Gustavo Sofovich: “Trabajo todos los días de mi vida para estar afuera de la droga”

Pablo Mascareño
·17  min de lectura
Gustavo Sofovich
Gustavo Sofovich

Sofovich es un apellido inmaculado, ilustre en nuestro país”, sostiene Gustavo Sofovich con orgullo. No le faltan razones. Gerardo, su padre, y su tío Hugo han escrito algunas de las páginas más exitosas de la industria del entretenimiento local, ya sea en televisión, cine o teatro. Él, con poco más de 50, es el continuador de la estirpe con vocación genuina y sin imposiciones. Es por eso que no puede más que disfrutar, y se le nota, ser el responsable de la prolongación en el aire de Polémica en el bar, el histórico formato que nació en 1963 como un sketch de Operación Ja-Já, aquel tanque del humor argentino.

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Gustavo Sofovich es uno y es varios. ¿Quién no? Es el padre presente de Tatiana y Nacho y es el hijo que lamenta la internación, desde hace más de una década, de la actriz Carmen Morales, su madre. Es un hombre que el argot de moda llamará resiliente. Lo es, más allá de los rótulos semánticos. Superó una dura batalla contra una adicción atroz a las drogas que nació con aquel probar en la adolescencia. Pasaporte a la esclavitud, a la dependencia del flagelo. Sin embargo, su mundo distópico mutó. Su padre murió cuando él ya había encausado su vida y había aprendido a decirle “papá” en lugar del Gerardo o “ruso” con los que lo llamaba habitualmente. Las tinieblas dieron paso a luces tan generosas que hoy, además, transita un vínculo con la excelsa bailarina Mora Godoy, romance al que se refiere de manera cauta y ambigua. Sin confirmar ni desmentir.

“No tengo apuro”, dice promediando la charla ante el anuncio de las “últimas preguntas”, que en realidad no fueron tales y la cosa siguió a lo largo de una extensa conversación en la que Sofovich hasta se permitió el silencio y la pausa de la emoción. Catarsis para el hombre que se derrumbó y pudo reconstruirse.

Adiós, papá

Polémica en el bar, un espacio recorrido por Gustavo Sofovich desde su niñez
Polémica en el bar, un espacio recorrido por Gustavo Sofovich desde su niñez


Polémica en el bar, un espacio recorrido por Gustavo Sofovich desde su niñez (Ignacio Sanchez/)

“Dejé de estudiar en el secundario y no me enorgullezco de eso. Ahí fue cuando Gerardo me mandó a limpiar teatros. Después fui regisseur, más tarde manejé la boletería y llegué a tener a cargo la liquidación de los bordereaux de cuatro teatros en una temporada de Mar del Plata. Y en 1989 comencé a manejar el área de ventas de la productora de Gerardo”, enumera Gustavo Sofovich. Si bien no hay orgullo por abandonar los claustros, tampoco arrepentimiento. El trabajo en los medios y la creación de propuestas de la factoría del entretenimiento pesaron más: “Lo llevo en la sangre, hay un ADN”.

-Trabajando de tan chico con tu padre, te toparías con monstruos como Fidel Pintos, Juan Carlos Altavista, Jorge Porcel...

-Desde que tengo uso de razón, a los tres o cuatro años, caminaba por el Maipo o el Astros, y recuerdo los estudios del edificio Alas desde donde Canal 7 transmitía. Conozco todos los canales de la época blanco y negro.

-Tu padre tenía un carácter colérico. ¿Cómo fue la experiencia de trabajar en familia? ¿Peleaban seguido?

-Nunca competí con mi viejo y, por otra parte, Gerardo siempre quiso que yo fuera un tipo exitoso, me ayudó para cumplir con eso. En algún momento, me perdí. Estuve muchos años perdido por la droga...

Solo saca el tema. Se intuye la necesidad de poner luz con las palabras. Acordar con el otro que no es un tema tabú. Aunque, rápidamente, regresa a cuestiones más amables: “No debe haber hoy gente del espectáculo argentino que haya conocido a José Marrone, Don Pelele, Alfredo Barbieri, Nélida Roca, Alberto Irizar, Luis Tasca, Adolfo García Grau, Carlos Carella, Javier Portales y Tristán, que es el último mohicano. Los he visto a todos”.

-Es inteligente de tu parte reconocer que no competiste con tu padre...

