¿Héroes o esclavizadores? Texas busca aprobar un conjunto de leyes para proteger a sus fundadores del escarnio

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Los republicanos de Texas rechazaron una propuesta que le habría exigido a las escuelas del estado que enseñaran sobre la insurrección del 6 de enero en el Capitolio de Estados Unidos. (Jason Andrew/The New York Times)
Los republicanos de Texas rechazaron una propuesta que le habría exigido a las escuelas del estado que enseñaran sobre la insurrección del 6 de enero en el Capitolio de Estados Unidos. (Jason Andrew/The New York Times)

Todas las mañanas, los niños en las escuelas de Texas recitan un juramento a su estado que incluye la frase, “te juro lealtad, Texas, un estado bajo el reino de Dios”.

Ahora, una serie de medidas propuestas que pronto podrían convertirse en ley buscan promover una lealtad aún mayor para Texas en las aulas y espacios públicos del estado. Los legisladores republicanos buscan reformular las lecciones de historia de Texas y restarle importancia a las referencias a la esclavitud y la discriminación antimexicana que forman parte de la fundación del estado.

Las propuestas en Texas, un estado que influye en los programas escolares de todo el país a través de su enorme mercado de libros de texto, representan uno de los esfuerzos más agresivos por controlar la enseñanza de la historia estadounidense. Además, surgen en un momento en el que casi una docena de otros estados gobernados por republicanos buscan prohibir o limitar cómo se puede enseñar el papel de la esclavitud y los efectos penetrantes del racismo en la historia.

Idaho fue el primer estado en promulgar una medida para suspender los fondos de las escuelas que enseñen tales lecciones. Legisladores en Luisiana, Nuevo Hampshire y Tennessee han presentado proyectos de ley que buscan prohibir la enseñanza sobre los legados perdurables de la esclavitud y las leyes segregacionistas, o que cualquier estado o el país es inherentemente racista o sexista.

“La noción de que la historia es un proyecto que se decide en la arena política es una receta para el desastre”, dijo Raul Ramos, historiador de la Universidad de Houston que se especializa en el oeste estadounidense.

Parte de esa postura es política común en Texas, donde los activistas tienen tiempo organizándose para imbuir los libros de texto con tendencias conservadoras. Una sesión legislativa especialmente activa controlada por republicanos ya ha establecido medidas de línea dura que van desde una serie de nuevas restricciones al voto hasta la prohibición del aborto después de la sexta semana de embarazo.

Sin embargo, las medidas sobre la enseñanza de la historia de Texas han alarmado a educadores, historiadores y activistas, quienes afirman que esas propuestas ignoran en gran medida la existencia de la esclavitud y las campañas de violencia antimexicana y no educarían a una generación de estudiantes que está creciendo en un estado que atraviesa enormes cambios demográficos.

Un mural fotografiado el 4 de mayo de 2021, en el lugar de Galveston, Texas, donde el general Gordon Granger emitió las órdenes que dieron como resultado la libertad de más de 250.000 esclavos negros en Texas. (Montinique Monroe/The New York Times)
Un mural fotografiado el 4 de mayo de 2021, en el lugar de Galveston, Texas, donde el general Gordon Granger emitió las órdenes que dieron como resultado la libertad de más de 250.000 esclavos negros en Texas. (Montinique Monroe/The New York Times)

Una medida que fue aprobada recientemente por la Cámara de Representantes de Texas, en gran parte alineada con la postura del partido, busca limitar las discusiones organizadas por los maestros sobre eventos actuales; prohibir los créditos académicos por activismo político o cabildeo, lo que podría incluir a estudiantes que se ofrezcan como voluntarios para grupos defensores de derechos civiles; y vetar la enseñanza de El Proyecto 1619, una iniciativa de The New York Times que afirma tener como objetivo replantear la historia del país al colocar las consecuencias de la esclavitud y las contribuciones de los afroestadounidenses en el centro mismo de nuestra narrativa nacional.

Otro proyecto de ley que se pasó con facilidad en la Cámara de Representantes de Texas busca crear un comité para “promover la educación patriótica” sobre la secesión del estado de Texas de México en 1836, en gran parte realizada por hombres que luchaban por expandir la esclavitud. Otra medida limitaría la manera en que los maestros en las aulas de Texas pueden discutir los modos en los que el racismo moldeó el sistema legal en el estado —históricamente un bastión segregacionista— y en el resto del país. Un tercer proyecto de ley busca impedir que las exhibiciones en el complejo de El Álamo en San Antonio expliquen que las principales figuras de la Revolución de Texas eran dueños de esclavos.

