancos.

Los síntomas del trastorno a veces se presentan de forma diferente en las niñas y el desgaste emocional puede ser intenso; un estudio longitudinal enfocado en niñas y mujeres jóvenes encontró que quienes habían sido diagnosticadas con TDAH cuando eran niñas mostraban un marcado deterioro diez años después de sus diagnósticos, incluyendo un alto riesgo de autoinfligirse lesiones.

“Con el tiempo, uno se topa con un muro en el ámbito académico o profesional y entonces tiene que enfrentarse a todas esas capas de estrategias fallidas de adaptación acumuladas”, señala Leah Islam, de 28 años. Islam había luchado contra la depresión desde los 13 años, pero no recibió un diagnóstico de TDAH hasta que cumplió 21 años. Sus padres no habían apoyado su búsqueda de atención de salud mental; no fue hasta hace poco que Islam empezó a hablar de medicamentos con su madre.

Para algunas personas, el contenido del TDAH representa un paso hacia la identificación o explicación de las formas en que se han sentido diferentes. También les ha ayudado a abogar por sus propias evaluaciones; dado que se cree que el TDAH se diagnostica en la infancia, ser evaluado como adulto puede ser un reto (especialmente para las personas de color, que se enfrentan a prejuicios implícitos cuando buscan atención médica). Las personas con TDAH también tienen más probabilidades de estar desempleadas y, por tanto, de no tener seguro.

El TDAH ha sido diagnosticado en el 9,4 por ciento de los niños en Estados Unidos, según un estudio de 2016 de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, y las tasas han aumentado en las últimas dos décadas. Se debate si los niños lo superan en la edad adulta, una actitud que está evolucionando a medida que investigaciones recientes muestran que las tasas de diagnóstico crecen rápidamente entre los adultos blancos.

Al llegar a la edad adulta, muchos de los que no han sido diagnosticados ni tratados han pasado años sintiéndose aislados o diferentes. Courtney Pflieger, una psicóloga de práctica privada que tiene TDAH, dijo que las personas con el trastorno a menudo experimentan una retroalimentación negativa cuando son adultos.

“Se trata de ideas realmente constantes: ‘Qué me pasa, debo estar descompuesta’”, comentó.

Los síntomas de Bui pasaron desapercibidos durante años porque era capaz de desenvolverse bien en la escuela. Como muchos otros que no son diagnosticados hasta la edad adulta, estaba “enmascarando” sus síntomas, adaptándose a comportamientos y normas neurotípicas para encajar. (Enmascarar la falta de memoria, por ejemplo, podría significar confiar en privado en un baluarte de estrategias organizativas, como poner alarmas en el teléfono para cada paso del lavado de ropa). Todavía no se siente cómoda para revelar su diagnóstico a su familia.

Aunque el internet ha sido una herramienta para la visibilidad y la educación, también está llena de información dudosa —adultos jóvenes que atribuyen al TDAH habilidades como la de “desenfocar” la vista, por ejemplo— y de personas que se dedican a llamar la atención de manera convenenciera. La etiqueta TDAH tiene más de 2700 millones de visitas en TikTok y la popularidad del género incentiva a los creadores a producir contenido, pues algunos añaden la etiqueta a videos no relacionados para aumentar su visibilidad. Esto forma parte del problema más amplio de las plataformas de contenidos de salud mental no moderados, en las que los videos pueden ganar popularidad independientemente de su exactitud.

El objetivo de todo esto es decir: nadie debería decidir que tiene TDAH después de ver un video de TikTok, pues los síntomas mencionados pueden ser inexactos o imprecisos.

“Tengo dudas sobre el autodiagnóstico, porque hay muchos síntomas que coinciden con el TDAH y que pueden parecer TDAH”, comentó Pflieger. “Quiero que la gente se sienta libre de sospecharlo. Quiero que la gente tenga ese espacio para poder cuestionarse y no ser castigada por eso”.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company

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