-Nunca podría haber hecho las cosas que hizo Gerardo, tampoco las quise hacer. Incluso, Polémica en el bar lo hago de una forma diferente porque él era un tipo que podía laburar solo, yo no. El éxito de mi laburo es que me apoyo en un equipo y trato de llevarlo adelante y me ocupo para que lo económico cierre, así todos tenemos nuestra guita a fin de mes.

-A Gerardo, ¿le pudiste decir papá una vez que falleció?

-En esta nota, ¿cómo le dije?

-Mayormente Gerardo.

-Le decía Gerardo o “ruso”. Por momentos también era “papi”; hoy, si lo tuviera a mi lado, le diría “papi de mi corazón”.

Gerardo Sofovich murió a las 7 de la mañana del domingo 8 de marzo de 2015 en una sala de terapia intensiva de la Clínica y Maternidad Suizo Argentina. El parte médico habló de “shock hipovolémico por hemorragia digestiva grave”.

- ¿Qué te dijo Gerardo al oído esa última vez que salió de su casa rumbo a la internación definitiva antes de su muerte?

-No te lo puedo decir…

-...

-Es algo que me pidió...

-Y que estás cumpliendo.

-Si pensás que tiene que ver con algo relacionado a mi pasada adicción, te digo que no. Es algo que él me pidió susurrándome al oído y que hace tres meses logré hacer. Lo cumplí. Se lo regalé a él y me lo regalé a mí.

-Gerardo tenía una amplia conciencia de su finitud cuando salió de su casa rumbo a la última internación.

-Sí, es así, pero es más fuerte que eso que vos decís.

-¿Por qué?

-Gerardo era Highlander, realmente lo era. Entraba y salía de las terapias intensivas como vos y yo de un taxi. Aquel verano en Punta del Este se me cayó en tres oportunidades, la última vez me dijo: “Vamos a Buenos Aires, yo ya terminé. Tuve una vida hermosa, no voy a pasarla mal”. Y en cinco días se dejó ir.

-El problema de su pierna, ¿era un tema tabú o lo hablaba con vos?

-Conmigo lo hablaba. Habían pasado más de cincuenta años, así que ya había logrado convivir con eso, lo tenía procesado, pero no tengo ganas hablar de esto, prefiero que hablemos de Polémica... No nos vayamos del tema.

La imagen de Gerardo Sofovich acompaña cada emisión de Polémica en el bar, un homenaje a su creador
La imagen de Gerardo Sofovich acompaña cada emisión de Polémica en el bar, un homenaje a su creador


La imagen de Gerardo Sofovich acompaña cada emisión de Polémica en el bar, un homenaje a su creador (Ignacio Sanchez/)

Gustavo Sofovich puede catalizar su antigua adicción, pero se frena ante el dolor de su padre por aquella dificultad física que siempre sobrellevó con entereza y elegancia. El productor y empresario hoy vive en el piso que habitara Gerardo sobre la avenida Figueroa Alcorta. Casi un modo de preservar algo de la esencia de su antiguo morador: “Cuando falleció papá, vendí mi casa y me vine para acá porque me enamoré de este lugar. Te va a sonar muy loco, pero me quedé por el gatito de Gerardo, lo amaba. Lo escuché decir: ´Me quiero morir antes que el gato´. Cuando falleció, el gato se estaba dejando morir. Tenía muchos problemas de salud, lo salvé tres veces y, finalmente, falleció en la cama de papá, al lado mío. En la familia fuimos todos bicheros”. Aquella mascota de nombre Wilbour partió y hoy Gustavo está acompañado por Tokio, su perrito incondicional. Ese amor por los animales recuerda el desfile de fauna por el programa La noche del domingo o el gerenciamiento del zoológico de Buenos Aires en el que participó Gerardo. Pero para Gustavo no se trata de determinismos, sino de elecciones, del libre albedrío, como con su profesión y con su vida personal.

La ñata contra el vidrio

Para los que pasaron los cuarenta y algo, el “de chiquilín te miraba de afuera” suena familiar. Aquel tango bautizado “Cafetín de Buenos Aires”, inmortalizado en la voz de Edmundo Rivero, fue la cortina que prologó por décadas cada episodio de Polémica en el bar. El programa, que hoy se emite de lunes a viernes, a las 20, por la pantalla de América y que en marzo se emitirá a las 23, sigue fiel a aquella idiosincrasia primigenia, aunque ahora la voz de la apertura es la de Cacho Castaña con su “café La Humedad, billar y reunión”, mientras sobre la pantalla se lee “Una creación de Gerardo Sofovich” y una foto que lo homenajea.