Ramos cuestionó que la Revolución de Texas, una rebelión de seis meses que concluyó en la primavera de 1836, sea asociada con el patriotismo y la libertad cuando la nueva constitución del estado legalizó de manera explícita la esclavitud, siete años después de que México la aboliera.

“¿Cómo vas a tener libertad con esclavitud?”, preguntó Ramos. “Los valores de 1836 habrían esclavizado a los afroestadounidenses para siempre”.

La disputa sobre la legislación propuesta está poniendo a prueba los límites del excepcionalismo de Texas. Algunos se cuestionan si un amplio sentido de orgullo entre los residentes debería significar que se les resta importancia a algunos de los capítulos más dolorosos del estado.

Las leyes propuestas también han provocado batallas ideológicas acerca de todo, desde el ataque del 6 de enero al Capitolio de Estados Unidos —los republicanos de Texas rechazaron una propuesta que le habría exigido a las escuelas a que enseñaran sobre la insurrección— hasta el estatus migratorio de los esclavizadores estadounidenses blancos que se establecieron de manera ilegal en lo que en ese entonces era el norte de México antes de figurar entre los fundadores del estado.

“¿Quieren que a nuestros niños de Texas se les enseñe que el sistema de gobierno en Estados Unidos y Texas no es más que un encubrimiento de la supremacía blanca?”, preguntó Steve Toth, un legislador republicano de los suburbios de Houston, mientras presentaba el proyecto de ley que busca prohibir que se enseñe que Estados Unidos está definido por el racismo.

Texas exige que los estudiantes tomen cursos de historia del estado en cuarto y séptimo grado, y algunos maestros les han pedido a los legisladores que maticen su mirada sobre la compleja historia del estado. Juan Carmona, jefe del departamento de estudios sociales de Donna High School en el Valle del Río Grande, dijo que le preocupaba el efecto inhibidor que la legislación propuesta podría tener en las discusiones en el aula.

“Es como si no quisieras que enseñáramos a generar pensamiento crítico porque lo que quieres es llegar y decir ‘OK, estas son las causas, los efectos y eso es todo’”, dijo Carmona, quien formó parte de una iniciativa en 2018 que logró la muy anhelada implementación de un plan de estudios sobre temas mexicano-estadounidenses por parte de la Junta de Educación del Estado de Texas.

Otros han cuestionado la intención de un enfoque chovinista a la educación cívica y de historia en un estado que está pasando por cambios demográficos radicales. La población latina está a punto de superar a los anglosajones como el grupo étnico más grande de Texas, y casi la mitad de los niños del estado son hispanos.

Si bien los debates sobre algunos de los proyectos de ley sobre historia han estallado en argumentos partidistas típicos, como la “Ley de Héroes de Texas” que está ahora en el Senado y que en un inicio buscaba minimizar el hecho de que la esclavitud fue una fuerza impulsora de la Revolución de Texas, la legislación propuesta para crear un “Proyecto 1836” ha recibido apoyo tanto de republicanos como de demócratas.

El proyecto de ley se inspiró en la “Comisión 1776” de Donald Trump, la cual de manera similar pidió una “educación patriótica” sobre la historia de Estados Unidos. Fue ridiculizada por los académicos y cancelada por el presidente Joe Biden en su primer día en el cargo.

La propuesta de ley para el Proyecto Texas 1836, que se encuentra en la actualidad en el Senado del estado, le permitiría al gobernador, al vicegobernador y al presidente de la Cámara —todos republicanos— nombrar un comité de nueve miembros para “aumentar la conciencia de los valores de Texas que continúan estimulando una prosperidad inagotable en todo el estado”.

Donald Frazier, historiador y director del Centro Texas de la Universidad Schreiner en Kerrville, afirmó que apoyaba el proyecto de ley y lo veía como “una reacción a la absoluta falta de formación histórica de cualquier tipo”.

“Hay mucho que admirar en la historia de Texas y mucho de qué avergonzarse”, dijo Frazier, quien agregó que cualquier relato honesto de la historia del estado debía abordar temas como la esclavitud. La clave del Proyecto 1836 de Texas sería la selección de los miembros del comité.

“Si eligen historiadores que valgan la pena y que sean honestos con su profesión”, dijo, “nadie tendrá nada de qué preocuparse”.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company

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