“El ciclo tiene cinco años más que yo, por eso digo que me crié dentro de Polémica..., un programa que es la historia viva de la televisión argentina”, sostiene el empresario. Así como aquella Mesa de los galanes de Roberto Fontanarrosa, la de Polémica en el bar tuvo parroquianos ilustres: Jorge Porcel, Javier Portales, Juan Carlos Altavista, Fidel Pintos, por solo citar algunos.

-Es todo un fenómeno la continuidad de Polémica en el bar a través del tiempo, pese a las críticas y algunas cuestiones de la dinámica del ciclo que a veces parecen no estar a tono con los tiempos que corren.

-Polémica... tiene vida propia. Mariano Iúdica es una máquina de generar noticias, buenas y malas. El programa no está diseñado para que le guste a todo el mundo. Si gusta todo lo que hago en Polémica..., entonces hay algo que está mal.

-¿Cuál es el objetivo del ciclo?

-Lo hago para que genere discusión en la casa.

-¿Está guionado el programa?

-El guion previo es la actualidad del país y el humor. Como dice Mariano (Iúdica), pasamos la actualidad por el prisma del humor. Trabajamos desde las nueve de la mañana y, muchas veces, algo que pensamos al mediodía, a la tarde perdió actualidad y lo tenemos que cambiar. Hemos modificado contenidos media hora antes de salir al aire. Miguel Gruskoin y Sergio Marcos son los guionistas de humor, una máquina de laburar.

-¿No te interesa escribir?

-Sé captar el humor, sé hacia dónde quiero ir, pero no lo sé escribir. Por eso somos un equipo.

-En más de una oportunidad marcaron agenda, ¿a qué atribuís la buena repercusión del programa durante la temporada 2020?

-En un país en el que la gente ya no daba más, donde todos la pasábamos mal, viramos totalmente al humor. Y cuando no es humor ciento por ciento, la actualidad es tratada desde ese lugar.

Gustavo Sofovich es un hacedor creativo con nombre de peso propio, aunque la cadencia de su saludo y la voz carraspeada recuerda a su padre. Pero hoy transita su protagonismo con trayectoria propia. Consecuencia natural de aquel pibe que transcurrió su niñez entre vedettes, recorriendo camarines y jugando fulbitos entre decorados con los grandes popes del humor nacional. Junto con la tabla del 2 aprendió qué significaban “tramoya”, “bambalina”, “bordereaux”. Lo lleva en la sangre y tiene el loable mérito de hacer trascender su propio nombre con identidad, más allá de su linaje.

-Polémica en el bar se independizó de Operación Ja-Já en 1972, nueve años después de haber nacido. Mayoría de edad para una de las marcas insignias del humor nacional. ¿No tenés pensado recrear Operación Ja-Já?

-El año pasado teníamos ganas de hacerlo con Mariano Iúdica en streaming. Teníamos hablados a todos los cómicos, queríamos reunir a varias generaciones de artistas como María Rosa Fugazot, Álvaro Navia, Coco Silly e influencers actuales. Seguro se concretará. Aunque no fuese por plata, lo haría. Tengo ganas de juntar generaciones, Operación Ja-Já era eso.

-La factoría Sofovich siempre ha sido una usina de estelaridad. A La peluquería de Don Mateo llegaban chicas ignotas como Adriana Broadsky, Amalia González o Noemí Alan, que en dos emisiones se convertían en famosas.

-En aquella época, las figuras salían de Operación Ja-Já.

Polémica en el bar es un éxito en Uruguay. Tal es la relevancia que, el año pasado, una de las emisiones del programa se realizó desde el mismísimo Parlamento Nacional. Además en pocos días, Alvaro Navia será Don Mateo y se pondrá al hombro la versión charrúa de la famosa barbería. Hasta diciembre, la mesa del bar tuvo su edición paraguaya y existen conversaciones para estrenar el formato con talento local en Bolivia y Perú: “Apunto a desarrollar Polémica... en toda la región. Si hay una mesa, cuatro o cinco personas, se puede hacer”.

Durante 2020, por la mesa versión argentina pasaron Chiche Gelblung, Mauro Viale, Gastón Recondo, Álvaro Navia, Marcelo Palacios, Luis Ventura, Jey Mammón, Matías Ale y Horacio Cabak, entre otros. Y unas cuantas mujeres que aportaron un valor agregado bien apartado de la exhibición banal. A la luz del tiempo, aquellos programas de Gerardo Sofovich pueden ser leídos como machistas, lo eran, y con tendencia a la cosificación de la mujer. Hoy, la cosa cambió y las mujeres ocupan otro rol dentro del formato: “No es más un programa machista, hoy la mujer se sienta en la mesa”. Así sucede con la presencia de Rocío Oliva, y cuando les tocó visitar el set a Luciana Salazar, María Fernanda Callejón o Luisa Albinoni, una histórica del clan Sofovich.

-No muchos recuerdan que la precursora en sentarse a la mesa y romper cosificaciones fue Tita Merello.

-Así es, fue en ATC. Gerardo amaba a Tita y Tita a Gerardo. Tita le decía: “Si yo tuviera treinta años menos... o si vos tuvieras treinta años más”.

Gustavo Sofovich formó parte de la productora de su padre en tiempos donde la factoría familiar producía Tribuna caliente, El palacio de la risa y Perdona nuestros pecados. “También me pidió que le hiciera un programa infantil a Reina Reech, y así nació Reina en colores. También elaboramos el ciclo de Panam. Me fui especializando en todo lo vinculado a productos para chicos”, explica el empresario que durante la década del ´90 representó a Disney en Argentina en las áreas vinculadas a música, discos y juguetes. “Reina en colores vendió 2 millones de disco y tuvimos que hacer el Luna Park porque los teatros nos quedaban chicos. Hice teatro con Panam y fue un éxito”, se ufana Sofovich, quien también se encargó de remozar El champán las pone mimosas, la histórica y más exitosa comedia de su padre. “Hice de todo, pero lo que más me gusta en teatro es dedicarme al público infantil. Sé del tema y entiendo cómo se organiza desde la obra hasta el merchandising y los discos”.

-Aunque te hayas especializado en el público infantil, ¿no te ves haciendo teatro de revista, siguiendo la tradición de tu padre?

-La revista es un género extinguido, el que te dice que hace revista, miente. Ya nadie hace revista. La revista era aquel género donde había 40 o 50 personas en escena. Ahora se hace con una escalerita con tres escalones. Y no lo digo para pegarle a la gente que busca ganarse el mango, no es lo que busco, pero la revista era aquella con tres escaleras de veinte escalones por donde bajaban Nélida Roca, Susana Giménez y Moria Casán. No sé si haría teatro para adultos, pero sí infantil. Ojalá, si la pandemia lo permite, en 2022 pueda hacerlo. Televisión para chicos, en cambio, ya no se puede hacer.

-¿Por qué?

-Porque la Ley de Medios impide monetizar los programas para niños, no se pueden hacer PNT. Además hay señales infantiles que superan al aire para chicos.

Con entereza, Gustavo Sofovich pudo reinventarse y superar la adicción a las drogas
Con entereza, Gustavo Sofovich pudo reinventarse y superar la adicción a las drogas


Con entereza, Gustavo Sofovich pudo reinventarse y superar la adicción a las drogas (Ignacio Sanchez/)

-Gerardo o Gustavo, ¿quién de los dos es el jefe más exigente?

-Gerardo. Somos muy diferentes. Exigimos la autoridad desde diferentes lugares, pero los dos con el mismo objetivo: cuidar el trabajo de todos. Cuando hablan del mal carácter de Gerardo, yo digo que él cuidaba el laburo de la gente de sus equipos. Cuando se está al frente de 40 o 50 personas, hay que hacerse responsable de eso. Cuando dicen que era muy cabrón, es verdad, pero Gerardo manejaba equipos en tele, teatro y cine de manera simultánea que podían llegar a sumar doscientas personas. Quizás no tenía la paciencia que tengo yo, que manejo un solo programa de televisión y no quiero más.

-¿Cómo ves a la televisión actual?

-Por momentos depredadora, perversa, también divertida. Se aferra a lo que puede para sobrevivir.

-En ese contexto, aún es mayor el mérito de la permanencia de Polémica en el bar.

-Nació hace 58 años, es el segundo formato en la historia de la televisión con esa antigüedad, por eso estamos tramitando el Guinness.

-¿Qué programa le ganó a Polémica...?

-El primero es Today, el noticiero de la NBC, pero Polémica... tiene el primer lugar dentro del género del humor, así que estoy gestionando el ingreso al Guinness.

Volver a empezar

"Hay una vida fuera de las drogas que es hermosa. Una de mis misiones, además de mi trabajo, es poder seguir ayudando al que lo necesite”
"Hay una vida fuera de las drogas que es hermosa. Una de mis misiones, además de mi trabajo, es poder seguir ayudando al que lo necesite”


"Hay una vida fuera de las drogas que es hermosa. Una de mis misiones, además de mi trabajo, es poder seguir ayudando al que lo necesite” (Ignacio Sanchez/)

-Mencionabas tu recuperación, hablás sin tabú, sin eludir. Es muy conmovedor tu testimonio y entiendo que es muy útil para quien pueda atravesar una situación similar.

-Mi historia de vida es la de cualquier chico que termina perdido en la droga. La droga es una enfermedad que hay que atacar todos los días. Es una enfermedad feroz que acosa a chicos, grandes y que no discrimina en clases sociales ni religión. No distingue a quién afecta. Trabajo todos los días de mi vida para estar afuera de la droga.

Aparece la emoción, el silencio. No es una pausa dolorosa. Al contrario. “Si alguien que está mal lee esta nota y puede servirle, vos y yo ya ganamos. Es un tema muy profundo y me gusta hablarlo permanentemente porque se puede cambiar de vida. Hay una vida fuera de las drogas que es hermosa. Una de mis misiones, además de mi trabajo, es poder seguir ayudando al que lo necesite”.

-¿Nunca te interesó fundar una institución vinculada al tema?

-Apoyo a muchos lugares, pero no estoy capacitado para formar una institución. Me interesa ayudar a los chicos desde donde puedo. Dar mi mensaje o conseguir los medios para cumplir con algo. Te lo voy a decir crudamente: si se saca a un chico de la calle, se lo envía a una institución y no se le da algo en qué aferrarse como un trabajo, come siempre lo mismo, se baña con agua fría, se sienta en un inodoro sin tabla, duerme en algo que casi no es un colchón, ese pibe sale corriendo porque es mejor lo que le brinda la calle que lo que le da la institución. Por eso tiene que haber una concientización real.

Puertas adentro

Gustavo es el papá de Tatiana (29) y Nacho (17), hijos con los que mantiene un gran vínculo: “Creo que hoy soy un gran padre, pleno. Mis hijos hoy tienen un padre que está encima de ellos y se preocupa. Uno siempre aprende a ser padre, no se termina nunca ese aprendizaje”.

El cuadro familiar tiene una figura ausente: Carmen Morales, la madre de Gustavo, la esposa de Gerardo durante tres décadas. La actriz y bailarina, que fue una de las jovencitas que acompañaba a Pepe Biondi en sus ciclos de humor y cobró popularidad gracias a la interpretación, en La peluquería de Don Mateo, del personaje de Alelí, una simpática manicura.

-¿Cómo se encuentra tu madre?

-Está internada, hace más de diez años que vive en una nebulosa, en su mundo. Hace diez años que no habla. Para mí, Carmen no está más entre nosotros. Su cuerpo está, pero su alma, su espíritu, su inocencia, su picardía, su madurez, todo lo que hacía a mi mamá ya no está. Y te dije a mi mamá porque fue una gran mamá. Si bien también le digo Carmen, ahora me salió mamá. Todo lo que mi vieja tenía, ya no está.

Tango feroz

Gustavo Sofovich habló por primera vez de su relación con Mora Godoy
Gustavo Sofovich habló por primera vez de su relación con Mora Godoy


Gustavo Sofovich apuesta a consolidar su vínculo con la bailarina de tango Mora Godoy

Para el productor son tiempos sosegados, que de tan plácidos hasta le permiten pensar en una nueva relación afectiva. Pudoroso, precavido, es ambiguo a la hora de hablar de su vínculo con la bailarina Mora Godoy. Esquiva el tema con inteligencia, aunque su percibe su deseo para que la relación trascienda.

-Imagino que bailarás muy bien el tango...

-Me encantaría aprender a bailarlo.

-¿Cómo marcha la pareja?

-Me encantaría aprender a bailar el tango.

-¿Estás aprendiendo?

-Me encantaría...

-¿Qué significa para vos Mora Godoy?

-Es la embajadora del tango argentino en el mundo y una persona a la que quiero seguir conociendo.

-Comenzamos hablando sobre tu apellido. Alguna vez, ¿te pesó llevarlo? ¿Qué tiene en contra?

-En contra no tiene nada, es el apellido de un hombre con una hombría del carajo, abre todas las puertas que uno quiere abrir. El apellido Sofovich es la historia del espectáculo argentino.

-Una marca.

-Así es, por eso Polémica en el bar arranca con “Una creación de Gerardo Sofovich” y en el final se lee “Una producción de Gustavo Sofovich”.